8 DE MARZO
El 'Rey Juan Carlos I' corre por la igualdad
PERFIL
Llega al Parador la Muralla sabiendo que la jornada que le queda es larga. Un café sobre la mesa y una conversación pausada bastan para que aflore una vida entera dedicada a la Educación. José Luis López Belmonte, maestro melillense con más de cuatro décadas de docencia y miembro del Consejo Escolar del Estado desde el año 2000, habla de la escuela con la naturalidad de quien ha pasado media vida en las aulas. Llegó a la ciudad el pasado lunes para participar en la Comisión Permanente del órgano consultivo, pero la charla deriva rápidamente hacia algo más profundo: la enseñanza en lugares con infinidad de peculiaridades como Ceuta y Melilla.
Belmonte conoce bien ese escenario. Nacido en Melilla, desarrolló la mayor parte de su carrera docente allí tras unos primeros años en Málaga. Son más de cuatro décadas de trabajo en la escuela pública y más de dos participando en el Consejo Escolar del Estado, donde ha presentado numerosas enmiendas y propuestas relacionadas especialmente con la normativa educativa de las dos ciudades autónomas.
Una de sus principales reivindicaciones siempre ha sido la creación del Consejo Escolar en Ceuta y Melilla, iniciativa propuesta por Belmonte y aprobada hace años, pero que aún no se ha conseguido poner en marcha con el objetivo de situar a ambas ciudades al mismo nivel que el resto de comunidades autónomas.
La vocación pedagógica lo acompaña desde muy temprano. Solo hace falta hablar unos minutos con Belmonte para darse cuenta. Durante su etapa en Málaga participó en el Movimiento Cooperativo de Escuela Popular y colaboró en la organización de varias Escuelas de Verano que reunieron a miles de docentes andaluces. A partir de ahí, su trayectoria quedó ligada al trabajo colectivo por mejorar la enseñanza.
La conversación avanza entre anécdotas y reflexiones sobre el sistema educativo. Belmonte insiste en que Ceuta y Melilla comparten muchas características que condicionan la realidad escolar.
“Son contextos educativos muy parecidos”, comenta. La diversidad cultural, las desigualdades sociales y la presión demográfica influyen, considera, de forma directa en el rendimiento académico.
Durante años ha defendido la necesidad de abordar esos factores con políticas educativas específicas. La educación intercultural ha sido uno de los ejes centrales de su trabajo académico y sindical. Ha dirigido cursos, publicado varios libros y coordinado investigaciones sobre diversidad cultural en el ámbito educativo.
Entre sus publicaciones figuran estudios sobre aprendizaje del castellano en alumnado de habla tamazight, experiencias interculturales en Melilla o propuestas pedagógicas para trabajar la diversidad cultural en las aulas. Su producción académica se ha presentado en ciudades como Madrid, Málaga o Ceuta y ha sido difundida también en universidades y centros educativos.
Ese interés por la diversidad aparece constantemente en la conversación que mantuvo con este diario horas antes de embarcarse en la primera reunión de la Comisión Permanente del Consejo Escolar del Estado en la ciudad. Aunque era el primer encuentro de ese nivel, Belmonte ha estado en varias ocasiones en esta ciudad autónoma. De hecho, llegó a Ceuta el pasado 26 de enero para recibir un galardón por parte de FAMPA por su “compromiso con la educación pública, cohesión social y formación del profesorado”.
Belmonte explica que uno de los retos educativos -de los muchos que existen desde hace décadas- en ciudades como Melilla o Ceuta tiene que ver con la integración temprana en el sistema escolar. En su opinión, la educación infantil desempeña un papel clave.
“La etapa de cero a tres años es fundamental”, sostiene. El contacto temprano con el castellano facilita la adaptación posterior del alumnado al sistema educativo. Cuando ese proceso no se produce, explica, los chavales pueden incorporarse al segundo ciclo de infantil con desventajas que luego “se arrastran durante años”. Es un hecho que avalan expertos y decenas de estudios relacionados con el tema, aunque admite Belmonte que es un asunto que genera debate e incluso polémica en según qué sectores.
El debate sobre el idioma, reconoce, suele generar incomodidad política, pero considera que la realidad lingüística del territorio requiere “respuestas educativas”. “Hay que facilitar la integración desde el principio”, señala, insistiendo en que la diversidad cultural forma parte de la identidad de estas ciudades y que, sin duda, es algo “muy positivo”.
Vida sindical y fórmula mágica
Belmonte también ha sido una figura relevante dentro del sindicalismo educativo. En 1990 impulsó la creación del Sindicato Autónomo de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza (SATE-STEs) en Melilla, organización que se ha mantenido como la fuerza mayoritaria del profesorado durante más de tres décadas.
SATE-STEs intersindical es de las entidades más activas en el ámbito educativo en Melilla y a nivel nacional. De hecho, durante la Comisión Permanente celebrada en Ceuta fueron uno de los sindicatos que sacaron diferentes enmiendas adelante sobre los puntos que se trataban. Además, cuentan con una extensa red de libros y documentación que arrojan luz sobre las realidades escolares a nivel nacional y, en concreto, en las ciudades autónomas.
Durante muchos años compaginó la docencia directa con la representación sindical y llegó a presidir la Junta de Personal Docente de Melilla. Desde ese espacio participó en debates sobre ratios, infraestructuras educativas o condiciones laborales del profesorado, asuntos por los que a día de hoy siguen luchando desde sus foros.
A pesar de su larga trayectoria institucional, la conversación vuelve una y otra vez a la escuela. Belmonte habla con entusiasmo de proyectos educativos, de publicaciones colectivas y de iniciativas impulsadas por docentes.
Recuerda, por ejemplo, un libro sobre los parques y jardines de Melilla elaborado por profesores de la Facultad de Ciencias de la Educación. Nadie quería editarlo, explica, hasta que finalmente logró publicarse. “Es un trabajo precioso”, comenta.
Ese tipo de proyectos reflejan, según afirma, el compromiso de muchos docentes con su entorno. Para Belmonte, la educación no se limita al aula: también implica conocer la ciudad, su historia y su diversidad cultural.
Durante la charla no aparece ninguna fórmula mágica para mejorar los resultados educativos en territorios como Ceuta o Melilla. El propio Belmonte lo reconoce con franqueza. Pero sí insiste en que existe un camino posible basado en políticas educativas sostenidas en el tiempo, atención temprana al alumnado y reconocimiento de la diversidad cultural. Dando pasos en la buena dirección, sugiere, se deben obtener avances que inviten al optimismo a pesar de que la realidad siga siendo compleja.
Belmonte, sonriente y dicharachero durante toda la conversación, podría pasarse horas charlando acerca de los retos que enfrenta la Educación en España y, en concreto, en ciudades como Ceuta y Melilla. Más allá de los malos resultados crónicos, informes PISA desastrosos o abandono escolar temprano, el docente y sindicalista sí cree en una receta que vaya cambiando de forma progresiva la deriva educativa en estos territorios españoles situados en el norte de África, históricamente abandonados por un Estado que posee las competencias directas en áreas tan sensibles como la Educación y la Sanidad.
Más de cuarenta años después de empezar a enseñar, la vocación de Belmonte sigue intacta. La nostalgia lo delata cuando cuenta que hace poco que se ha jubilado, aunque parece un retiro a medias teniendo en cuenta su actividad sindical y sus participaciones en el Consejo Escolar del Estado allá donde se convoquen. “Quiero dejarle el paso a otros. No quiero suponer un obstáculo para los que vengan”.
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