Montserrat y Lola: Unas “viejas últras” que están a las duras y las maduras con la AD Ceuta

JUGADOR Nº 12

El mal inicio de temporada no cambia la fe de dos caballas que prometen seguir junto al equipo hasta el último minuto. “Tenemos que estar todos los fines de semana con ellos a muerte”, defienden dos voces que representan el espíritu de la grada

Montserrat (izqda) y Lola (dcha) animan a la afición a seguir apoyando al equipo tanto a las duras como a las maduras.
Montserrat (izqda) y Lola (dcha) animan a la afición a seguir apoyando al equipo tanto a las duras como a las maduras. | CEDIDA

Montserrat y Lola llevan años entendiendo el fútbol de una manera que va mucho más allá de un resultado. Son de las que están cuando todo sale bien, pero, sobre todo, de las que no se marchan cuando llegan las derrotas. Porque para ellas animar al Ceuta no depende de la clasificación, de los goles ni de una racha. Es una cuestión de pertenencia.

Su historia con el equipo viene de lejos. Lola lleva alrededor de cinco años siguiendo al Ceuta, mientras que Montserrat recuerda que su relación con el fútbol caballa comenzó mucho antes, cuando era una niña. “Yo desde chiquitita, de joven, iba a ver al Ceuta”, recuerda. Aquellos tiempos de ‘Angelín’, el Ceutí y los partidos en el Benoliel, sobre un campo de tierra, forman parte de una memoria futbolística que supera ya las tres décadas.

Con el paso de los años también llegaron sus hijos, vinculados al grupo de Grada Sur. Y ellas terminaron convirtiéndose, como ellas mismas se definen entre risas, en “las viejas ultras”. Desde ese rincón de la grada han vivido ascensos, momentos complicados y temporadas en las que el Murube parecía casi vacío. “Cuando estaba el Ceuta abajo, en el fondo, que éramos dos gatos, allí estábamos nosotras”, cuentan. Nunca dejaron de estar.

Por eso el ascenso de la temporada 2024/2025 tuvo un significado especial. No era simplemente subir de categoría. Era cumplir un sueño que habían repetido durante años: “Ojalá llegase el Ceuta arriba”. Cuando finalmente ocurrió, la alegría fue difícil de explicar. Después de tantos años viendo al equipo atravesar momentos complicados, el fútbol les devolvía una de esas alegrías que permanecen para siempre.

Ahora toca afrontar una realidad muy diferente. Cuatro partidos, cuatro derrotas y un comienzo de temporada que no está siendo sencillo. Pero Montserrat y Lola no contemplan la posibilidad de apartarse. “Yo estoy con el equipo a muerte”, sentencia Montserrat. Y lo demuestra con hechos: son de las que permanecen en la grada hasta que el árbitro pita el final, incluso cuando el marcador ya duele.

El último partido lo vivieron con lágrimas. “Lloramos las dos como una madalena”, reconocen. No porque hayan dejado de creer, sino precisamente porque les importa. Ven que al equipo le está faltando acierto de cara al gol y echan de menos una referencia ofensiva, pero también creen que hay motivos para confiar. “Tengo mucha fe”, dice Montserrat, convencida de que el Ceuta saldrá del pozo.

Su mensaje para los jugadores es tan sencillo como contundente: que no se preocupen, que sigan trabajando y que cambien “un poquito el chip”. Ellas, aseguran, también necesitan hacerlo después de un fin de semana difícil. Pero no contemplan otra opción que seguir empujando. “Que tenemos que estar todos los fines de semana con ellos a muerte y apoyarlos”, reclama Montserrat.

Y ahí aparece la verdadera esencia del Jugador nº12. Para Montserrat y Lola, abandonar al equipo cuando llegan las derrotas sería abandonar una parte de ellas mismas. “Si tiramos al equipo, al club, al presidente, nos estamos echando la mierda de encima”, advierten. Porque saben lo que cuesta construir un Ceuta competitivo y también saben lo que significa volver a empezar desde abajo.

Quizá por eso su última reflexión resume mejor que ninguna otra su manera de entender el fútbol: “Solo cantamos nosotros para lo bueno y para lo malo”. No quieren una grada que aparezca únicamente cuando llegan las victorias. Quieren una afición que sostenga al equipo cuando más lo necesita. Porque, como ellas mismas sentencian, “o somos caballas o no lo somos”. Y Montserrat y Lola hace tiempo que eligieron de qué lado estar.

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