El reto de la sostenibilidad en la producción de recursos hídricos

Día del agua

La integración de las energías renovables, la desalación y la reutilización de agua es la clave para favorecer una gestión más respetuosa con el medioambiente.

La aplicación de la energía solar a la desalación de agua permite desarrollar una actividad más sostenible
La aplicación de la energía solar a la desalación de agua permite desarrollar una actividad más sostenible | CEDIDA
Redacción
22 mar 2026 - 07:00

El modelo de abastecimiento de agua en la ciudad, gestionado por la empresa municipal Aguas de Ceuta (Acemsa), afronta el reto de garantizar el suministro en un entorno geográficamente limitado sin comprometer la sostenibilidad medioambiental. Un equilibrio complejo en el que la desalación, la energía y el impacto sobre el entorno marino se sitúan en el centro del debate. La desaladora es el pilar que ha permitido a la ciudad dejar atrás los cortes de agua y depender menos de la lluvia. Sin embargo, esa independencia tiene un coste energético.

Según explican desde Acemsa, la planta desaladora es uno de los mayores consumidores de energía de la ciudad, solo por detrás del consumo global vinculado a servicios urbanos como el alumbrado. Su funcionamiento continuo —las 24 horas del día— y la intensidad del proceso hacen que su demanda eléctrica sea especialmente elevada.

Este escenario convierte la sostenibilidad energética en uno de los principales desafíos del sistema. La empresa trabaja en la incorporación de energías renovables, especialmente a través de proyectos de generación fotovoltaica en la propia planta. No obstante, la producción solar solo cubre una franja del día y, en el mejor de los casos, podría aportar entre un 10% y un 15% del consumo total. De este modo, alcanzar una verdadera independencia energética se plantea, por ahora, como un objetivo a largo plazo.

En esa búsqueda de alternativas más sostenibles, Acemsa llegó a estudiar en su día soluciones innovadoras como la instalación de paneles solares sobre la superficie de los embalses. La propuesta ofrecía la doble ventaja de generar energía renovable y, al tiempo, reducir la evaporación del agua en los meses más cálidos. Sin embargo, el proyecto no prosperó. La gestión de las presas no depende de la administración local sino de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, que no dio luz verde a la iniciativa.

Como en cualquier otra actividad industrial, la desalinización exige una gestión responsable para minimizar su impacto ambiental. Uno de los aspectos más sensibles es el vertido al mar de la salmuera, que requiere un control técnico riguroso.

La salmuera es el agua residual resultante del proceso de desalinización. Esta agua excedente se devuelve al medio marino con una concentración de sales mucho mayor que la original, ya que contiene los mismos iones extraídos previamente, pero en proporciones elevadas. En términos generales, su salinidad puede situarse entre 1,6 y 2,5 veces la del agua de mar.

Además, es necesario tratar adecuadamente otros residuos asociados al proceso, como los productos químicos que no se consumen durante la desalinización. Entre ellos se incluyen los líquidos generados en la limpieza de membranas. Tanto estos efluentes como los lodos resultantes deben someterse a sistemas de depuración antes de su vertido conjunto con la salmuera, con el fin de reducir su impacto ambiental.

Seguimiento

Según explica el gerente de Acemsa, Juan Manuel Sánchez Valderrama, este aspecto fue objeto de un seguimiento exhaustivo durante varios años. En ese periodo se instalaron sistemas de control para analizar posibles efectos sobre la fauna y la flora marinas, incluyendo ecosistemas sensibles como las praderas de posidonia.

Los resultados, según la empresa municipal, no detectaron incidencias significativas. Tras cuatro años de monitorización, no se registraron impactos relevantes. Aun así, Acemsa no descarta retomar en el futuro sistemas de vigilancia, especialmente mediante herramientas digitales, en línea con las nuevas estrategias de control ambiental. Los responsables de la sociedad municipal evitan calificar el vertido como contaminación en sentido estricto. Argumentan que no se introducen sustancias ajenas al medio, sino agua con una mayor concentración salina que termina diluyéndose en el ecosistema marino.

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