La “misión” de la red del narcotúnel: matar al “chivato” del vídeo
NARCOTÚNEL
Una conversación intervenida por la UDYCO atribuye a Y.S.H. la búsqueda de “soldados” para “quemar” a H.T.B., el detenido en la operación en la que se halló el primer pasadizo y cuya declaración fue grabada, difundida y considerada traición por el cabecilla
—¿Tienes algún soldado en tierra o no?
—¿Por qué?
—Hay una misión.
El extracto de esta conversación captada por la UDYCO en la investigación que desembocó en el narcotúnel situado en una nave del Tarajal, que conectaba con Marruecos y por el que pasaban grandes cantidades de droga refleja que la red criminal ofrecía dinero por asesinar a un joven al que consideraban “chivato”. El individuo que querían eliminar era H.T.B., detenido en la operación de la Guardia Civil que descubrió el primer pasadizo y cuya declaración fue grabada, difundida y considerada traición por el cabecilla.
La conversación telefónica evidencia que Y.S.H., miembro de la organización y en contacto directo con el líder, pide precio por la cabeza de H.T.B. a H.M.A., alias ‘Grana’, un hombre con antecedentes por “delitos muy graves” contra las personas y al que la UDYCO sitúa en ese momento en la órbita de la red. Lo que empieza como una charla entre dos conocidos deriva, a ojos de los agentes, en algo mucho más serio: la búsqueda de ejecutores, la valoración del precio y el diseño de un posible ataque.
“Un hijo de puta, un chivato. Pagan para quemarlo, al hijo de puta”, dice Y.S.H. ‘Grana’ lo corta para precisar de quién está hablando: “Despacio, ¿quién es este?”. Y la respuesta identifica, según la transcripción policial, al objetivo: “El maricón ese, H.T.B., que salió en la televisión hablando”.
La UDYCO enlaza esa referencia con H.T.B., el detenido cuya declaración audiovisual empezó a circular cuando fue detenido por la Guardia Civil tras el hallazgo del primer túnel y que, según la tesis de los agentes, quedó señalado dentro del entorno narco como alguien que estaba “hablando”. La lectura que hacen los investigadores no es la de una bravata aislada, sino la de una secuencia de represalia contra quien el grupo veía como un confidente.
“Yo decidí colaborar en ese momento, cuando estábamos. Yo decidí colaborar en el cuartel de la Guardia Civil con la capitana jefe. Estuvimos hablando de la Guardia Civil del Puerto, los mecánicos y de la manera que entraba la mercancía a Ceuta. Era R.G. el componente de la Guardia Civil del grupo de mecánicos, que era el que llevaba las riendas de todos los guardias civiles. Él nos facilitaba los días que podía trabajar y cualquier información rara del Puerto”, declaró ante el tribunal H.T.B., el supuesto chivato, que más adelante hizo mención al túnel.
La gravedad del diálogo aumenta todavía más cuando H.M.A. no solo no se desmarca, sino que entra de lleno en la logística del encargo. “Ah, ese. Tiene un buen golpe”, responde. Y cuando Y.S.H. insiste en que “el tío paga dinero”, el otro remata: “Llegaremos a un acuerdo con él”. Para la UDYCO, esa frase revela que sobre la mesa no hay solo rabia, sino una negociación incipiente sobre la posibilidad de ejecutar el ataque a cambio de dinero.
Instantes después, H.M.A. verbaliza con total claridad que dispone de gente para hacerlo: “Tengo diez. Solo trae para ver cuánto dinero para darles a los chicos”. Según los agentes, esa afirmación sitúa a H.M.A. como la pieza capaz de organizar materialmente el atentado mediante terceros a sueldo.
La conversación mantiene esa línea. Y.S.H. le insiste: “Es para hablarlo con el hombre”, una frase que la Policía interpreta como referencia al escalón superior que estaría detrás de la iniciativa. Concretamente M.C.B, el cabecilla señalado durante toda la investigación y quien ya había expresado su deseo de hacer que "el chivato" no fuera "a vivir mucho más". La contestación de H.M.A. muestra que ambos son conscientes de la magnitud de lo que están tratando: “Que no salga de aquí porque nos la jugamos”.
En otro momento, H.M.A. incluso presume de la capacidad de daño de sus hombres y del calibre del encargo que podrían asumir. “Si hay buena pasta, le hago un arreglo, un anillo tremendo”, dice. Cuando Y.S.H. le pregunta “¿Cuál es su precio?”, el otro no rechaza la propuesta, sino que vuelve a poner el foco en el dinero. Y en medio de ese intercambio, ambos llegan a bromear con una “oferta”, antes de que H.M.A. corte el tono jocoso para subrayar: “Esto es en serio, hermano”.
“Pues cobraba un dinero u otro. Pues entre 70 y 100.000 euros. Por ejemplo, el camión que cogieron en Marbella, 70.000 euros. Otros camiones que cogían más cantidad, 100.000 euros. (...) Aparte de la mercancía que entraba por la frontera del Tarajal, le dije que había otro método de entrada y que era por un túnel y estaba en el polígono del Tarajal. Entonces me dijo que cuál era la nave exactamente. Yo no le dije exactamente la nave, pero sí la calle. Le dije a partir de la 4.ª última, tiene que ser una de las cuatro últimas, las que más conectaban a la verja, más cerca de Marruecos y de las casitas que hay ahí”, explica desvelando el pasadizo el supuesto chivato en su declaración ante el Tribunal.
La UDYCO da por acreditado en distintos pasajes del sumario que Y.S.H. actuaba habitualmente como intermediario de M.C.B., el presunto jefe de la red, en operaciones relacionadas con el tráfico de hachís. Por eso interpreta que, también en este caso, Y.S.H. no estaría moviéndose por libre, sino trasladando a H.M.A. una propuesta que vendría “del hombre”, es decir, del escalón superior del grupo y jefe del narcotúnel. Es decir: el mismo engranaje jerárquico que el sumario atribuye al tráfico de droga se habría puesto, supuestamente, al servicio de un delito contra la vida.
El sicario
El perfil de H.M.A. refuerza esa interpretación. La Policía subraya que acumula antecedentes por homicidio, asesinato, tenencia ilícita de armas, amenazas y otros delitos violentos, además de una condena por asesinato con alevosía. Para la UDYCO no se trata por tanto de un personaje periférico, sino de alguien con experiencia en violencia extrema y con capacidad real para poner gente en la calle.
No están describiendo en el sumario una simple fanfarronada entre traficantes molestos por un vídeo, sino una posible conspiración. De hecho, el propio oficio policial deja constancia de que se solicitó ampliar la investigación hacia un delito contra la vida e integridad de las personas al apreciar un “delito incipiente de conspiración para el asesinato”.
Este diálogo, que aparece en las últimas páginas de la investigación de la UDYCO, refleja cómo, al menos en una ocasión, la red dio un paso más allá del tráfico de estupefacientes. Maniobraron, supuestamente, con la misma mecánica jerárquica, pero esta vez para tratar de cometer un asesinato por sentirse traicionados.