Entrevista a Alejandro Ortiz, economista
"Si hablamos de empresas tecnológicas, no podemos hacerlo solo de las de juego online"
Entrevista a Alejandro Ortiz, economista
Pregunta.- Su tesis doctoral llevaba por título “El papel de la cadena de suministros y los inversores en la sostenibilidad ambiental de la empresa”. Usted propone en ella una aproximación, digamos, distinta al papel que juegan los proveedores y los inversores en las empresas.
Respuesta.- La investigación surgió reflexionando en torno a lo que llamamos “greenwashing”, es decir, esa práctica que cultivan las empresas y que consiste en hacer publicidad para decir que son muy buenas en el ámbito medioambiental. De hecho, si uno ve los anuncios de televisión de, por ejemplo, Repsol o Iberdrola, daría la sensación de que son empresas que poco menos que están salvando el mundo. Luego vas a la realidad y descubres que son empresas petroleras que están contaminando.
Las empresas que venden que no contaminan son muchas. ¿Pero qué es lo que realmente hacen? Pues que la contaminación se la endosan a sus proveedores. La mayoría de estos proveedores no existiría si no fuera por la empresa principal, que, a la vez, es su primer cliente. La clave está en los proveedores, en lo que hacen. Mi tesis parte de ahí. Planteo que las empresas se venden como medioambiental y socialmente responsables, pero la cuestión es: ¿los proveedores que trabajan para ellas lo son?
También se trata de ver quién es el principal responsable. Y descubrimos que son los inversores, los dueños de las empresas, los que determinan cuáles son los valores de estas. Y esta es la otra parte de la ecuación. ¿Qué hacen los inversores? ¿De qué manera pueden influir en el comportamiento de la empresa? ¿Tiene importancia que los inversores procedan de una cultura medioambientalmente responsable? O, al revés, si vienen de un país con una cultura menos preocupada por el medioambiente, ¿eso va a redundar en que la empresa sea menos responsable? Ese es, digamos, el punto de partida.
P.- ¿Sería algo así como un intento por desvelar la hipocresía de las empresas respecto a sus políticas ambientales?
R.- Más precisamente se trataría de determinar si existe esa hipocresía, y para hacer esto no puedes analizar solo la empresa sino que también has de tener en cuenta la cadena total de suministros, desde que se extrae la materia prima hasta que el producto se vende al consumidor.
P.- En Ceuta parece que se está tratando de avanzar hacia un modelo económico basado en empresas de base tecnológica, un sector que implica el uso de infraestructuras que son contaminantes. ¿Qué hemos de esperar de una economía fundada en estos nuevos parámetros?
R.- Yo siempre le pregunto a mis estudiantes: ¿Sabes qué hay detrás de cada búsqueda de ChatGPT en términos de consumo de energía y agua, sabes la contaminación que genera? Porque al final, esa instrucción que tú le das va a un centro de datos, un centro de datos que consume una gran cantidad de agua y una gran cantidad de electricidad, y eso, al final, se traduce en contaminación. La tecnología puede ser muy eficiente para algunos procesos, pero en otros puede resultar también altamente contaminante. Y eso ocurre con las empresas tecnológicas.
Las empresas de juego, que son las que se están implantando en la ciudad, necesitan de sus proveedores centros de datos que les proporcionen “hosteo” para sus servidores, sus aplicaciones. Esos centros de datos son contaminantes. Es verdad que el centro de datos que se está construyendo aquí en Ceuta es uno de los ejemplos de responsabilidad medioambiental porque van a sacar agua del mar y no necesitan estar cambiándola como ocurre con los centros de datos que hay, por ejemplo, en la Península, que sí que hacen un uso más intensivo del agua.
De hecho, disponer de plantas solares y no necesitar energía externa es una gran ventaja. Y si al final terminamos de tener el cable eléctrico que nos conecta con la Península y podemos apagar nuestra central de diésel, pues habremos anotado otro punto más favorable. España es uno de los países que más energías renovables utiliza. Al final vamos dando nuestros pasitos.
Pero ya digo, no todo es tan bonito como decir que somos una ciudad verde, azul y todo esto. No por tener empresas tecnológicas somos más verdes o más azules, la cuestión es de dónde vienen. Es decir, ¿qué necesitan esas empresas? ¿Cuáles son sus centros de datos actuales? ¿Cuáles son sus proveedores de energía? Si eso no es verde, las empresas no son verdes y la ciudad tampoco lo es.
