De aquel niño que veía al Ceuta sentado sobre un pequeño muro a los 43 partidos de la pasada temporada

JUGADOR Nº 12

Aviones, trenes, coches de alquiler y miles de kilómetros no fueron suficientes para alejarle del equipo. José Miguel Mateo Pereira cumplió el reto de estar en todos los partidos del Ceuta la pasada campaña

José Miguel Mateo Pereira convirtió cada salida del Ceuta en una pequeña aventura.
José Miguel Mateo Pereira convirtió cada salida del Ceuta en una pequeña aventura. | FOTO CEDIDA

CEUTA/ José Miguel Mateo Pereira empezó a querer al Ceuta cuando era un niño. Lo recuerda sentado en un pequeño muro de piedra, junto a la reja de Preferencia, viendo los partidos prácticamente a ras de campo. Han pasado décadas desde aquellos días, pero aquella afición que nació entre gradas, anuncios y viejos recuerdos futbolísticos terminó convirtiéndose en una auténtica aventura cuando el equipo regresó al fútbol profesional.

Hace un par de temporadas se hizo una promesa. Cuando el Ceuta peleaba por el ascenso y faltaban pocas jornadas, decidió que, si el equipo subía a Segunda, acudiría a todos los desplazamientos. No era una frase hecha. José Miguel cumplió su palabra y terminó viendo los 43 partidos oficiales del equipo, incluidos los 21 encuentros de Liga fuera de casa y los dos de Copa del Rey.

Valladolid, Burgos, Eibar, Santander, Málaga, Almería, Córdoba, Las Palmas, Miranda del Ebro, Huesca, Guadalajara... La lista de ciudades es también la de una temporada entera vivida desde la carretera. Aviones, trenes, coches de alquiler y muchas horas de viaje fueron necesarios para llegar a cada estadio. A veces, además, con una planificación que acababa saltando por los aires.

León fue posiblemente el mejor ejemplo. Un problema con el vuelo que debía llevarle desde Málaga a Barcelona y después a León le obligó a improvisar en pleno aeropuerto. Compró otro billete hasta Madrid y después un tren hacia León. Lo que debía haber terminado alrededor de las ocho de la tarde acabó con su llegada cerca de la medianoche. Al día siguiente, tocaba ver al Ceuta.

José Miguel Mateo Pereira convirtió cada salida del Ceuta en una pequeña aventura.
José Miguel Mateo Pereira convirtió cada salida del Ceuta en una pequeña aventura. | FOTO CEDIDA

También hubo viajes difíciles de olvidar por otros motivos. Después de acompañar al equipo a Burgos, regresó a Bilbao, voló hasta Málaga para dejar a su mujer y al día siguiente volvió a coger un avión hacia Bilbao para desplazarse a Eibar. Su mujer compartió además varios de aquellos desplazamientos, entre cinco y seis de los 21 viajes ligueros. Para José Miguel, cada salida acabó formando parte de una colección de recuerdos que va mucho más allá de los resultados.

Entre todos los estadios, Burgos ocupa un lugar especial. El ambiente, la afición local y un campo convertido en una caldera hicieron de aquella jornada una de las experiencias que más le impresionaron. También recuerda con admiración El Sardinero, Riazor, El Molinón o Anoeta, aunque ha comprobado que un estadio espectacular no garantiza una gran experiencia: depende del momento que atraviese cada equipo y de cómo responda su afición.

Los desplazamientos también le regalaron amistades. En Castellón, aficionados locales invitaron a los seguidores del Ceuta a una paella. En Miranda del Ebro, caballas que llevan años destinados allí organizaron una acogida para los desplazados. Y en el camino conoció mejor a otros seguidores como Tomás Núñez, afincado en Mijas y habitual tanto en los partidos del Murube como en los desplazamientos, además de otros viajeros habituales como César o Emilio Fernández y su mujer.

José Miguel también se queda con el rendimiento del equipo. Considera que la plantilla tuvo que ofrecer más del cien por cien para competir en Segunda y destaca especialmente la evolución de Rubén Díez, además del trabajo de futbolistas como Bodiger, Capa, Juan Hernández y los dos porteros. Hubo partidos para disfrutar y otros para sufrir, especialmente cuando después de muchas horas de viaje el resultado no acompañaba.

Ahora toca empezar de nuevo. José Miguel quiere renovar su abono, mirar el calendario y volver a organizar desplazamientos. Esta vez no hace promesas: sabe que una enfermedad, un problema personal o cualquier imprevisto puede impedirle acudir. Pero lo intentará. Porque después de aquella promesa cumplida, el calendario del Ceuta ya no se mira únicamente para saber contra quién juega, sino también para descubrir cuál será la próxima ciudad que aparecerá en el mapa.

Y así continúa la historia de un Jugador nº12 que no entiende los partidos como destinos aislados, sino como capítulos de una misma aventura. El niño que un día veía al Ceuta desde un pequeño muro terminó cruzando España detrás de él. 43 partidos después, todavía quedan carreteras por recorrer.

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