Manuel Muñoz: Cuarenta y cuatro años de amor inquebrantable hacia la AD Ceuta
Jugador Nº 12
Manuel es de los que estaban cuando en la tribuna había 300 personas. De los que podían tumbarse en los asientos porque sobraba espacio. De los que siguieron yendo cuando otros se bajaron. Sigue ahora en la Liga Hypermotion
Hay aficionados y luego está el jugador nº12. Ese que no se viste de corto, pero suda cada balón. Ese que no aparece en las estadísticas, pero sostiene al equipo cuando las piernas tiemblan. Esta semana, ese nombre propio es Manuel Muñoz Espinosa.
Cumple 44 años. O mejor dicho, cumple 44 años de vida… y casi los mismos siguiendo al Ceuta. Porque lo suyo no es una afición, es una forma de estar en el mundo. Recuerda flashes de niño en el antiguo Murube, antes de reformas y desapariciones, agarrado a la mano de su padre, con su tío y sus primos. Recuerda vestuarios al otro lado, tardes de ilusión ingenua. Y recuerda también el vacío.
Porque Manuel ha visto desaparecer al club. Ha visto el silencio. Ha visto los años sin fútbol. Y volvió. Siempre volvió.
“Yo creí que me moría sin verlo”, confiesa al hablar del ascenso al fútbol profesional. Y en esa frase cabe toda una generación de ceutíes que han tragado polvo, decepciones y categorías imposibles. Plasencia. El Ferrol. Temporadas en Tercera con la grada medio vacía. Playoffs que se escapaban. Años de pandemia. Años de incertidumbre.
Años de fidelidad
Manuel es de los que estaban cuando en la tribuna había 300 personas. De los que podían tumbarse en los asientos porque sobraba espacio. De los que siguieron yendo cuando otros se bajaron. Por eso ahora, cuando mira alrededor y ve 4.000 o 5.000 gargantas empujando en el Alfonso Murube, se emociona casi más que con un gol.
Porque sabe lo que cuesta
Habla con orgullo del grupo, del vestuario, del trabajo de José Juan Romero. Habla de la plantilla con admiración sincera. De cómo hay jugadores que marcan diferencias. De cómo la llegada de Campaña le recordó a otra época, a otro nivel, a ese día en el que el talento cambia un partido sin apenas moverse. De cómo hay futbolistas que, incluso al 60%, están por encima de casi todos.
Pero si algo define a Manuel es su prudencia de veterano curtido. Mientras otros cantan “¡Primera División!”, él frena, sonríe y repite casi como un mantra: “Lo primero son los 50 puntos”.
No mira hacia arriba. No quiere vender humo. Quiere permanencia. Quiere estabilidad. Quiere que, si algún día vienen los resultados negativos, los 5.000 que hoy llenan el estadio sigan estando. Porque lo que más desea no es solo ganar: es que el amor al escudo no dependa de la clasificación.
“El equipo con tranquilidad le puede ganar a cualquiera”, dice convencido. Y lo dice porque lo ha visto crecer desde abajo. Porque sabe que este Ceuta compite. Que sufre, pero aguanta. Que cuando llegue a esos 50 puntos, jugará liberado. Y entonces, quién sabe.
Manuel no necesita viajar a todos los campos para demostrar su compromiso. Lo suyo es el día a día, el asiento de siempre, la conversación con los de al lado, el análisis sereno después de cada jornada. Es el que sufrió en Valladolid, en Santander, en Málaga. Es el que sabe que enfrente hay plantillas millonarias. Es el que entiende que el milagro no se exige, se trabaja.
Y aun así, cree
Porque el jugador nº12 no exige ascensos: exige orgullo. No pide imposibles: pide entrega. Y eso, este Ceuta lo está dando.
Manuel Muñoz Espinosa representa a todos esos aficionados que han sostenido el escudo cuando pesaba más que nunca. A los que estuvieron en Tercera, en el barro, en la incertidumbre. A los que hoy disfrutan sin olvidar de dónde vienen.
Este domingo no porque el Ceuta viaja a Huesca y toca verlo desde la televisión, pero el que viene volverá a su sitio. Mirará el césped con esa mezcla de ilusión y cautela. Sufrirá. Animará. Criticará. Aplaudirá.
Y cuando el árbitro pite el final, pase lo que pase, seguirá ahí.
Porque el Ceuta no se explica sin su jugador nº12.
Y el jugador nº12, esta semana, tiene nombre y apellidos: Manuel Muñoz Espinosa.