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La escalada de tensión en el Golfo Pérsico y su impacto sobre los precios del petróleo y el gas acabarán teniendo, si nadie lo remedia, un efecto sobre los bolsillos de millones de europeos. El encarecimiento de la energía en sectores estratégicos constituye, a estas alturas de la guerra desatada contra Irán, una amenaza cierta.
España parece afrontar esta crisis, al menos en principio, en una mejor situación que muchos de sus socios comunitarios. El precio de la electricidad, muy condicionado por los incrementos del coste del gas, resulta menos oneroso aquí porque el 60% de la producción de electricidad depende de las energías renovables, que sonmucho más baratas.
En Ceuta, el abastecimiento de agua depende en gran medida de la actividad de la Instalación Desaladora de Agua de Mar (IDAM), la infraestructura que más energía consume de todo el sistema. ¿De qué manera el esperado encarecimiento de precios puede afectar al suministro de agua en la ciudad?. La respuesta que ofrece la sociedad municipl Aguas de Ceuta (Acmsa) es categórica: “De momento, ninguna incidencia”.
El principal factor que amortigua el impacto de la volatilidad energética es el modelo de contratación eléctrica. La desaladora opera bajo contratos cerrados a varios años, lo que permite estabilizar los costes y evitar fluctuaciones inmediatas en el precio de la electricidad. Estos acuerdos, con una duración habitual de entre tres y cuatro años, actúan como un “paraguas” frente a crisis externas. Mientras estén en vigor, el coste energético se mantiene invariable, independientemente de lo que ocurra en los mercados internacionales.
El sistema de abastecimiento de Ceuta presenta como particularidad clave su elevada dependencia energética. Aunque existen otras infraestructuras, el consumo más intensivo se concentra en la desaladora, donde se produce buena parte del agua que abastece a la ciudad. En comparación, el resto de instalaciones tiene un impacto energético mucho menor, lo que limita el efecto global de posibles subidas de precios. Es decir, cualquier encarecimiento de la energía afectaría principalmente a la desalación, pero no de forma inmediata gracias a los contratos vigentes.
La experiencia reciente sirve como advertencia. Durante la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, el fin de contratos anteriores sí provocó un aumento de costes que la empresa tuvo que gestionar. Ese episodio evidenció que el riesgo no es inmediato, pero sí diferido. Cuando llegue el momento de renovar los contratos actuales, la situación del mercado será determinante. Si los precios de la energía continúan elevados, el sistema podría verse sometido a una mayor presión económica.
Por ahora, el servicio de agua en Ceuta permanece ajeno a las tensiones del mercado energético internacional. No se prevén cambios en el funcionamiento del sistema ni en los costes a corto plazo.
Sin embargo, el escenario a medio plazo dependerá, finalmente, de la evolución de los precios energéticos y de la capacidad de la empresa para renegociar condiciones favorables. En un modelo tan intensivo en energía como el de la desalación, la estabilidad actual no elimina las incertidumbres futuras.
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