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Ceuta asumió hace tiempo el lenguaje de la economía azul y ha empezado a trazar líneas de actuación en torno al puerto, la pesca y el litoral, pero sigue pendiente el paso decisivo: convertir ese marco estratégico en proyectos concretos capaces de generar actividad. Esa es la idea central que plantea Fernando Nieto, experto ceutí vinculado a políticas europeas sobre este ámbito, que sitúa el debate en un punto distinto al de hace unos años.
Nieto, durante una entrevista telefónica con este diario, recuerda que la ciudad ha avanzado desde aquella fase inicial en la que predominaban los conceptos amplios -sostenibilidad, innovación, crecimiento azul- y empieza a hablar de medidas más tangibles que a su juicio pueden explotarse en la ciudad autónoma.
Cree el experto que el momento exige ‘afinar el tiro’. “¿Dónde es donde efectivamente Ceuta tiene capacidad para el crecimiento?”, plantea.
Para él, la economía azul no puede quedarse en una etiqueta ni en una suma de buenas intenciones. La define como el desarrollo de actividades vinculadas a lo marino y marítimo con retorno económico y vocación de permanencia, de modo que el aprovechamiento del entorno no se convierta en una explotación a corto plazo. En ese marco, sostiene que Ceuta cuenta con posibilidades reales, pero “no todas tienen el mismo peso”.
El experto sitúa el principal potencial de la ciudad en el puerto y en todo lo que gira a su alrededor. Ahí incluye desde el transporte marítimo hasta la reparación naval, pasando por la logística, los servicios auxiliares y la recepción de productos pesqueros. A su juicio, ese es el núcleo sobre el que debería asentarse una parte relevante de la apuesta local, sin dejar al margen la pesca, la acuicultura o las actividades complementarias ligadas al mar.
En ese recorrido, detecta un cambio respecto a 2021. Entonces, explica, el debate estaba muy centrado en grandes palabras y menos en sectores concretos. Ahora sí percibe que existe una hoja de ruta más reconocible, aunque echa en falta que algunas áreas aparezcan mejor definidas. Entre ellas menciona la construcción y reparación naval, una actividad que considera compatible con el potencial ceutí y que, sin embargo, no siempre encuentra reflejo claro en la planificación pública.
Nieto también llama la atención sobre un elemento que puede actuar como bisagra entre la estrategia y la ejecución: el Grupo de Acción Local de Pesca. A su entender, ese instrumento puede servir para financiar estudios, detectar cuellos de botella y acercarse a empresas o sectores que necesitan acompañamiento técnico. No lo ve solo como una estructura para repartir fondos, sino como una herramienta para ordenar prioridades y convertir ideas dispersas en proyectos viables.
Lonja, sector pesquero y acuicultura
Uno de los ejemplos que pone sobre la mesa es la lonja. Su modernización, sostiene, va mucho más allá de una simple mejora administrativa. Digitalizar procesos, implantar sistemas de trazabilidad y adaptar el recinto a estándares exigibles en otros puertos permitiría reforzar garantías, abrir nuevas posibilidades comerciales y ofrecer seguridad jurídica a operadores que pudieran descargar género en Ceuta para su posterior venta o reexpedición. “Ya le estamos dando una garantía jurídica al armador de ese barco”, resume al explicar ese posible salto.
Su lectura del sector pesquero local es prudente. No plantea una vuelta a los niveles históricos previos a la adhesión a la UE ni vende una expansión milagrosa de la actividad extractiva. Lo que reclama es otra cosa: asegurar que las pesquerías actuales sean sostenibles, evaluables y capaces de mantener su valor en el tiempo.
Ahí introduce una idea que atraviesa toda la entrevista: antes de prometer crecimiento, conviene saber con qué recursos se cuenta, cómo están las poblaciones y qué margen real existe para operar sin deteriorarlas.
Ese mismo esquema lo aplica a la acuicultura. Nieto recuerda el caso de una iniciativa privada ligada al mejillón que llegó a mostrar viabilidad técnica en Ceuta, aunque no terminó de consolidarse como proyecto empresarial. A su juicio, experiencias así no tendrían que quedarse aisladas ni depender solo del empuje del promotor, sino encontrar una estructura de apoyo que ayude a traducir una prueba prometedora en una actividad asentada.
Junto a la producción, introduce otra derivada que suele quedar en segundo plano: el turismo pesquero y marítimo. Cree que Ceuta puede aprovechar mejor el valor cultural y económico de su frente litoral con actividades divulgativas, recorridos vinculados a la almadrabeta o propuestas asociadas a eventuales explotaciones acuícolas. No habla de grandes cifras ni de una revolución del modelo, pero sí de una línea complementaria que añade contenido, diversifica la oferta y conecta patrimonio, mar y actividad económica.
En su análisis aparece además una advertencia recurrente: la estrategia debe anticipar los obstáculos regulatorios. Nieto menciona las trabas sanitarias y técnico-aduaneras que afectan a la salida de productos de origen animal fuera de Ceuta, una cuestión que toca a la pesca, a la acuicultura y a cualquier cadena de transformación alimentaria. Sin ese encaje, argumenta, la economía azul puede tener relato, incluso proyectos piloto, pero seguirá encontrando un techo en el momento de comercializar.
La ciudad, en su opinión, ha dejado atrás la fase más genérica del debate y ya no está en el punto de partida. Lo que toca ahora no es volver a explicar qué significa economía azul, sino decidir en qué frentes quiere avanzar de verdad y con qué medios, según el análisis de Nieto. Ahí el experto coloca el puerto, la lonja, la trazabilidad, la producción acuícola, el turismo ligado al mar y la resolución de barreras normativas como piezas de una misma conversación.
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