P.- ¿La consigna de la Ciudad de que Ceuta avanza hacia un modelo “azul, verde e inteligente” esconde detrás una realidad sólida o no es más que una cuestión de marketing político?
R.- Yo creo que la iniciativa de la Ciudad es buena. Al final, se trata de buscar un nicho en el que Ceuta pueda ofrecer algo a las empresas que quieran venir. Porque la nuestra es una ciudad muy peculiar. Tenemos poco terreno, tenemos pocas posibilidades para crear industria. Es muy difícil porque no tenemos espacio para ello. Entonces que hayamos acogido a empresas tecnológicas me parece estupendo. Pero mi preocupación reside en la responsabilidad medioambiental de las empresas.
Podríamos preguntarle a estas empresas si comprueban que sus proveedores son responsablesw medioambientalmente. ¿Tus proveedores cuánto carbono emiten? ¿Cuánta electricidad utilizan? ¿La electricidad que consumes viene de proveedores certificados de energía renovable? Si realmente nos queremos vender como una ciudad verde, yo creo que tendríamos también que exigir eso a nuestras empresas, que se certifiquen en esas “isos” que garantizan que se cumplen los protocolos medioambientales. Hacer esto es mucho más fácil para una empresa tecnológica que para una empresa fabricante o que se dedique a cualquier otra cosa.
P.- ¿Cómo observa, en su calidad de economista, este proceso abierto en 2018 por el Gobierno de la Ciudad para atraer empresas tecnológicas a Ceuta?
R.- ¿Empresas tecnológicas o empresas de juego? Es que esa es mi preocupación. Yo no estoy en contra de las empresas de juego, creo que es un sector perfectamente legítimo y no tengo ningún problema con ello. Pero es verdad que si hablamos de empresas tecnológicas, no podemos hacerlo solo de empresas de juego online. Y es que, quitando a estas, no sé qué otras empresas de carácter tecnológico han llegado a la ciudad.
Lo que sí me parece un acierto es la iniciativa del Ceuta Open Future, que trata de promover startups y empresas de base tecnológica. Es una apuesta por el emprendimiento, y por un emprendimiento que es digital, tecnológico. Las empresas de juego están muy bien pero hay que intentar buscar otras. Si tratamos de atraer empresas, primero hemos de pensar qué les podemos ofrecer, aparte de la política impositiva o cuestiones de este estilo.
Por ejemplo, un problema que compartimos las empresas y la Universidad es el de la falta de alojamiento. Ceuta es una ciudad donde los alquileres son muy caros, la infraestructura hotelera es pequeña y tampoco se dispone de una residencia. Aquí, en el Campus, tenemos una residencia pero de muy pocas plazas y no cumple con lo que necesita una residencia universitaria normal. Es lo que venimos reivindicando desde hace mucho tiempo. Si queremos crecer como Universidad, si lo que pretendemos es atraer empresas tecnológicas, gente joven que venga, necesitamos alojamiento. Un universitario recién licenciado no se puede permitir un alquiler de mil y pico euros.
Está muy bien que intentemos buscar empresas, pero tenemos que pensar en que esas empresas tienen que traer trabajadores hasta la ciudad y esos trabajadores tienen que vivir en algún lado. Esa es la mayor necesidad que tiene ahora mismo Ceuta, una necesidad que solo se cubriría si creáramos una gran residencia.
Una residencia subvencionada, en el caso de los universitarios, por nuestra parte, y subvencionada, en el caso de las empresas, a lo mejor por la Cámara de Comercio o la Confederación de Empresarios o a través de cualquier otra fórmula.
P.- ¿Qué ofrecen las nuevas tecnologías al desarrollo de sectores económicos tradicionales como el comercio o la hostelería, actividades de un peso relevante para la ciudad?
R.- La inteligencia artificial, la realidad virtual, el análisis del dato, es decir, el machine learning y el data mining, son herramientas que nos permiten ser mucho más eficientes, más eficaces a la hora de intentar que nuestras campañas de marketing alcancen a nuestro público objetivo. Con inteligencia artificial podemos hacer cosas que antes no podíamos o hacerlas mucho más rápido.
