José Manuel Pacheco, de la mano de su padre en el 97 al sueño del play off en Segunda

JUGADOR Nº 12

José Manuel vive en Casablanca por cuestión de trabajo. Cruza el Estrecho siempre que puede. Ha viajado a Santander, Valladolid, Cádiz o Málaga. Ajusta vuelos, horarios y kilómetros porque hay compromisos que no se negocian. La historia de un caballa que no deja de creer

José Manuel Pacheco, de la mano de su padre en el 97 al sueño del play off en Segunda: la historia de un caballa que no deja de creer
José Manuel Pacheco, de la mano de su padre en el 97 al sueño del play off en Segunda: la historia de un caballa que no deja de creer | J.M. Rincón

Hay historias que no se cuentan, se sienten. Y la de José Manuel Pacheco es una de ellas. Tiene 37 años, pero su corazón late en blanquinegro desde que tenía siete, cuando su padre lo llevó por primera vez al antiguo federativo José Benoliel. Aquel día no solo vio un partido: empezó a escribir su propia historia con la AD Ceuta.

Era 1997. Un penalti maldito impidió el ascenso aquel primer año. Pero al siguiente llegó la alegría y con ella algo mucho más grande: la ilusión de toda una ciudad. En ese despertar colectivo nació una pasión que ya nunca se apagaría.

“Primero el equipo de tu tierra”: la herencia que convierte la pasión en legado familiar

Su padre fue quien encendió la llama. Trabajador de La Esmeralda de toda la vida, terminaba de trabajar y se iba directo al estadio. Porque antes que cualquier otro escudo, estaba el de su tierra. Una enseñanza que en casa de los Pacheco no se discute: primero el equipo de tu ciudad; después, si quieres, simpatiza con quien quieras.

José Manuel Pacheco (padre)
José Manuel Pacheco (padre)

Ese legado viene de más atrás. De su abuelo. De generaciones que entendieron que el sentimiento caballa no se explica, se hereda. Se transmite de padres a hijos como una promesa silenciosa.

José Manuel ha vivido todas las caras del Ceuta. Las buenas… y las que duelen. Recuerda especialmente 2013, el año de la desaparición. “Fue el más duro”, confiesa. No por descender. No por jugar en categorías menores. Sino por sentir que aquello que había mamado desde niño dejaba de existir.

Del año de la desaparición al milagro de la ilusión: la fe inquebrantable de un abonado eterno

Recogió firmas. Resistió cuando apenas eran 200 en la grada. Siguió pagando su abono cuando el estadio ya no rugía como antes. Porque el amor verdadero no entiende de categorías.

Y hoy, cuando mira al presente, le cuesta creerlo. El equipo en Segunda División. La ciudad volcada. La reforma del Murube en tiempo récord. La sensación de que todos caminan en la misma dirección.

Habla de ilusión como quien habla de oxígeno. Porque para él, ahí está la clave. No es el presupuesto. No es la obligación. Es la fe compartida. Esa que también destacó el técnico del Granada CF, Pacheta, este pasado viernes, y que se respira en cada rincón de Ceuta.

Cuando juega Rubén Díez, juega el Ceuta… y late toda una ciudad

Pero también advierte: mantenerla será el gran reto. La segunda temporada siempre es la más difícil. Cuando la novedad desaparece y la rutina amenaza. Por eso pide al club que se reinvente, que alimente esa llama que hoy arde con fuerza.

José Manuel vive en Casablanca por cuestión de trabajo. Cruza el Estrecho siempre que puede. Ha viajado a Santander, Valladolid, Cádiz o Málaga. Ajusta vuelos, horarios y kilómetros porque hay compromisos que no se negocian.

Su asiento en el Murube no lo suelta. Aunque esté lejos. Aunque cueste. Porque allí vio partidos contra equipos modestos y ahora disfruta de históricos como el Deportivo de La Coruña o el Racing de Santander. Y no piensa perderlo “ni viviendo en China”.

José Manuel Pacheco (hijo)
José Manuel Pacheco (hijo) | J.M. Rincón

En lo deportivo lo tiene claro: cuando juega Rubén Díez, juega el Ceuta. El centro del campo es el alma. Y aunque pide un delantero que complemente a Marcos, confía en que el equipo compita sin miedo, disfrutando, atacando, siendo valiente.

Mira la clasificación hacia arriba. Sin complejos. Porque soñar no cuesta nada y ya han demostrado que pueden competirle a cualquiera. Lo que hace unos años era barro y campos de Tercera, hoy es un pulso con gigantes.

Pronostica un 1-0 trabajado hoy ante el Córdoba. Sufrido. De esos que hacen explotar el Murube. Porque sabe que cada victoria dispara la ilusión y acerca ese colchón de tranquilidad que toda ciudad recién ascendida necesita.

Generación tras generación, el mismo escudo: la historia de una familia, la de José Manuel Pacheco, que nunca abandonó al Ceuta

Pero más allá de resultados, hay algo que le emociona aún más: coincidir con su padre en la grada. Verlo seguir abonado, fiel a su sitio, pese a la edad y a la lluvia. Porque mientras ellos estén allí, el espíritu del Jugador Número 12 seguirá intacto.

La historia de José Manuel Pacheco no es solo la de un aficionado. Es la de una ciudad pequeña que se resiste a dejar de soñar. Es la de una familia que aprendió que el primer amor siempre es el de tu tierra.

Y es la prueba de que, cuando la pasión es verdadera, no entiende de distancias, categorías ni dificultades.

Porque el Ceuta no se explica. Se siente.

También te puede interesar

Lo último

stats