Un mercado esperanzador para enderezar el rumbo

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La dirección deportiva del Ceuta, tras un inicio de verano diligente, realizó un esfuerzo titánico tras la invasión por reforzar la plantilla, culminando en unas 24 horas finales frenéticas y caóticas

La plantilla hace piña durante una pausa de hidratación ante el Celta
La plantilla hace piña durante una pausa de hidratación ante el Celta | REDUAN
David Villén
06 sep 2026 - 21:54

Ceuta/ Como ya contó en este periódico el director deportivo de la Agrupación Deportiva Ceuta, Edu Villegas, la entidad ha vivido este verano probablemente el mercado más complicado de su historia, y todo ello por causas ajenas. La entrada masiva de migrantes ilegales ha condicionado la vida de la ciudad a todos los niveles, y la gestión del club caballa no pudo librarse tampoco.

Sin embargo, sumando el trabajo previo durante junio y julio a los titánicos esfuerzos por encontrar futbolistas de calidad para una categoría tan exigente como la Segunda División que, además, quisiesen venir a Ceuta bajo estas circunstancias excepcionales, el resultado ha sido una confección de plantilla que, según José Juan Romero, no llega a ser lo que le habría gustado pero se asemeja bastante.

Todo un hito a fin de cuentas, sobre todo si observamos cómo casi un tercio de los fichajes fue firmado en el plazo final de 24 horas del mercado, con el agua al cuello y con una plantilla falta de efectivos, alternativas y calidad diferencial que estaría abocada al desastre sin ese arreón final en el mercado estival.

Dicho esto, solo queda esperar para poder analizar con causa de conocimiento el rendimiento que ofrecen los recién llegados, que al menos parten con el beneficio de la duda después de apostar por venir a Ceuta en un gesto que les convierte casi en héroes. El listón, eso sí, lo dejaron bien alto aquellos que abandonaron el club también en verano, que además no fueron pocos ni irrelevantes: Youness, Aisar, Rubén Díez, Almenara, Domènech,Marcos Fernández, Konrad, Bassinga, Campaña...

Una retahíla de salidas que dejó la estructura caballa tiritando, aunque la respuesta, dadas las circunstancias, parece haber estado a la altura. Mucho antes de que la invasión transformase por completo el panorama y la planificación del conjunto ceutí, Villegas y su equipo ya llevaban semanas moviéndose en el mercado, aunque en el cómputo global apenas cerraron una incorporación más antes que durante la crisis migratoria.

El primero en llegar, o más bien en regresar, fue Ale Meléndez, procedente del Albacete. El centrocampista puso fin a su etapa en tierras manchegas y apostó por retornar al club con el que no llegó a jugar en Segunda. Aunque no parte como titular indiscutible, José Juan confía plenamente en él.

No fue, aun así, el único reencuentro del verano. Apenas unos días después, Cedric Teguia fue anunciado también como refuerzo, trayendo consigo los regates y la electricidad que bien conoció el Murube antes de que se marchara al Cartagena, y de allí a Portugal.

Durante ese periodo, el club también presentó a Álex Camacho, extremo procedente del Juventud Torremolinos; a Jordi Escobar, delantero llegado del descendido Huesca; a Álex Petxarroman, lateral diestro con experiencia en Primera División y protagonista del ascenso con el Deportivo de La Coruña; a Kenneth Mamah, atacante nigeriano venido del Vanspor turco; y al canterano del Espanyol Omar Sadik como punta en calidad de cedido.

Una primera remesa de incorporaciones que buscaban fortalecer y diversificar los recursos a disposición de un técnico, José Juan Romero, cuya idea de juego el club siempre ha tenido clara y siempre ha intentado respetar, buscando por tanto perfiles variados pero ajustados a sus necesidades.

Era, aun así, un esfuerzo insuficiente, pero quedaba más de un mes de mercado. Sin embargo, el 30 de julio cambió todo, y el temor que se infundió -y perdura- entre la población ceutí paralizó, congeló y desintegró muchas de las negociaciones que el atractivo proyecto del Ceuta mantenía abiertas en esos momentos.

Fue un reseteo completo y obligado que provocó el rechazo -siempre desde la compresión y el respeto-, de más de una quincena de ofertas por parte de jugadores demasiado asustados o incómodos con la realidad de la ciudad autónoma como para atreverse a firmar. Así, durante esos primeros días, solo el central Adrián Lapeña dio el paso y se lanzó a la aventura tras recindir contrato con el CSKA de Sofía.

A partir de ahí, el silencio fue absoluto. Treinta dias sin una sola noticia, sin una sola novedad, pese al arduo trabajo de la dirección deportiva, mientras el equipo debutaba oficialmente acumulando derrotas. Solo la llegada de Mawuli, pivote libre ex del Zaragoza, animó un poco el ambiente. Mientras, la incertidumbre y las expecativas del último día de mercado mantuvieron encendida la llama de la esperanza.

Así, en apenas ocho horas, y a través fundamentalmente de cesiones, el Ceuta firmó a Joaquín González (Cádiz) para reforzar la medular; Edgar Sevikyan (Ferencváros) como atacante por banda; Umaru Konaré (Elche) para mejorar la delantera; y Toni Abad (Huesca), lateral direstro para fortalecer la línea más endeble del equipo, la defensa.

Una última andanada de fichajes que revolucionó las redes sociales del club y que permitió cerrar una plantilla en la que igualmente no sobran jugadores. De hecho, entre lesiones y falta de entrenamiento, Joaquín y Umaru ya debutaron frente al Celta, dejando además buenas sensaciones, mientras la cantera sigue nutriendo el primer equipo. La dramática racha en la que se encuentra inmerso el club puede que tarde en cambiar, pero desde luego, los medios para ello finalmente pudieron llegar a la Ciudad.

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