El patio de hoy, los juegos de siempre
JUEGOS
El Centro Concertado Severo Ochoa ha retrocedido esta semana varias décadas en el tiempo. Durante unos días, y gracias a las cesiones de la época, los alumnos del colegio han podido descubrir la magia de los trompos, el subbuteo, las chapas o las canicas, entre otros.
El Ceuta sacará en el fondo sur, jugando solo con Marcos Fernández en la punta mientra que por detrás Rubén Díez y Youness tratarán de mantener la creación del juego. En la línea defensiva, Carlos Hernández, Anuar Tuhami, Diego González y José Juan Matos tratarán de que el balón no pase mucho por la zona para que Koné y Aisar tengan la opción de hacer daño ofensivamente a un Fútbol Club Barcelona que sale con todo; Lamine Yamal o Fermín López están milagrosamente disponibles de cara al choque con los ceutíes.
No nos hemos dejado llevar por la imaginación, sino que les hemos descrito el planteamiento táctico de un partido real, disputado en algún momento de las últimas horas en el 'Severo Ochoa': un partido de chapas, con las fotografías de cada uno de los jugadores meticulosamente preparadas. A los niños de hoy en día les cuesta trabajo pensar que ese era nuestro FIFA, o que pasábamos horas jugando al fútbol con balones de trapo, al trompo o las canicas, al palé (versión nacional del Monopoly) o con los Geyperman. Alucinan cuando cogemos un album de cromos y les explicamos que el portero de la U.D. Las Palmas batió, al año siguiente (87/88) el récord de imbatibilidad con la camiseta del Ceuta.
Y aunque los cines del mundo vayan a recibir un buen puñado (eso se prevé) de visitantes coincidiendo con el estreno de la nueva adaptación cinematográfica, profesores y visitantes somos los que aleccionamos a los pequeños sobre el mundo de Eternia: aquel en que He-Man y los Masters del Universo buscaban dominar el Castillo de Grayskull. O a jugar con las Mariquitinas. O a los cromos. O volviendo a hablar de fútbol, que si el que iba al remate era Oliver Atom, un corner podía durar tres semanas. O que darles de comer a los Gremlins después de las doce puede resultar más peligroso que Lance Armstrong en una farmacia.
Enrique Ros es el director del centro. "La verdad es que les gusta bastante todo lo que ven. Fue una idea, para que ellos conocieran con lo que jugábamos de niños, con lo que jugaban sus padres". El caso es que "les llama mucho la atención, sobre todo, el trompo, las canicas o los airgamboys". Ros, además, tiene claro que Geyperman era su juguete favorito, y además ensalza "que hay gente, amigos y familiares, que se han dedicado sobre todo y durante estos tiempos previos, a buscar en sus casas o, incluso, a hacer" algunos de esos juguetes.