'Pavaroti', el alma del Murube: “Yo no sigo al Ceuta, yo vivo por este escudo”

JUGADOR Nº 12

Desde las gradas de piedra del antiguo Murube hasta la Segunda División, Pavarotti ha convertido su vida en una historia de fidelidad absoluta al Ceuta. “El Murube no puede ser un cementerio”: la voz de la grada reclama más implicación de toda la afición caballa. Pavarotti defiende que el proyecto actual del Ceuta ha devuelto la esperanza a la ciudad

Francisco Manuel Toledo Arriaga, ‘Pavarotti’, ha convertido su vida en una historia de fidelidad absoluta al Ceuta.
Francisco Manuel Toledo Arriaga, ‘Pavarotti’, ha convertido su vida en una historia de fidelidad absoluta al Ceuta. | NICOL'S

Hay personas que pasan por el fútbol. Y hay otras que lo hacen eterno. Francisco Manuel Toledo Arriaga, “Pavarotti”, pertenece sin duda a este segundo grupo. Su historia no se entiende sin el Murube, ni el Murube sin su voz en la grada. Es, en esencia, uno de esos aficionados que han construido el alma del fútbol en Ceuta durante más de cuatro décadas.

Su relación con el Ceuta comenzó en 1982, cuando apenas tenía cinco años. Aquellos primeros recuerdos están ligados a un estadio muy distinto al actual, con gradas de piedra y un ambiente que, según él, era imposible de olvidar. “Era el templo de todo caballa que quisiera nuestro escudo”, recuerda con nostalgia.

En aquellos años, el fútbol se vivía de otra forma. Las familias llenaban las gradas, el ambiente era continuo y la pasión se respiraba desde la calle hasta el último asiento del Murube. “No cabía un alma, aquello era espectacular”, insiste al evocar una época que marcó su vida para siempre.

Con el paso del tiempo, Pavarotti fue creciendo dentro de esa cultura de grada. Su implicación fue total y acabó formando parte de los grupos de animación más activos de la ciudad. Junto a otros aficionados históricos, participó en la creación y desarrollo de los Ultras Caballas, una etapa que marcó una generación de seguidores.

Los desplazamientos se convirtieron en parte de su rutina. Viajes interminables, campos modestos y ascensos soñados fueron forjando una identidad muy concreta de aficionado. “Hemos estado en todos lados, dejándonos la garganta por el Ceuta”, resume con orgullo.

Pero no todo fue alegría. La desaparición del club supuso uno de los golpes más duros para la afición. “Nos destrozó, nos dejó hundidos”, reconoce. Durante un tiempo, incluso evitó volver al estadio porque le resultaba demasiado doloroso.

Francisco Manuel Toledo Arriaga, ‘Pavarotti’, ha convertido su vida en una historia de fidelidad absoluta al Ceuta.
Francisco Manuel Toledo Arriaga, ‘Pavarotti’, ha convertido su vida en una historia de fidelidad absoluta al Ceuta. | NICOL'S

Sin embargo, el fútbol siempre encuentra la forma de regresar. La llegada de nuevos proyectos y la figura de Luhay Hamido marcaron un punto de inflexión. “Me dijeron que el Ceuta volvía a tener vida y que me necesitaban. Y volví al Murube con la bufanda otra vez”, cuenta.

A partir de ahí, su historia se volvió también generacional. Su hija comenzó a acompañarle con solo cuatro años en los desplazamientos, convirtiéndose en parte de esa misma pasión heredada. “Su primer viaje fue a Los Barrios. Era pequeña, pero ya se le veía algo especial”, recuerda.

Hoy, Pavarotti sigue siendo una figura reconocida en la grada. Para él, la animación no es un complemento, sino una parte esencial del fútbol. Considera que el Murube debe ser un estadio más vivo, más ruidoso y más unido. “No puede ser un cementerio si queremos crecer”, sentencia.

También habla con claridad sobre el equipo y su evolución deportiva. Ha visto pasar entrenadores, jugadores y directivos, y no se muerde la lengua al opinar. “Yo he visto de todo, pero el escudo está por encima de cualquiera”, afirma con contundencia.

Aun así, reconoce que el proyecto actual ha devuelto la ilusión a la ciudad. Valora el crecimiento del club y cree que el Ceuta ha dado un salto importante en los últimos años, aunque insiste en que todavía hay margen para aspirar a más.

Mirando al futuro, Pavarotti no duda: el Ceuta debe seguir creciendo, pero sin perder su esencia. Cree en una plantilla más equilibrada, en una afición más implicada y en un Murube que vuelva a ser un factor decisivo.

“Esto no es el final, es solo el principio”, repite. Y en esa frase resume toda una vida: la de un aficionado que no se define por lo que ve en el campo, sino por lo que siente en la grada. Porque para él, el Ceuta no es un equipo. Es su forma de vida.

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