Acusado de maltratar a su expareja al llamarla “puta” o de amenazarla con “mandarle gente”

VIOLENCIA DE GÉNERO

La denunciante narró en el juicio una historia de control y dominación durante el noviazgo y presuntos episodios de violencia vicaria hacia la hija que tiene en común con el varón procesado

El juez, el fiscal y el biombo de separación del juicio de este miércoles
El juez, el fiscal y el biombo de separación del juicio de este miércoles | S.C.

En la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de Ceuta (plaza número 2) este miércoles tuvo lugar un largo juicio en el que está acusado un hombre — que responde a las iniciales M.R.— del delito de maltrato habitual y de otros ilícitos continuados de amenazas y de vejaciones hacia su expareja, con la que tiene una hija en común y quien según la denunciante sería también víctima de violencia vicaria al recibir un trato durante su infancia “igual” al vivido por ella misma durante el noviazgo: de control y dominación constantes. El procedimiento se practicó en su totalidad durante toda la mañana de este 13 de mayo y quedó visto para sentencia tras la comparecencia de todas las partes implicadas, incluida la descendiente de ambos.

La denunciante ha testificado de manera presencial, mientras que el acusado ha comparecido por videoconferencia desde Valladolid, la ciudad donde reside y donde se fraguó la relación. Una de las diferencias más significativas entre las versiones de ambos implicados es que la mujer dijo que el noviazgo empezó en 2010 y él en 2005, si bien ambos coinciden en que terminó en 2016 tras varias denuncias cruzadas. Los cargos presentados en este juicio se basan en mensajes de WhatsApp y en comentarios que él habría dicho sobre ella, principalmente a la hija que ambos tienen en común, actualmente de 14 años y con la que el varón mantiene actualmente una orden de alejamiento.

Si bien la prueba fue muy completa en cuanto a distintos detalles por los que se acusa al investigado, uno de los principales episodios denunciados se remonta a la Semana Santa del año 2024, en la que estaba previsto que él se quedara en Valladolid con la niña en el marco del régimen de visitas habitual que tenía con la menor.

Según la mujer, su antiguo marido, con el que mantuvo una relación posterior que con el acusado, avisó a este último de que ella tenía la intención de pasar las vacaciones de ese mes de marzo trabajando en Palestina en un voluntariado dentro de un orfanato pero, de acuerdo con la denunciante y “por hacerla sufrir”, el investigado desistió en un último momento de que la hija pasara esos días con él.

Según ambas partes han reconocido, la niña quedó al cargo de su cuidadora habitual en la vivienda que tiene la madre en Ceuta, pero él entendió que la joven “se quedaba sola” porque la niña no quiso pasarle el teléfono a la niñera para que el acusado hablara con ella. El hombre ha dicho que estaba “preocupado” porque no conocía a la empleada del hogar y llamó a la Policía por la supuesta dejación de funciones que estaría haciendo su expareja con respecto a la hija que tienen en común.

“¿Por qué el padre no me llamó a mí? Los primeros que me llamaron fueron los policías. Él no cumplió con su régimen de visitas y sabía perfectamente que me iba de voluntariado”, ha manifestado la denunciante en este sentido, asegurando que todo esto lo hizo para causarle un perjuicio. Esa misma noche en la que la Policía llegó a la casa el padre llegó a hablar con la cuidadora, si bien en el juicio solo se ha practicado la escucha de la segunda conversación, a petición del propio abogado del acusado.

En el primer diálogo las acusaciones defienden que llegó a decirle a “la nana” de la niña que conocía a personas en Ceuta y que podía “mandarle gente”, no solo a la Policía; algo que las acusaciones toman como unas supuestas amenazas directas contra la integridad física de la denunciante.

El resto de la acusación se basa en que la joven, que ha comparecido como testigo, ha reconocido que su padre no solo le sugería que su progenitora tenía comportamientos de “mala madre”, sino que también la insultaba refiriéndose a ella en términos de “puta”, “zorra“, o “guarra”. La mujer ha explicado que durante su noviazgo, que empezó cuando ella era muy joven, él primero la “glorificaba”, pero luego empezó a obligarla a cortar sus relaciones con amigos y familiares, a decirle cómo tenía que vestir y a sugerirle que “quería mantener relaciones sexuales con muchos hombres”.

