Larbi, el corazón que siempre viaja con el Ceuta

JUGADOR Nº 12

Casi 50 años siguiendo al Ceuta, organizando viajes y ayudando a que nadie se quede atrás cuando toca animar lejos de casa al equipo de la ciudad. De aquellas primeras visitas al fútbol con su hermano a una vida entera acompañando al Ceuta allá donde juega

Jugador nº12, Larbi, el corazón que siempre viaja con el Ceuta.
Jugador nº12, Larbi, el corazón que siempre viaja con el Ceuta. | FOTO RINCÓN

Hay pasiones que empiezan casi sin darse cuenta y terminan convirtiéndose en una forma de entender la vida. La de Hassan Larbi, conocido por todos simplemente como Larbi, nació cuando apenas era un niño, con siete u ocho años, y tuvo como culpable a su hermano mayor. Él fue quien le abrió las puertas del fútbol y quien, sin saberlo, sembró una pasión que casi medio siglo después continúa intacta. Desde entonces han pasado generaciones de jugadores, entrenadores, presidentes y temporadas, pero hay algo que no ha cambiado: Larbi sigue estando ahí, junto al Ceuta.

“Era un crío y mi hermano mayor fue quien me metió en el fútbol”, recuerda. Su hermano vendía chucherías y Larbi iba con él para ayudarle y, de paso, poder entrar a ver los partidos. Aquellas primeras visitas al campo terminaron convirtiéndose en una costumbre y aquella costumbre, en una pasión. Ahora, cuando se acerca a los 50 años, continúa ocupando su sitio de siempre en la tribuna, rodeado de amigos. Porque hay aficionados que cambian de sitio, de grada o incluso de equipo, pero otros encuentran un lugar que acaba formando parte de su propia historia.

Larbi ha vivido buena parte de la historia reciente del fútbol ceutí y ha visto cómo este deporte ha cambiado con el paso del tiempo. También ha disfrutado de momentos inolvidables junto al equipo y reconoce sentirse especialmente agradecido con la etapa actual del club y con la gestión de la entidad. “Estamos muy agradecidos, estamos disfrutando mucho y la verdad es que estamos muy contentos”, asegura. Su mirada hacia el Ceuta no nace de la exigencia de quien solo quiere ganar, sino del agradecimiento de quien sabe lo que significa tener un equipo al que poder seguir y con el que sentirse representado.

Pero su manera de ser Jugador nº12 va mucho más allá de ocupar una localidad cada jornada. Desde hace años organiza desplazamientos para que la afición pueda acompañar al Ceuta cuando juega lejos de casa. Todo comenzó casi de casualidad, hablando con unos amigos y aprovechando su relación con el mundo del transporte. Lo que empezó como una prueba terminó convirtiéndose en una tarea que ha mantenido durante años: preparar autocares, buscar opciones y conseguir que el equipo nunca esté completamente solo cuando juega lejos de Ceuta.

Este año, sin embargo, reconoce que el contexto no está ayudando. La situación que atraviesa la ciudad ha provocado que muchos aficionados estén desanimados y que cueste más reunir a la gente para los desplazamientos. Aun así, Larbi no tira la toalla. Cádiz, Granada, Almería o Albacete aparecen entre los posibles viajes que quiere estudiar, incluso buscando alternativas para aquellos desplazamientos que tengan que realizarse durante la noche. “Tenemos que intentar olvidarnos un poquito de esto durante los partidos”, explica. No porque los problemas desaparezcan, sino porque durante 90 minutos el fútbol puede convertirse en ese pequeño refugio que permite respirar.

Y si algo define todavía más a Larbi es que su pasión no termina en él. También piensa en aquellos aficionados que quieren viajar, pero cuyo bolsillo no siempre se lo permite. Por eso, cuando puede, ayuda personalmente a quienes necesitan una mano para poder acompañar al equipo. Lo cuenta casi con vergüenza, como quien no considera que esté haciendo nada extraordinario. Si un desplazamiento cuesta 80 euros y alguien no puede afrontarlo, intenta que pague una parte y él cubre el resto. “Hay gente que no tiene y, cuando sobra dinero, pues yo le ayudo”, explica. Es un gesto que probablemente diga mucho más de él que cualquier número de viajes organizados.

También reconoce la ayuda que, en ocasiones, reciben desde el propio club. Una colaboración que agradece, pero que procura no exigir porque sabe que la entidad también tiene mucho trabajo por delante. Esa forma de entender la afición, desde la colaboración y no desde la exigencia, forma parte de la personalidad de Larbi. Él no pide privilegios. Quiere que el Ceuta pueda competir, que la gente pueda disfrutar y que quienes aman al equipo tengan la oportunidad de estar cerca de él.

Las dos primeras derrotas de la temporada no han cambiado su confianza. Larbi admite que al equipo todavía le faltan cosas, pero prefiere mirar el camino completo antes que quedarse con los primeros resultados. “Siempre he confiado en la directiva y en el club y en el presidente”, afirma. También entiende las dificultades que existen a la hora de incorporar jugadores y confía en que el trabajo de Edwin permita completar una plantilla capaz de competir con garantías. Frente a la impaciencia, él responde con algo que conoce bien: tiempo y confianza.

Y esa confianza también la lleva hasta el próximo partido. Mientras muchos hablan del rival y de su condición de favorito, Larbi recuerda que el fútbol no entiende de etiquetas antes de que ruede el balón. “El partido hay que jugarlo”, sentencia, convencido de que el Ceuta puede regresar de Mallorca con algo positivo. Su deseo es sencillo: “sacar un puntillo por ahí”. Porque para quien lleva casi medio siglo siguiendo al equipo, todavía existe espacio para creer incluso cuando las cosas no empiezan como todos esperaban.

Quizá por eso su mensaje final tenga tanto valor. Sabe que la afición está “muy quemada”, que existe desánimo y que el momento no es sencillo, pero también sabe que detrás de todo eso continúa existiendo una afición enorme. “Tenemos un pedazo de afición. Tenemos gente muy buena y tú verás cómo todo saldrá muy bien”, afirma. Larbi es, en definitiva, mucho más que alguien que acude cada domingo al estadio. Es uno de esos rostros anónimos que sostienen un club cuando las cámaras se apagan: el que viaja, el que anima, el que organiza, el que ayuda y el que sigue creyendo. Porque ser el Jugador nº12 no consiste únicamente en estar cuando se gana. Consiste, sobre todo, en no dejar nunca solo al Ceuta.

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