Mohamed Hicho, del Príncipe al Murube, toda una vida detrás del Ceuta

JUGADOR Nº 12

A sus 57 años conserva intacta la ilusión de aquel niño que recorría a pie el camino desde el Príncipe hasta el Murube para ver jugar al equipo de su ciudad. Mohamed Mohamed Hicho ha conocido al Ceuta en el barro, cuando apenas había aficionados en las gradas, y ahora disfruta de un sueño que pide saborear con humildad: “No somos conscientes de lo que tenemos”

Mohamed Hicho, del Príncipe al Murube, toda una vida detrás del Ceuta
Mohamed Hicho, del Príncipe al Murube, toda una vida detrás del Ceuta | FOTO RINCÓN

Hay pasiones que nacen con una victoria, con un ascenso o con uno de esos partidos que quedan guardados para siempre en la memoria. La de Mohamed Mohamed Hicho nació mucho antes. Cuando apenas tenía diez u once años y una entrada repartida en el colegio podía convertirse en el mejor regalo de toda una semana. Desde entonces, su vida y la del Ceuta han caminado juntas.

Mohamed tiene 57 años y lleva 31 trabajando como taxista. Pero para encontrar al verdadero protagonista de esta historia hay que regresar varias décadas atrás y buscar a un niño del Príncipe Alfonso que estudiaba en el colegio Príncipe Felipe. En aquella época, el club acercaba a sus futbolistas a los centros escolares y repartía entradas entre los alumnos. A veces se sorteaban; otras, incluso servían como premio por las notas. Mohamed casi siempre encontraba la manera de conseguir una.

Y entonces comenzaba la aventura. Desde el Príncipe hasta el Alfonso Murube. A pie. Y después del partido, nuevamente andando hasta casa. Mohamed era uno de los mayores del grupo y algunos padres confiaban en él para que acompañara a sus hijos al estadio. Aquella pequeña expedición de niños atravesando Ceuta para ver jugar a su equipo terminó sembrando algo mucho más importante que una simple afición. Sembró sentimiento. “Estábamos esperando que llegara el fin de semana para ir a ver al Ceuta”, recuerda.

Por eso defiende con tanta fuerza que los niños vuelvan a estar cerca de sus futbolistas. Mohamed sabe por experiencia propia que una fotografía, una visita al colegio o una entrada pueden fabricar un aficionado ceutí para toda la vida. Lo hicieron con él. Y décadas después sigue ahí, convencido de que acercar el club a los más pequeños significa construir la grada del mañana.

Porque Mohamed también estuvo cuando ser del Ceuta exigía bastante más fe que ahora. Estuvo en Tercera, cuando en las gradas se encontraban prácticamente “los de siempre”. Viajó, animó y compartió kilómetros con otros aficionados cuando alrededor del equipo no existía el fenómeno social de hoy. “Íbamos tres gatos”, recuerda. Después llegaron Segunda RFEF, Primera Federación, las eliminatorias de Copa, aquella inolvidable salvación y, finalmente, el salto al fútbol profesional.

Hoy contempla un Murube donde encontrar una entrada se ha convertido en una tarea complicada y sonríe al recordar de dónde viene todo. Para Mohamed, ese es precisamente el motivo por el que nadie debería perder la perspectiva. “Yo firmaría toda mi vida en Segunda División”, asegura. No es falta de ambición. Es memoria. La memoria de quien ha visto al Ceuta levantarse una y otra vez y sabe cuánto ha costado llegar hasta aquí.

“Hay que tener los pies en el suelo, ser humildes y saber de dónde venimos. Venimos del barro”, insiste. Por eso pide confianza en el presidente, la junta directiva, la dirección deportiva y el cuerpo técnico. También reconoce el respaldo de la Ciudad y, sobre todo, reivindica algo que considera imprescindible: la unión entre equipo y afición. Porque para él ningún éxito del Ceuta puede entenderse sin las personas que están detrás y sin quienes empujan cada domingo desde la grada.

El complicado comienzo de esta temporada tampoco ha conseguido rebajar su confianza. Mohamed admite que las derrotas pesaron y que las numerosas lesiones hicieron daño, pero también asegura que ahora observa algo diferente. Ve más alegría, más intensidad y otra mentalidad sobre el césped. El empate frente al Valladolid y la posterior victoria los contempla como ese pequeño impulso capaz de cambiar una dinámica. El equipo, sostiene, genera ocasiones y comienza a recuperar sensaciones.

Y ahora aparece Castellón. Un escenario exigente ante un rival al que Mohamed respeta muchísimo, pero frente al que tampoco acepta complejos. Recuerda los grandes encuentros disputados por el Ceuta contra los castellonenses y tiene claro que el nombre de su equipo también obliga al contrario a estar alerta. “Cuando escuchan Ceuta, el respeto está ahí”, sentencia. Firmaría un punto fuera de casa, aunque en su interior siempre queda espacio para imaginar algo más.

Porque el aficionado siempre quiere más. Mohamed también. Sueña con victorias, con escalar puestos y con volver a vivir esas tardes en las que el Murube parece empujar el balón hacia la portería contraria. Pero antes que cualquier clasificación coloca una palabra: humildad. Permanecer, crecer, mejorar las infraestructuras y consolidar todo lo construido. Después, el fútbol decidirá hasta dónde permite llegar.

Han pasado más de cuatro décadas desde aquellas caminatas desde el Príncipe. El niño se convirtió en adulto, después en taxista, llegaron miles de kilómetros por las calles de Ceuta y también temporadas buenas, malas y muy malas alrededor de su equipo. Pero algo permanece exactamente en el mismo sitio: las ganas de que llegue el siguiente partido.

Mohamed Mohamed Hicho representa esta semana al Jugador nº12 porque estuvo cuando las gradas tenían huecos y está ahora que el Murube se queda pequeño. Porque sabe disfrutar de la Segunda sin olvidar la Tercera. Y porque después de tantos años continúa defendiendo la receta más sencilla de todas: “Creer en el equipo, creer en el club y estar todos juntos”. Quizá ahí esté el secreto. El Ceuta podrá ganar, empatar o perder; podrá subir o atravesar momentos difíciles. Pero mientras haya aficionados dispuestos a recorrer cualquier camino para acompañarlo, nunca caminará solo.

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