Victoria poco convicente del Ceuta ante el Poblense (1-2) para avanzar en Copa
COPA DEL REY
La AD Ceuta presentó un equipo más que competente ante los baleares, que ofrecieron mucho más fútbol y actitud para difuminar su teórica inferioridad, pero sufrió de lo lindo para remontar lo que parecía un mero trámite copero
Ceuta/ La Agrupación Deportiva Ceuta se impuso por 1-2 en su visita a la UD Poblense para avanzar y dejar atrás la primera ronda eliminatoria de la Copa del Rey, pero no tuvo la oportunidad -o no supo aprovecharla- para ahuyentar los fantasmas de la Liga Hypermotion, y se llevó el encuentro en los instantes finales gracias a la aparición de Lapeña y Jordi Escobar.
El partido del Ceuta, pese al resultado y la clasificación, no fue bueno. De hecho, teniendo en cuenta la entidad y la categoría del rival, y por mucho que influya el factor imprevisible de las eliminatorias a un solo partido, fue posiblemente el peor partido del año para los ceutíes en términos de rendimiento y, sobre todo, de entrega, pasión y energía.
Se le pueden reprochar muchas cosas al conjunto caballa en este arranque de temporada, pero en Sa Pobla se dejó en vestuarios la única que parecía innegociable, que es su capacidad competitiva. Como si el encuentro no fuese con ellos, los jugadores por los que apostó de inicio José Juan Romero no solo no dieron la talla, sino que adolecieron de pasividad, relajación y pocas ganas de competir.
El técnico sevillano apostó por rotar en el centro del campo y la delantera para dar aire a los más habituales, intuyendo erróneamente que serían capaces de concentrarse en el partido y tomarlo como algo más que un trámite. Un equipo en la situación del Ceuta no puede permitirse, por mucho que su oponente milite en Segunda RFEF, mirar por encima del hombro a nadie. Mucho menos, además, si varios suplentes salen a jugar como si fuese una pachanga dominguera en lugar de aprovechar su oportunidad.
A todo ello se sumó un escenario poco apacible. Frío, oscuridad propia del otoño que se aproxima al invierno, y un ambiente hostil pese a la reducida afluencia de público para un partido aplazado donde pareció pesar también la tragedia vivida en Toledo. Un panorama nada halagüeño que no ayudó a motivar a los pupilos de Romero, desesperado con ello durante todo el partido.
Un popurrí de factores que hicieron al Poblense creer por encima de sus posibilidades. Salieron a morder, a apretar, conscientes de que no tenían nada que perder, y se hicieron fuertes en su estadio, correosos e impenetrables en la faceta defensiva. Para colmo ceutí, además, se encontraron con un gol de Riverón en el 17 que parecía apuntar a drama de los buenos en el seno de la entidad caballa.
El partido siguió el mismo guion durante prácticamente los 90 minutos. El Poblense amenazaba de vez en cuando, dentro de sus posibilidades e impulsado por un entusiasmo que sólo la Copa despierta en los equipos más humildes. Mientras, en las filas ceutíes, nadie se atrevía, nadie la pedía, todos a verlas venir. Solo Koné, haciendo gala de su habitual facilidad para el desborde, estuvo a un nivel aceptable.
José Juan se dio cuenta de la dinámica de su equipo y movió fichas al descanso, como acostumbra a hacer. Recurrió a Okoro y Jordi Escobar para controlar mejor la medular y para añadir mordiente en el área, y le acabó funcionando. Aun así, fue casi imposible tumbar la organizada resistencia tenaz de los locales, que siguieron al pie de la letra el plan de su entrenador, Julián Robles.
Espoleados por su afición, sostuvieron su pírrica victoria todo lo que pudieron y murieron en la orilla, orgullosos por el esfuerzo ante un equipo profesional que dejó mucho que desear. Pese a todo, los caballa fueron apretando cada vez más, generando ocasiones y peligro casi sin querer, aunque más tarde de lo que habrían deseado.
Tanto fue el cántaro a la meta azulgrana que, al final, se acabó rompiendo. Tuvo que ser, eso sí, a balón parado. Lapeña, central con un golpeo de balón sorprendente, agarró la bola cerca del pico del área, escorada a la derecha, y clavó por la escuadra un lanzamiento directo que enmudeció el feudo balear.
Un golazo que, de todos modos, servía de poco. Con la regla de la ventaja local, un empate servía al Poblense para pasar, y apenas restaban 12 minutos de sufrimiento para alcanzar la gloria. Si hubiesen pasado, de hecho, les correspondía un rival de Primera División en la siguiente ronda.
No pudo ser porque en el minuto 90 apareció el máximo goleador caballa del año, Jordi Escobar, para sellar una remontada esperable pero poco merecida. Con tres de añadido por delante, el partido murió tras esa acción, y dejó mejor sabor de boca en los perdedores que en los vencedores.