Lucía Espinosa 'Uchi', una historia de pasión heredada y amor incondicional por unos colores

JUGADOR Nº 12

Uchi pone voz al sentimiento del verdadero jugador número 12. La última protagonista de la temporada recuerda cómo el Ceuta volvió a unir a generaciones enteras

Lucía Espinosa 'Uchi', una historia de pasión heredada y amor incondicional por unos colores
Lucía Espinosa 'Uchi', una historia de pasión heredada y amor incondicional por unos colores | FOTO RINCÓN

Hay personas que no necesitan saltar al campo para formar parte de un equipo. Personas que viven cada partido como si les fuera la vida en ello, que sienten los colores desde la infancia y que han aprendido a querer a un escudo como se quiere a una parte de la familia. Lucía Espinosa Roelas, aunque casi todos la conocen simplemente como “Uchi”, es una de esas personas que representan el alma de la afición de la AD Ceuta.

Para el último partido de la temporada en el Alfonso Murube, el destino ha querido que sea ella quien protagonice la sección del “Jugador nº12”. Y probablemente no haya mejor forma de cerrar un curso histórico que con la voz de alguien que ha estado ahí siempre. En los días buenos, en los malos y en aquellos tiempos en los que nadie imaginaba lo que hoy está viviendo el ceutismo.

Uchi habla del Ceuta con la emoción de quien no recuerda exactamente cuándo empezó a enamorarse del fútbol porque, sencillamente, siente que nació dentro de él. Desde los tres o cuatro años ya recorría las escaleras del Murube acompañada de su padre y de sus primos. Aquellas tardes de infancia acabaron marcando una vida entera.

Lucía Espinosa Roelas representa a esa afición que ha acompañado al Ceuta en los años difíciles y en los días de gloria

Entre todos sus recuerdos, hay uno que permanece grabado para siempre. El ascenso de la temporada 1997-1998. Aquel día en el que una jovencita saltó al campo para celebrar una alegría que todavía hoy sigue estremeciéndole cuando la recuerda. En mitad de la euforia se hizo una herida en la pierna, pero nada importaba. Se puso una sudadera encima, siguió celebrándolo y acabó bañándose en la fuente junto a cientos de aficionados que soñaban despiertos.

Al día siguiente tuvo que acudir a urgencias para curarse aquella raja. Pero la felicidad nadie se la quitó. Porque hay heridas que duelen menos cuando llegan acompañadas de una alegría eterna. Y aquella tarde fue exactamente eso: una cicatriz convertida en recuerdo imborrable.

La pasión por el fútbol le viene de casa. De su padre, Paco Espinosa, quien le inculcó desde pequeña ese sentimiento que no entiende de categorías ni de resultados. El fútbol formaba parte del día a día familiar y el Ceuta acabó convirtiéndose en mucho más que un equipo. Era una manera de vivir.

Con el paso de los años, Uchi siguió ligada al deporte. También trabajó como delegada en el Ceutí junto a equipos juveniles y de Liga Nacional, reforzando todavía más un vínculo que nunca dejó de crecer. Porque hay personas que no se limitan a animar desde la grada: hacen del fútbol una parte inseparable de su identidad.

Lucía Espinosa 'Uchi', una historia de pasión heredada y amor incondicional por unos colores
Lucía Espinosa 'Uchi', una historia de pasión heredada y amor incondicional por unos colores | FOTO RINCÓN

Cuando habla del ascenso a Segunda División, la emoción vuelve a aparecer en su voz. Para ella, lo vivido el pasado año fue “un sueño”. Tanto, que no dudó en pedir vacaciones en el trabajo para acompañar al equipo en aquel desplazamiento histórico. Ella lo tenía claro desde el principio. “Vamos a ascender”, repetía convencida a sus amigas. Y acertó.

Ese convencimiento no era casualidad. Era la fe de quien lleva toda la vida esperando un momento así. La recompensa para una afición que sufrió durante demasiados años y que nunca dejó de creer incluso cuando todo parecía imposible.

La temporada actual ha terminado de confirmar algo que hace no tanto parecía una locura. El Ceuta no solo ha competido en el fútbol profesional; lo ha hecho con personalidad, con humildad y con la sensación de que todavía puede crecer mucho más. Uchi lo resume con orgullo: nadie imaginaba una campaña así para un recién ascendido.

Para ella, el secreto del éxito tiene nombres muy claros: trabajo, humildad y familia. Porque si algo ha transmitido este Ceuta durante toda la temporada es precisamente eso. La sensación de que todos reman en la misma dirección. Desde la directiva hasta los jugadores, pasando por el cuerpo técnico y cada trabajador del club.

Y quizá ahí esté la verdadera grandeza de este proyecto. En no perder nunca la identidad. En seguir creciendo paso a paso, sin olvidar de dónde viene el equipo. “Partido a partido”, como repite el vestuario. Sin prisas, pero sin techo.

La historia de Uchi es también la historia del crecimiento de esa pasión por el Ceuta

Uchi también mira al futuro con ilusión, aunque con los pies en el suelo. Sabe que el segundo año suele ser el más complicado en cualquier categoría, pero confía plenamente en el trabajo que se está realizando. Cree que si la unión entre equipo y afición continúa siendo tan fuerte, el Ceuta seguirá consolidándose en la Hypermotion.

Porque el gran cambio ya se ha producido. Y no solo dentro del terreno de juego. Se nota en las calles, en las conversaciones, en las colas de la tienda oficial y en un Alfonso Murube que ha vuelto a latir como hacía décadas que no ocurría.

Ella lo vive además desde dentro, trabajando precisamente en la tienda oficial del club. Allí ha podido comprobar cómo la pasión por el Ceuta ha crecido hasta límites impensables hace apenas unos años. Antes eran unos pocos cientos los que acompañaban al equipo cada fin de semana. Ahora la ciudad entera parece haberse reencontrado con sus colores.

Pero quizá la imagen más bonita sea la que ella misma describe cuando habla de los niños. Hace tiempo, los pequeños llevaban camisetas del Madrid o del Barça. Hoy muchos salen a la calle orgullosos con la camiseta del Ceuta. Esperan a los jugadores, los admiran y sienten el escudo como propio.

Y eso, seguramente, vale tanto como cualquier clasificación. Porque los equipos verdaderamente grandes no solo ganan partidos. También consiguen construir identidad, pertenencia y sentimiento.

Este sábado, el Alfonso Murube despedirá una temporada inolvidable. Lo hará con la ilusión intacta y con el orgullo de una afición que ha demostrado estar a la altura de su equipo. Entre todos esos miles de ceutíes estará Uchi, animando como siempre, sintiendo como siempre y soñando como siempre.

Porque el fútbol cambia, las categorías cambian y los años pasan. Pero hay algo que permanece intacto: el amor de quienes nunca dejaron de creer.

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