Pánico por 480 kilos de hachís incautados en Málaga, una detenida y un escolta armado

NARCOTÚNEL

La UDYCO atribuye al supuesto cabecilla del narcotúnel al menos parte de la propiedad de la droga intervenida en una furgoneta en noviembre de 2025, además de la coordinación del transporte. Y.S.H. llegó a admitir que portaba dos pistolas mientras seguía de cerca el vehículo en el que iba la conductora

La Mercedes Vito con la droga incautada a finales de noviembre 2025.
La Mercedes Vito con la droga incautada a finales de noviembre 2025. | E.P.

“Eso tiene que ser un chivatazo”. Las horas frenéticas después de la detención a finales del pasado noviembre de una mujer que conducía un Mercedes Vito en la A-7 de Málaga —a la altura del túnel de Churriana— en el que la Policía Nacional encontró 480 kilos de hachís pusieron de relieve la coordinación entre el cabecilla del narcotúnel, M.C.B., y su ‘lugarteniente’ Y.S.H. para asegurar el pase. La tensión en las comunicaciones posteriores entre los dos supuestos miembros de la red se palpa en unos diálogos recogidos por la investigación de la UDYCO que reflejan que el individuo de escalafón inferior escoltaba el vehículo con la carga, pero también que consiguió evadir a los agentes. “Me veía en prisión. Tenía dos clavos escondidos”, expresó al líder, en referencia a un par de armas de fuego según el sumario.

Siguen trascendiendo escenas recogidas por la investigación de la UDYCO que ha acabado con el hallazgo la semana pasada de otro narcotúnel que conectaba Marruecos y Ceuta y por el que se introducía droga en Europa. Uno de los episodios que muestra el sumario es el de la aprehensión de 480 kilos de hachís en una furgoneta interceptada en Málaga a finales de noviembre de 2025. Según se interpreta, este descubrimiento permitió extraer el funcionamiento de uno de los transportes de la organización y, sobre todo, reforzó la idea de que el supuesto ‘capo’ —M.C.B.— orquestaba desde arriba mientras Y.S.H. actuaba como enlace, supervisor y escolta de la carga.

Todo comenzó una madrugada de finales de noviembre, cuando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado montan un dispositivo de vigilancia en torno al domicilio de B.B. en la Costa del Sol. Los agentes localizan un Dacia Duster y de forma sigilosa siguen sus movimientos hasta llegar a un recinto en el que este coche aparca junto a una furgoneta Mercedes Vito blanca. Poco después se suma Y.S.H. a bordo de una Volkswagen Multivan gris. Comienza el ‘convoy coordinado’ entre tres vehículos que acabaría en desastre.

Llega un momento en el que la ruta de los investigados llega a Villablanca (Huelva). Allí, la mujer que conducía la Vito la deja estacionada en una calle y se aleja a pie. Minutos después, Y.S.H. deja su coche en otro punto y se dirige andando hacia la zona con una bolsa blanca. La investigación interpreta que coincide con otra entrega dos días antes por S.D.M. y que contendría 50.000 euros. La UDYCO sostiene que Y.S.H. accede con ella al garaje donde se introduce la furgoneta y que sirve para financiar o cerrar el pase. 

Los agentes no pudieron ver qué ocurría dentro del local, aunque media hora más tarde los vehículos vuelven a salir en caravana, lo que se interpreta como que existe la posibilidad de que la furgoneta haya sido cargada allí con sustancia estupefaciente. 

“Hay ruina”

El viaje transcurría con normalidad para los supuestos traficantes en su regreso a la Costa del Sol hasta que la Policía decidió pasar a la acción. Varios agentes dieron el alto a la Mercedes Vito en la A-7, a la altura del túnel de Churriana. Al inspeccionar el vehículo, encontraron “fardos de sustancia vegetal marrón; al parecer, hachís”. En total: 480 kilos. La conductora del vehículo fue detenida en el acto, pero los ‘escoltas’ continuaron su camino sin problemas ante su estupefacción, mostrada en los diálogos posteriores.

Los investigados reaccionan en tiempo real, lo que convierte esta parte del sumario en una escena tensa en la que muestran pánico, paranoia y decepción por la cantidad de droga perdida. El primero de ellos es Y.S.H., que llama de inmediato al cabecilla. 

“Hay una ruina porque la Policía acaba de detener a la mujer (...) Esto tiene que ser un chivatazo”, exclama el individuo todavía con el miedo en el cuerpo. Según las conversaciones con el líder, Y.S.H. iba justo detrás de la furgoneta interceptada. De hecho, hasta se permitió el lujo de grabar un vídeo de la escena. El ‘lugarteniente’ repite una y otra vez que aquello no podía ser casual

Una vez alejado del lugar de la incautación en la que estuvo a punto de ser descubierto, Y.S.H. queda en persona con M.C.B., episodio que ocurre en el interior del Mercedes del cabecilla también grabado y recogido en la investigación de la UDYCO gracias a las sonorizaciones. En ese encuentro ya no solo habla de la detención, sino de su papel en el transporte. “La escoltaba, no me separaba de ella”. 

En esa misma conversación, Y.S.H. incluso admite, según los investigadores, tener dos armas de fuego. “Ya me veía en prisión, llevaba dos clavos escondidos”, le confesó. La interpretación de la UDYCO es que esos “clavos” son pistolas que llevaba encima como medida de seguridad durante el pase. No solo supervisaba, protegía.

Mientras Y.S.H. contaba la escena de pánico que vivió durante la detención, M.C.B. dejaba entrever en sus diálogos que era el responsable directo de los 480 kilos perdidos. En otra conversación explica a un interlocutor lo ocurrido: “Doce cajas de 40 (...) Luego de pagado el transporte y todo (...) La he trabajado bien”.

La escena deja poco margen a la interpretación. Si M.C.B. no era el propietario de la droga, al menos tenía una responsabilidad directa sobre ella, aunque el traslado lo ejecutaran otros escalones de la organización que lideraba. 

Nervios: “La chica no me conoce, pero me ha visto”

Y.S.H. realiza tras la incautación varias llamadas a individuos con iniciales B.B. y N.A.A., además de a otros desconocidos para tratar de averiguar si hubo un ‘soplo’, vigilancias previas o algún dispositivo oculto en la furgoneta. No obstante, este último aspecto parece descartarlo. “Los guaris pusieron un inhibidor en la furgoneta y le pasaron la raqueta”, aseguró, acreditando según los investigadores que conocían los métodos policiales. 

Cuando ya todo ha pasado, Y.S.H. también muestra una seria preocupación por el destino de la mujer detenida en el operativo. De hecho, repite varias veces que le ha visto la cara, algo que inquieta al individuo. “La chica no me conoce, pero me ha visto”. A partir de ahí, el objetivo es encontrarle un abogado para defenderla, pero con la idea de conocer de primera mano su versión y minimizar los posibles daños posteriores.

Por último, siempre según las escuchas, Y.S.H. y M.C.B. hablan del “reparto de la pérdida”, por lo que los investigadores deducen que la mercancía no pertenecía solo al lider aunque éste asumiera el control. Hablan de un “rifeño” que poseía varias cajas. Ese rifeño se asocia a A.A., alias ‘el holandés’ y uno de los socios principales del cabecilla. 

De este golpe de 480 kilos surgieron momentos de miedo, pánico y tensión entre los investigados, que mantuvieron conversaciones para evaluar qué había pasado y cómo había sido el operativo, entrando uno de ellos, Y.S.H., en un evidente estado de alerta por un posible chivatazo de la única detenida que lo delatara.

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