El ‘capo’ del narcotúnel buscó blindar con un socio el control total del pasadizo

JUSTICIA

Las escuchas sitúan a M.C.B. y a A.A. hablando de una sola entrada mensual y de beneficios de hasta 300.000 euros en plena presión policial, tras un golpe en Málaga que frustró el pase de 480 kilos

FOTOGALERÍA: Así es el interior del narcotúnel
FOTOGALERÍA: Así es el interior del narcotúnel | DELEGACIÓN
01 abr 2026 - 15:27

“Mira, uno por mes y ponle precio alto. Coges 300.000 aparte”. Así se dirigía A.A. a su socio M.C.B, considerado el ‘capo’ del narcotúnel y protagonista de la investigación de la UDYCO que ha desembocado en 27 detenidos, toneladas de droga incautada y el descubrimiento del pasadizo que conectaba con Marruecos desde una nave en el Tarajal y por el que pasaban cantidades ingentes de sustancias estupefacientes. La declaración, vía telefónica, ocurre después de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado frustraran en Málaga un pase de 480 kilos de hachís que pertenecían al supuesto líder de la organización. El cabecilla deja entrever durante el diálogo que quiere blindar la infraestructura subterránea para su único aprovechamiento.

En varios pasajes de la investigación se aprecia la intención de ‘capo’ y socio de hacerse con el control total de la infraestructura subterránea para convertirla en una vía clave y exclusiva de entrada de drogas desde Marruecos de forma segura. 

Después del pase frustrado de 480 kilos de hachís en la zona de Málaga que acabó con una detenida, la conductora del vehículo, A.A. y M.C.B. mantienen una conversación en la que lamentan la presión policial y en la que surge el asunto del narcotúnel. 

A.A. llega a plantearle a M.C.B. una sola entrada mensual, bien organizada y con un precio elevado que podría dejarles grandes cifras de beneficio. Según la investigación de la UDYCO, el socio habla de 300.000 euros de margen, un dato que se interpreta como la prueba de que estaban proyectando una explotación regular de esa vía, no una utilización ocasional.

Este diálogo supone, a juicio de los investigadores, que ambos hablaban en términos de explotación, rentabilidad, seguridad y monopolio, en referencia a cuántas entradas debían hacerse, cuánto dinero podría dejar el pase y qué hacer si terceros se aprovechan de esa vía al margen de ellos. “Te juro que los reviento. Me volvería chivato y no les dejaría trabajar”, llega a insinuar el ‘capo’ del pasadizo.

La evidencia parece aún mayor cuando A.A. le pregunta a M.C.B. por la salida de las sustancias ilícitas. La respuesta, según las escuchas, es clara: “En las naves”. Para los investigadores, esa referencia es especialmente relevante porque conecta con la infraestructura hallada en el entorno del Tarajal y con la idea de que la droga podía entrar desde una vivienda en territorio marroquí y terminar aflorando en uno de los locales del Polígono del Tarajal. 

Antes y después aparecen menciones a casas, distancias, accesos y puntos de salida. En otro momento, M.C.B. llega a decir que entre una vivienda y otra había apenas “1 metro, 1 metro entre ellos”, mientras A.A. insiste en saber “dentro dónde sale” la mercancía. La respuesta vuelve a ser la misma: “En las naves”.

Los agentes interpretan en todo momento que ambos hablan del pasadizo ya operativo o, al menos, listo para comenzarse a utilizar. Además, sugieren, fruto de las conversaciones, que quieren servirse de él y, sobre todo, que otros no lo hagan. 

“No puede ser que unos trabajen y otros no”

En un tramo de la conversación entre el ‘capo’ y A.A., el socio expresa que otros supuestos traficantes habían introducido por dicha vía 500 kilos hacía unos días. “No va a ser que uno trabaje y otro no”, sostiene. A ojos de la Policía, esa queja refleja que el pasadizo no solo era visto como una herramienta logística, sino como un activo estratégico cuyo uso debía quedar restringido.

Sobre este comentario de A.A., el ‘capo’ se muestra aparentemente molesto y lanza una advertencia. “Te juro que los reviento. Me volvería un chivato y no les dejaría trabajar”. Esta frase se interpreta como una voluntad de exclusividad: no quería compartir esa vía de entrada ni tolerar que terceros la usaran sin contar con él.  

Del diálogo entre ambos se extrae que eran conscientes del momento de presión policial por el que pasaban, por lo que con ese nivel de vigilancia, cualquier movimiento mal medido podía llevarlos a la cárcel. “Si coges una sola unidad de alguien en esta entrada, irás a prisión”. La lectura que hacen los investigadores es que ambos eran conscientes de que se movían en un escenario de riesgo elevado y que precisamente por eso querían ordenar esa infraestructura de forma mucho más cerrada y rentable. La idea, pasar droga menos veces, pero con un gran beneficio.

Todo esto ocurre, además, después de varios golpes policiales que habían complicado seriamente la operativa del grupo. El sumario sitúa estas conversaciones en un momento en el que la organización venía de sufrir pérdidas importantes. En ese contexto, la infraestructura subterránea ganaba valor como una alternativa más segura y, al mismo tiempo, como una fuente de negocio que no estaban dispuestos a dejar en manos ajenas.

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