La denunciante también ha contado que durante la relación el acusado no solo la insultaba recurrentemente, sino que tendía a amenazarla con conductas suicidas y a autolesionarse ante la posibilidad de que ella fuera a cortar con él, tanto con cortes en su cuerpo como con el consumo ingente de medicamentos.

También ha recordado un episodio en el que él la habría encerrado y amenazado con “tirarle una pelota”, si bien no ha hecho referencia a ninguna lesión física. Estos detalles no han sido reflejados ni en la denuncia frente a la Policía ni en su declaración e instrucción, algo que la defensa ha puesto sobre la mesa para descreditar a la mujer en las conclusiones del juicio.

“Te vas a arrepentir. Como estés sola se va a enterar tu madre, que te ha envenenado”

A petición del abogado de la defensa, en el juicio se han escuchado dos llamadas que el acusado mantuvo durante la noche en la que se mostró “preocupado” porque su hija podía estar en casa sola mientras la madre de ella estaba en el extranjero, unas pruebas que no parecen que le hayan hecho un favor a la suerte del procesado a efectos de sentencia tanto por el tono como por el contenido pues, en palabras del fiscal, estuvo “metiendo mierda de la madre” en conversación con ambas interlocutoras.

La primera llamada es con la hija y es prácticamente un monólogo del padre, ya que la joven se limita a negarse a pasarle el teléfono a la niñera.

Él avisa a la joven de que ella se va “a arrepentir”, ya que, “como esté sola”, su madre —quien “la ha envenenado”— “se va a enterar” porque va a llamar a la Policía, en un tono que pocos dudarían en tildar del típicamente utilizado para ejercer chantaje emocional contra una niña, con quien también se muestra decepcionado por ser “maleducada” o “desagradecida”, por no mostrarle interés o cariño, o por no darle “ni un beso o ni un abrazo” en un momento concreto.

La menor, de 11 ó 12 años de edad en marzo de 2024, se muestra silente, si bien al final llega a pasarle el teléfono a la niñera después de que llega la Policía a casa. La primera conversación con la cuidadora sería en la que el acusado amenaza con “mandarle a gente”, pero ha sido la segunda la que ha acabado por reproducirse.

El hombre comienza avisándola con que se puede “meter en un lío”, luego pasa primero a criticar a la niña en los anteriores términos —añadiendo el de “irrespetuosa”— y después se muestra “angustiado” por si su hija se comporta de la misma manera con su progenitora.

“Tú no conoces bien a su madre: mi familia la rompió por irse con él [con el testigo] y ahora ha roto otra familia; esa es tu amiga. Creo que tú haces más que su madre (...); a ver si consigues que la niña empiece a respetarme y a llamarme, que es lo que tiene que hacer: llamar a su padre. Que me trate con respeto, que me lo merezco”, dice al final de la conversación, una idea que ha repetido en el ejercicio de su derecho a la última palabra al final del juicio.

El supuesto “complot” entre el acusado y su exmarido para que la mujer no rehaga su vida

Antes de la denuncia que dio lugar a la apertura del caso, ambos exnovios de la denunciante —tanto la expareja acusada como el posterior marido, ya divorciado de ella—, se habrían puesto de acuerdo en una suerte de “complot” contra la mujer para conseguir la custodia de la menor inmersa en este procedimiento y de las dos niñas más pequeñas que ella comparte con quien luego fue su esposo, algo que ambos hombres han negado: tanto el investigado como el antiguo cónyuge, que ha declarado como testigo en favor de la defensa y con quien también existen procedimientos judicializados.

“Ellos no quieren que rehaga mi vida. Mi hijas y yo somos victimas de dos personas adultas que se centran en mi vida en lugar de en las suyas”, ha manifestado la denunciante, asegurando que su exmarido, que vive en Ceuta, le comunica al acusado “cada paso” que ella da para continuar controlándola.

En la causa se han aportado informes psicológicos y psiquiátricos de ella que describen “un daño psíquico compatible con una historia de abusos y con la dinámica de control” vivida por la mujer, según el fiscal.

También te puede interesar

Lo último

stats