Condenado por unos tocamientos sexuales a una niña de 12 años

ABUSOS A MENORES

El acusado, que ha terminado reconociendo el delito, tenía 19 años en abril de 2024, cuando intimidó a la amiga de su prima en la casa de la abuela de ambos familiares

El tribunal y las acusaciones en el juicio de este miércoles.
El tribunal y las acusaciones en el juicio de este miércoles. | S.C.

Un joven de ahora 21 años, M.A., ha terminado por reconocer que había realizado una serie de tocamientos sexuales en abril de 2024 a una compañera de instituto y amiga de una prima suya. Ambas muchachas contaban con 12 años en el momento de los hechos, que consistieron entre más detalles en haberle “tocado el culo” y también por debajo de la camiseta. En ese momento el acusado tenía 19 años, y finalmente ha sido condenado a un año de prisión, una pena que ha sido suspendida durante los próximos dos años con varias condiciones, entre otras una indemnización de 600 euros. La prueba se ha practicado en su totalidad antes del acuerdo entre las partes, que ha rebajado la sentencia firme impuesta y ha permitido que el joven no entre entre rejas.

Podía percibirse una gran tensión en la sala de vistas de la Sección VI de la Audiencia Provincial en Cádiz, con sede en Ceuta, en la mañana de este miércoles. La denunciante, que actualmente tiene 14 años de edad, entraba primero con sus padres pero era informada de que no tenía que volver a declarar y que su prueba testifical en instrucción sería reproducida en sala, en la pantalla del visor.

Se iban los tres, si bien su madre debería volver como testigo varios minutos después. Entretanto entraban en sala los familiares del acusado y el propio varón.

La primera en practicarse fue la testifical de la denunciante, practicada como prueba preconstituida. La muchacha narraba, en un serio interrogatorio, que durante la tarde del 2 de abril, en pleno Ramadán del año 2024, se quedó a hacer los deberes en la casa de la abuela de una compañera de clase de su misma edad, donde finalmente acabaría primero rompiendo el ayuno (celebrando el Iftar) y luego durmiendo esa noche. En su denuncia consta que ella no conocía en ese momento al acusado, que se presentó antes durante esa tarde y que en ese momento le habría tocado la espalda “por fuera de la ropa”, como haciéndole un masaje.

Luego el acusado se iría de la casa a rezar a una mezquita, para luego volver poco antes de la ruptura del ayuno. Después, entre las 00.00 y las 2.00 de la madrugada del día 3, ambas niñas se encontraban en un cuarto tumbadas en la cama viendo una serie. De acuerdo con la denunciante, él entró en el dormitorio y, aprovechando que su prima salía momentáneamente, el joven le habría ofrecido que durmiesen juntos y también que lo besara, si bien ella se negó. Durante este encuentro también le habría tocado por dentro de la ropa sin llegar hasta sus pechos por propia petición de ella, y finalmente le habría “tocado el culo”. Días más tarde la chica se percataría de que el denunciante iba al mismo instituto que ella, pero que él cursaba Segundo de Bachillerato.

En la prueba preconstituida el abogado de la defensa le insiste a la denunciante de que antes de los hechos más graves ella había vuelto a casa a coger un pijama, a lo que la niña le responde que “no podía imaginarse” lo que iba a pasar luego y que en ese momento no se sintió “intimidada”, una emoción que luego sí experimentó.

“Ella no puede ni oír hablar de él, entra en modo pánico”

Ya de manera presencial, la madre de la denunciante ha arrojado un poco más luz a los hechos, a partir de lo que le fue narrado a la progenitora el día 16 de abril. Esa mañana su hija la llamó sobre las 9.00 horas relatándole que el primo de su amiga la había “tocado” la noche de autos y que “todo el instituto” lo sabía. Esa tarde, juntas, irían a poner la denuncia, pero primero la mayor fue a recoger a la menor al colegio tras ser avisada de la presencia del varón allí.

La madre también ha relatado que su hija ha precisado de un tratamiento psicológico de “meses”, así como que no puede “ni ver” al varón por “miedo”. “Ella no puede ni oír hablar de él, entra en modo pánico”, ha expresado en este sentido.

Una profesora de Plástica de ambas alumnas fue conocedora de los hechos muchos días antes, el lunes siguiente a la noche de los supuestos tocamientos. Vio a la denunciante llorando en clase, la sacó y le preguntó el motivo. En su declaración como testigo también ha relatado que le extrañó que ambas niñas se sentaran ese día tan lejos, y que parecían enfadadas a pesar de ser amigas. Otro profesor fue conocedor del suceso pero, según la madre, ambos docentes querían que fuera la adolescente quien “diera el paso” de contárselo a la progenitora.

También han testificado la prima del acusado y compañera de clase de la víctima, así como otro primo de ambos, quien en ese momento tenía 17 años y también se encontraba en la casa. Ambos parientes han negado en todo momento que hubiese pasado cualquier delito y han asegurado constantemente que cada uno se mantuvo cerca “en todo momento” de su acompañante; el varón con el otro y la amiga con la denunciante.

Tensión hasta el final

La estrategia de la defensa a lo largo del juicio y antes de que el acusado reconociese los hechos había sido la de intentar exponer las contradicciones entre la denuncia y las declaraciones de la madre y de la profesora, si bien no ha surtido efecto. Cuando su cliente estaba a punto de comenzar a declarar, el letrado pidió un receso para ofrecerle una última oportunidad de aceptar la oferta de la Fiscalía a cambio de una conformidad.

Aún quedaría una media hora de más tensión, de llantos y de lágrimas. En un primer momento la familia no se mostraba por la labor de que el joven aceptase los cargos, pero finalmente todos entraron en razón tras la prueba practicada y por la posibilidad, en caso de negarse a reconocer los hechos, de que el joven fuera encarcelado.

La Fiscalía solicitaba, en un primer momento y sin acuerdo entre las partes, más de dos años de prisión por la comisión de un delito de agresión sexual a una menor de 16 años, una pena que implicaría su entrada en prisión. Finalmente el Ministerio Público ha modificado la gravedad del ilícito, que ha pasado a considerarse “de menor entidad” y a ser penado con solo un año de cárcel.

Las penas anexas son una indemnización de 600 euros por los daños morales causados, una orden de incomunicación y de alejamiento a 100 metros con respecto a la víctima durante tres años –a contar desde que fue impuesta como medida preventiva, en abril de 2024-, dos años de libertad vigilada posterior a la sentencia de cárcel y dos años de inhabilitación especial para trabajar con menores y de privación de la patria potestad por el mismo tiempo.

La sentencia de prisión ha quedado suspendida durante los próximos dos años con la condición de que no vuelva a delinquir en este periodo, que respete la orden de alejamiento y que abone el importe de la responsabilidad civil.

También te puede interesar

Lo último

stats