Manuel Gómez Blanco, 'El catalán', de Barcelona al Murube para dejarse la voz por el Ceuta
JUGADOR Nº 12
De aquellas tardes con bolsas de basura para protegerse de la lluvia a vivir en Madrid el ascenso. Manuel Gómez Blanco, 'El catalán', ha recorrido junto a su familia buena parte del camino reciente del Ceuta
Hay aficionados que heredan unos colores desde pequeños y otros que se enamoran de ellos por el camino. Manuel Gómez Blanco, conocido como Manuel 'Catalán' por haber nacido en Barcelona, pertenece a estos últimos. Ceuta terminó convirtiéndose en su casa y el Ceuta, en una pasión que hoy comparte con las tres mujeres de su vida: su esposa, Isabel, y sus hijas Nayara y Martina.
Ellas ya fueron protagonistas la pasada temporada de esta sección. Ahora le toca a Manuel ocupar su sitio como Jugador nº12, aunque lleva años ejerciendo como tal. Su historia con el Ceuta nació precisamente en familia. Siempre le gustó el fútbol, pero fue su hija pequeña, muy aficionada también al fútbol sala, la que terminó acercándolos al Murube. Primero se enganchó una, después la otra, luego Isabel y, casi sin darse cuenta, el Ceuta se convirtió en parte de la vida de los cuatro.
Y no llegaron cuando todo era bonito. Manuel recuerda aquellos partidos de categorías inferiores en los que apenas había gente en las gradas. Tardes de lluvia en las que tocaba protegerse como se pudiera para seguir allí. "Estábamos tapados con bolsas de basura y habíamos cuatro gatos en el campo", recuerda. Una imagen que probablemente explique mejor su sentimiento por el Ceuta que cualquier otra cosa.
Porque después llegaron los días grandes. Llegó Madrid y llegó aquel ascenso inolvidable que Manuel vivió junto a su familia. También los desplazamientos, haciendo cuentas porque cuando ellos viajan no viaja uno: "Viajamos los cuatro". Han recorrido kilómetros detrás del equipo, han vivido alegrías y también momentos desagradables, pero nada ha conseguido quitarles las ganas de seguir acompañando al Ceuta.
El fútbol se ha convertido además en uno de esos pequeños tesoros familiares que Manuel no quiere perder. "Es una de las pocas cosas que hoy en día podemos hacer padres con los hijos", reconoce. El Murube es el lugar donde durante noventa minutos padres e hijas sienten exactamente lo mismo, sufren por la misma pelota y celebran abrazados el mismo gol. Para los Gómez, el Ceuta ya no es solamente fútbol. Es tiempo juntos.
Y Manuel tiene muy claro para qué va al campo. No concibe sentarse durante noventa minutos y limitarse a mirar. "Somos de los que decimos que para comer pipas nos vemos el partido en la tele. Nosotros vamos a animar a nuestro equipo". Esa es su manera de entender la grada y también el motivo por el que terminó encontrando su sitio junto a quienes no dejan de cantar durante todo el encuentro.
El inicio de temporada no está siendo sencillo y las bajas tampoco han ayudado, pero Manuel no quiere utilizarlas como excusa. "Los que están son los que son y son los que tienen que jugar. Son los que se están rompiendo el alma", asegura. Y si ellos se dejan el alma sobre el césped, entiende que a la grada le corresponde hacer exactamente lo mismo desde fuera: "Nosotros, con ellos a muerte. A muerte".
Tampoco se deja llevar por sueños imposibles. Después de haber visto al Ceuta subir escalones, considera que ahora toca asentarse, disfrutar de la categoría y crecer con paciencia. "Con que se mantenga, me conformo", admite. Prefiere un Ceuta que dé pasos firmes antes que pensar en correr demasiado pronto. Ya habrá tiempo para mirar más arriba.
Pero antes de despedirse, Manuel deja un mensaje para todo el Murube. Recuerda cómo Ceuta ha sido capaz de cantar unida aquello de "un caballa nunca se rinde" y pide trasladar esa misma fuerza a las gradas: "En el campo tiene que ser lo mismo. A los jugadores les hace falta saberlo". Porque animar cuando llegan las victorias es fácil; hacerlo cuando las piernas pesan y el marcador no acompaña es cuando realmente aparece el Jugador nº12.
Manuel sabe perfectamente lo que significa estar. Estuvo cuando en el Murube eran "cuatro gatos" y había que cubrirse con bolsas de basura para aguantar la lluvia; estuvo en Madrid cuando el Ceuta tocó el cielo y sigue estando ahora, junto a Isabel, Nayara y Martina. Los cuatro. Como siempre. Porque podrán cambiar las categorías, los jugadores y los resultados, pero hay algo que en esta familia parece innegociable: mientras quede voz en la grada, habrá cuatro gargantas dejándosela por el Ceuta.