Juan A. Muñoz Castillo, ‘Figo’ : “No hay nada más bonito que sentirte identificado con el equipo de tu tierra”
JUGADOR Nº 12
“Mi padre me llevó por primera vez al campo en los años 90 y desde entonces no me he bajado de esta pasión”. “He seguido al Ceuta en Cádiz, Málaga, Córdoba, Santander, Valladolid o Gijón porque esta pasión no entiende de kilómetros”
Hay pasiones que no se explican. Se heredan. Se sienten. Se convierten en parte de la vida de una persona hasta el punto de marcar recuerdos, amistades y emociones. En Ceuta, esa pasión lleva el nombre de AD Ceuta FC. Y en la grada, entre cánticos, viajes eternos y domingos de nervios, aparecen aficionados como Juan Antonio Muñoz Castillo, aunque para todos sea simplemente ‘Figo’.
Con 40 años y una vida entera ligada al conjunto caballa, Figo representa a ese jugador número 12 que nunca aparece en las alineaciones, pero que jamás falla cuando el equipo lo necesita. Uno de esos aficionados que sienten el escudo como algo propio y que han acompañado al Ceuta en las buenas, en las malas y en las temporadas donde la ilusión parecía apagarse.
Su historia con el club comenzó en los años 90, cuando su padre lo llevó por primera vez al antiguo José Benoliel, todavía de albero y tierra. Aquel niño que acudía de la mano de su padre al fútbol terminó encontrando mucho más que un simple entretenimiento de fin de semana. Encontró identidad, pertenencia y una manera de sentir a su ciudad.
Entre todos los momentos que guarda de su infancia ligada al Ceuta, Figo conserva uno con un cariño especial: la bandera que su padre le hizo cuando apenas era un niño para acudir al estadio a animar al equipo de su ciudad. Una bandera sencilla, pero cargada de significado, convertida con los años en uno de sus mayores tesoros emocionales. Aquel símbolo de tela y colores terminó siendo todavía más especial cuando logró que se la firmara Ariel Romero, el mítico portero de aquella AD Ceuta que consiguió el histórico ascenso a Segunda División B en la temporada 97/98. Décadas después, Figo sigue conservándola como el primer día, no solo como un recuerdo futbolístico, sino como una herencia sentimental que une para siempre a un padre, a un hijo y a la pasión inquebrantable por el Ceuta.
El apodo de “Figo” nació en la adolescencia, entre amigos, instituto y una camiseta de Portugal a la espalda. Jugaba por la banda y la comparación quedó para siempre. Pero más allá del mote, lo que verdaderamente ha acompañado su vida ha sido el Ceuta.
Porque para él, seguir a la AD Ceuta es también una forma de defender lo propio en un fútbol dominado por gigantes. Mientras medio país se divide entre Real Madrid y Barcelona, Figo siempre tuvo claro que su equipo estaba aquí, en casa, representando a una ciudad pequeña pero orgullosa.
“Lo bonito es tener un equipo de tu tierra con el que sentirte identificado”, explica. Una frase sencilla, pero que resume perfectamente el sentimiento de cientos de ceutíes que cada jornada convierten el Murube en un refugio emocional donde celebrar, sufrir y soñar juntos.
Con el paso de los años, la manera de vivir ese sentimiento caballa también ha cambiado para él. Antes era un niño intentando convencer a sus padres para viajar a Plasencia en una excursión imposible. Hoy es un aficionado que recorre kilómetros para no dejar solo al equipo lejos de casa.
Cádiz, Málaga, Córdoba, Santander, Valladolid o Gijón forman ya parte de su mapa emocional. Ciudades que no visita por turismo, sino por amor a unos colores. Porque el amor por el Ceuta tiene eso: convierte carreteras interminables y madrugones en recuerdos imborrables.
Ahora los viajes los comparte con amigos. Su padre ya no vive en Ceuta, pero el vínculo que nació junto a él sigue intacto. Cada desplazamiento, cada entrada guardada y cada partido fuera de casa mantienen viva aquella primera emoción de niño que descubrió el fútbol desde una grada humilde.
Y es que la historia reciente de la AD Ceuta FC también ha alimentado todavía más esa pasión. Los últimos años han sido un regalo para una afición que llevaba demasiado tiempo esperando volver a sentirse orgullosa de su equipo. Ascensos, noches históricas y una ilusión colectiva que ha vuelto a unir a toda la ciudad alrededor del Murube.
Para aficionados como ‘Figo’, lo más importante no son únicamente los resultados. Es sentir que el equipo representa algo más grande. Que cuando el Ceuta salta al campo, detrás hay una ciudad entera empujando desde la grada, desde los bares, desde las casas y desde cada rincón donde alguien sigue creyendo.
El jugador número 12 no lleva dorsal. No marca goles ni aparece en las estadísticas. Pero existe en cada aplauso, en cada viaje imposible y en cada domingo donde el corazón late un poco más fuerte. ‘Figo’ es uno de ellos. Un aficionado de los que nunca abandonan, de los que entienden que el Ceuta no es solo fútbol, sino una forma de sentir la ciudad.
Y mientras el balón siga rodando en el Alfonso Murube, siempre habrá personas como él recordando que el verdadero motor de un club no solo está en el césped. También vive en la grada, en la memoria y en esa pasión inquebrantable que convierte a la AD Ceuta en mucho más que un equipo.