Por ejemplo, algo que podía hacerse en el ámbito del turismo aquí en Ceuta: si la ciudad tiene una historia rica, la mejor manera de ofrecérsela al turista es a través de una recreación hecha con inteligencia artificial. En internet hay vídeos muy buenos que recrean ciudades españolas en época medieval. Una recreación revisada por un historiador de la Ceuta portuguesa, fenicia o bizantina resultaría muy interesante. Te pones tus gafas de realidad virtual y lo ves. Tú vas ahora a la Basílica Tardorromana y está muy bien, pero ¿qué diferencia hay en ello con respecto a lo que puedes encontrar en la Península? Pero si cuando llegas a la Basílica te pongo unas gafas de realidad virtual para ver todo lo que se ofrece allí, el atractivo es mayor.
P.- Ceuta ha vivido en los últimos años una serie de crisis sucesivas que han condicionado y transformado muchos aspectos de la realidad de la ciudad. ¿Cómo ha visto este proceso?
R.- Sí, no solo fue la crisis del covid sino que también hemos ido encandenando situaciones problemáticas. Y ahora tenemos la guerra en Irán, que se traducirá en incremento de precios, como ha sucedido con el conflicto en Ucrania.
Creo que la ciudad ha sobrevivido bastante bien. Nos ha ayudado nuestro estatus y nuestro régimen económico y fiscal. No creo que nadie tenga un régimen fiscal mejor en la Unión Europea. Es difícil de igualar. Y la llegada de empresas de juego online ha servido para dar un empujón a la economía.
Melilla, por ejemplo, lo que ha hecho es apostar por la Universidad. Allí se ha hecho una inversión mucho mayor que aquí, han apostado por la llegada de más estudiantes universitarios y se han dedicado a potenciar esto. ¿Cuál es la mejor opción? Pues hombre, yo soy de la Universidad y por eso diría que apostar por la ella siempre es bueno. Pero es verdad que no puedes depender ni únicamente de la Universidad ni únicamente de la empresa. La Universidad necesita también que haya un tejido empresarial, no solo para que podamos colaborar con investigaciones y aportaciones al tejido social, sino también porque nuestros estudiantes necesitan tener la posibilidad de hacer prácticas en la empresa, necesitan trabajar cuando salen de la carrera.
P.- ¿Existen cauces de comunicación entre la Universidad y la empresa en Ceuta?
R.- Tenemos buenas relaciones con la Cámara de Comercio y con la Confederación de Empresarios. Sin embargo, estamos teniendo un problema para conseguir empresas que quieran estudiantes para hacer prácticas. Me cuesta entenderlo. ¿Cómo no vas a querer a un estudiante informático que te puede hacer cualquier cosa? Porque nuestros estudiantes son muy versátiles, te pueden preparar una página web, te pueden automatizar procesos, te pueden crear bases de datos de tus clientes y proveedores mucho más eficientes…
P.- La Universidad de Granada y la Ciudad son los artífices de la creación de la Cátedra en Inteligencia Artificial y Tecnologías Emergentes para el Bienestar. ¿Por qué resulta necesaria esta iniciativa y que puede ofrecer a Ceuta?
R.- Las cátedras, en general, son muy necesarias. ¿Por qué? Porque su propósito es que alguien externo a la Universidad, ya sea una entidad pública o una empresa privada, pueda servirse de ella para que le aporte un conocimiento, para que le desarrolle alguna actividad o para que le ayude de alguna forma. Y es la mejor manera de que nosotros, como Universidad, nos abramos y transmitamos el conocimiento que generamos.
Lo que consiguen las cátedras es que investigaciones muy potentes que se hacen en la Universidad al final tengan un efecto práctico en la sociedad o en las empresas, que es lo que al final hace que un país avance.
En nuestro caso, lo que estamos haciendo es mantener reuniones con todos los agentes de la ciudad -económicos, sociales, de salud- para ver qué necesidades tienen realmente y cuáles de entre ellas se pueden cubrir utilizando la inteligencia artificial. Estamos sopesando vías de colaboración, viendo de qué manera nuestros profesores pueden investigar y ayudar. Y que nos ayuden a nosotros también. Hay veces que alguien viene con un problema y nos dice, mira, vamos a ver si podemos darle una solución. Esto también es una cosa bidireccional. Nosotros aportamos, pero también recibimos mucho de estar en contacto con la sociedad, porque, al final, si la Universidad está aislada del resto, no hacemos nada.
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