Nieves e Isa, una pasión que se hereda y un sentimiento que nunca muere
JUGADOR Nº 12
Dos hermanas, una misma pasión y toda una vida entregada al fútbol y a la AD Ceuta. Desde las gradas del antiguo Pedro La Mata hasta el Alfonso Murube, su historia es la de una familia que ha convertido el amor por el fútbol en una herencia que pasa de generación en generación
Hay pasiones que nacen de repente y otras que vienen escritas en el corazón mucho antes de que uno aprenda a comprenderlas. La de Nieves e Isa pertenece a las segundas. Porque hay familias en Ceuta en las que el fútbol no es simplemente un deporte, sino una forma de vivir, de sentir y de recordar a quienes ya no están. Familias donde una camiseta representa mucho más que once jugadores sobre un terreno de juego. Esta es la historia de dos hermanas que crecieron entre botas, equipaciones y sueños, y que hoy siguen llevando a la AD Ceuta en ese rincón del alma donde se guardan las cosas que verdaderamente importan.
Todo comenzó en la barriada de Miramar, donde su padre, Carlos Martín, fue fundador del Club Deportivo Miramar. Aquella casa familiar era mucho más que un hogar. Allí se preparaban fichas, se organizaban partidos y se amontonaban las equipaciones que su madre lavaba con paciencia y cariño para que los muchachos pudieran volver a saltar al campo. "Desde niñas lo hemos llevado en la sangre", recuerdan emocionadas. Su padre vivía apasionadamente el deporte y transmitió a sus hijas aquella manera tan especial de entender la vida.
Los recuerdos las trasladan al antiguo campo del 54 y al Pedro Lamata, escenarios de una infancia en la que acompañar a su padre al fútbol era casi una obligación sagrada. Allí aprendieron a celebrar los goles, a sufrir las derrotas y a descubrir que ser aficionado significa permanecer cuando los demás se marchan. "Nosotras íbamos al campo cuando iban cuatro gatos", cuentan orgullosas. Y posiblemente esa frase encierre toda la grandeza de su historia. Porque cualquiera celebra las victorias, pero solo los auténticos aficionados siguen ocupando su sitio cuando las cosas vienen mal dadas.
La relación de esta familia con el fútbol ceutí también se escribe con nombres propios. Juan Ávila, Pepe Segura o Juanqui son algunos de los familiares que han defendido los colores del Ceuta. Especialmente imborrable permanece el recuerdo de José Carlos Segura, protagonista de un gol importante que dedicó a Carlos Martín. Un tanto que trascendió el marcador para convertirse en un homenaje a quien había sembrado aquella pasión en toda la familia. Porque hay goles que se olvidan, pero otros permanecen para siempre.
Y la historia continúa. Hoy, un nuevo José Carlos Segura, hijo del anterior y sobrino de Nieves e Isa, vuelve a despertar ilusiones jugando en el Puerto. En su camiseta luce el apellido familiar y sus tías hablan de él con enorme orgullo. "Es un pelotero muy bueno y creo que nos va a dar muchas alegrías, si Dios quiere". Quizá todavía sea pronto para saber hasta dónde llegará, pero ya tiene algo ganado: una familia entera que seguirá sus pasos con la misma emoción con la que acompañó a las generaciones anteriores.
Pero el fútbol también ha querido regalarle a Nieves una historia especialmente bonita. Su hija comparte su vida con Aisar, futbolista que ha terminado convirtiéndose en otro motivo de orgullo y emoción para la familia. Y cuando el destino enfrenta los sentimientos por el Ceuta con el cariño hacia quien ya forma parte de los suyos, el corazón se divide inevitablemente. "Yo quiero que gane mi Ceuta, pero también quiero que gane él", confiesa antes del partido que este fin de semana disputará la AD Ceuta ante el Real Oviedo, equipo donde milita Aisar. Porque hay partidos en los que resulta imposible elegir entre los colores que llevas toda la vida defendiendo y el cariño hacia alguien a quien quieres ver triunfar.
Aquellas niñas de Miramar siguen siendo hoy dos aficionadas incondicionales. Tienen su sitio en la tribuna del Alfonso Murube, cerca de la afición más ruidosa, y tampoco dudan en hacer las maletas para acompañar al equipo, porque para ellas seguir al Ceuta no es cuestión de comodidad, sino de sentimiento. Da igual que haya que madrugar, coger un barco o recorrer cientos de kilómetros. Cuando juega el Ceuta, siempre existe una razón para estar allí.
Eso no significa que sean conformistas. Reconocen que la temporada está siendo complicada y que algunos fichajes no han terminado de convencerlas. Sin embargo, su mensaje para los jugadores es tan sencillo como contundente: "Que sean fuertes, que salgan adelante, que corran y que suden". No piden imposibles, solo entrega y compromiso. Su deseo es ver al equipo consolidado en la categoría, aunque sea a mitad de tabla. Porque después de tantos años de sufrimiento, seguir disfrutando del Ceuta en el fútbol profesional ya representa una felicidad inmensa.
Quizá lo más emocionante de esta historia no esté en los ascensos celebrados, los goles presenciados ni los kilómetros recorridos. Quizá esté en imaginar a aquel padre entrando en su casa de Miramar con las equipaciones de los muchachos, sin sospechar que tantos años después sus hijas seguirían recordándolo con tanto orgullo. Tampoco podía imaginar que otro José Carlos Segura volvería a correr detrás de un balón, manteniendo viva una pasión que parece destinada a no apagarse jamás.
Porque Nieves e Isa son mucho más que dos aficionadas. Son memoria, fidelidad, raíces y sentimiento. Son el ejemplo de quienes estuvieron cuando apenas había nadie, de quienes siguen estando ahora y de quienes nunca abandonarán sus colores. Los futbolistas llegan y se marchan, las categorías cambian y los años pasan, pero hay algo que permanece intacto: el amor de quienes sienten al Ceuta como parte de su propia familia. Y mientras existan corazones como los suyos, este escudo nunca estará solo. Porque los jugadores pasan, las generaciones cambian, pero el jugador número 12 permanece para siempre.