Se enfrenta a la expulsión a Marruecos por el robo de una máquina de afeitar y resistirse a su detención
TRIBUNALES
Al acusado se le imputa un delito de atentado contra la autoridad, otro de lesiones y un intento de hurto. Otra investigada, también migrante en situación irregular, trató de salir del Carrefour escondiendo el objeto sustraído debajo del pantalón
Ceuta/ Un varón marroquí en situación administrativa irregular en España y que cruzó la frontera durante la entrada masiva —H.E.— se enfrenta a la expulsión al país vecino por el robo de una maquinilla de afeitar en un Carrefour de Ceuta y por resistirse una vez que la Policía Nacional lo iba a introducir en un vehículo oficial para su traslado a la comisaría. Otra muchacha migrante más joven, de 18 años y que responde a las iniciales A.A., también está acusada de un delito de hurto en grado de tentativa porque pasó por las cajas del supermercado con el objeto sustraído escondido y sin haberlo pagado, según ella misma ha reconocido en el juicio celebrado este jueves por parte de la magistrada de la plaza número 1 de la Sección de lo Penal del Tribunal de Instancia de la ciudad autónoma, quien ha dejado el procedimiento visto para sentencia en la misma mañana.
De acuerdo con la información que ha trascendido durante la celebración de la vista, los hechos ocurrieron en el Carrefour del Centro Comercial Parques de Ceuta durante la última semana de agosto, casi un mes después de que más de 80.000 personas cruzaran la frontera de Marruecos hasta Ceuta. Según ha relatado un vigilante de seguridad que ha declarado como testigo, desde las cámaras del establecimiento los empleados observaron que un grupo de personas metía en un carro varios objetos de la sección de Electrodomésticos del establecimiento, así como que luego empezaron a dar varias vueltas por los pasillos del supermercado.
Uno de los varones habría roto la caja de uno de los productos, en concreto la de la referida máquina de afeitar, dejando el envoltorio tirado en uno de los pasillos. Cuando el grupo pasó por la caja, el varón acusado pagó otros enseres, tras lo que fue retenido y cacheado. Sin embargo, en lugar del hombre, fue una muchacha marroquí la que llevaba el objeto sustraído debajo de su pantalón.
Los empleados del establecimiento llamaron a la Policía Nacional, que se personó en el lugar, se entrevistó con los trabajadores y procedió al traslado del detenido a la comisaría. Según el vigilante, el acusado no opuso resistencia durante el primer cacheo, pero sí que intentó huir de los agentes. De acuerdo con el testimonio de uno de ellos, justo antes de introducirlo en el vehículo oficial, H.E. le dio “un empujón” en el pecho que lo hizo perder el equilibrio y llegar a caerse.
El investigado salió corriendo unos 25 metros hasta que los policías pudieron darle alcance, y opuso resistencia ya en el suelo antes de ponerle las esposas. El mismo agente sufrió una lesión leve en una mano por la que reclama una indemnización, si bien ha precisado ante las preguntas del fiscal que la resistencia del detenido fue “la normal” y que él no recibió patadas ni puñetazos. Tras el arresto y su paso a disposición judicial, el procesado cumple prisión provisional por estos hechos.
El representante del Ministerio Público ha preguntado también a los acusados por estos últimos extremos, que constituirían una agresión más grave y harían elevar la pena sustancialmente, así como provocarían la expulsión del investigado.
La muchacha ha manifestado que ella se limitó a coger la maquinilla a petición de uno de los varones, y el acusado ha jurado que solo intentó escapar y ha dicho que él “nunca” atacaría a un agente de la autoridad. Para sustentar sus versiones, ambos han indicado que el establecimiento cuenta con cámaras de seguridad.
¿Atentado o resistencia?
La Fiscalía solicita un año y un mes de prisión para el varón por un delito de atentado contra la autoridad, así como una multa de un total de 360 euros —cuatro euros diarios a pagar durante tres meses— por un ilícito leve de lesiones y otra multa de 80 euros por el hurto en grado de tentativa. La joven se enfrenta a la misma pena por este último delito.
El Ministerio Público considera que el primer empujón que recibió el agente es lo que convierte la resistencia activa del acusado en un delito de atentado, y pide conmutar la pena por su expulsión a Marruecos y por una prohibición de entrar en el país durante los próximos tres años.
La defensa, por su parte, ha solicitado una sentencia absolutoria para la acusada porque entiende que solo guardó el objeto robado a petición del otro, y ha pedido que la jueza considere el forcejeo del varón como un delito de resistencia provocado por el “típico miedo” que tiene un migrante ante la posibilidad de ser detenido y expulsado del territorio nacional, en referencia a las propias palabras del agente agredido.