La supuesta usurpación de una casa, “una paliza” a un señor mayor y dos familias enfrentadas
TRIBUNALES
Un total de 12 personas se sentaron en el banquillo este jueves por protagonizar episodios vecinales violentos en la barriada del Recinto Sur a principios de 2024
Ceuta/ “Señoría, aquí lo que hay es una obra que ocupa parte de una casa y a raíz de ahí la familia va a por él y se forma lo que se forma”. Así resumió en sus conclusiones el fiscal Salvador Díaz Peinado al magistrado titular de la plaza número 2 de la Sección Penal del Tribunal de Instancia de Ceuta, Miguel Ángel Cano, la última audiencia pública de la temporada judicial celebrada este jueves en los juzgados del edificio Ceuta Center.
Un total de 12 personas se han sentado este 23 de julio en el banquillo por una supuesta usurpación de una vivienda que enfrentó a dos familias y que terminó con una presunta y “brutal” paliza a un señor de más de 70 años.
No obstante, tras practicarse el procedimiento al completo, que ha acabado visto para sentencia, el Ministerio Público terminó retirando la acusación para cuatro de los investigados por falta de pruebas.
Los hechos se remontan al 7 de enero de 2024 y tuvieron lugar en la barriada del Recinto Sur. Se produjo una disputa verbal y también física que duraría al menos una hora hasta que llegó la Policía. A partir de las 21.30 horas del día de autos, cuatro mujeres de la familia con más personas acusadas habrían escuchado ruidos en la parcela en la que vivía la abuela de dos de estas investigadas y madre de las otras dos.
A partir de ahí, según su declaración, las mujeres consiguieron acceder a la casa de la abuela, si bien la discusión transcurrió principalmente “en la calle” o en todo caso en el rellano de la vivienda del señor mayor. En algún momento encontraron a este vecino cuyo nombre de pila comienza con la inicial A., quien luego denunció lesiones que consistieron en la “ruptura masiva” del manguito de su hombro izquierdo y en un pinchazo posiblemente provocado por un objeto punzante en el otro brazo, que acabó sangrando según varios testigos.
La acusación se dirigía principalmente sobre la que podría denominarse ‘la familia de la abuela’, de la que se han sentado en el banquillo las cuatro mujeres implicadas y dos varones más. No obstante, estos investigados acusaron a su vez a cinco miembros de la familia del señor de más de 70 años de los supuestos delitos de amenazas, lesiones y también de la referida usurpación de la vivienda.
‘La familia de la abuela’
Según el testimonio de esta parte, las mujeres “pidieron explicaciones” a A. porque había un muro recientemente construido en la habitación de sus abuelos, con “cemento aún fresco” que la familia con un mayor número de acusados intentó derribar al menos con una pala y con algún objeto contundente que habrían cogido del material de construcción.
Las explicaciones del hombre habrían sido, según la mayoría de acusados, que otro vecino le había vendido esa parte de la casa de la otra familia; vivienda colindante y que habría intentado anexionarse haciendo las obras. Sin embargo, nadie más —ni la otra familia ni el vecino en cuestión, que ha declarado como testigo— ha respaldado esta versión de la supuesta venta del terreno.
La respuesta de ‘la familia de la abuela’ ante la supuesta usurpación del dormitorio en cuestión, según la otra parte, habría sido darle “una brutal paliza” a A., que incluiría al menos un golpe con una barra metálica.
Ninguno de los acusados de las principales lesiones han contestado a las preguntas de la Fiscalía ni del abogado de la otra familia.
La familia de A.
La declaración de A., el señor de 70 años, no ha sido muy concluyente, si bien se ha limitado a mostrarse víctima de la supuesta agresión grupal vehementemente. Su hijo, para quien el Ministerio Fiscal ha mantenido la acusación al término del juicio por supuestas amenazas y lesiones en respuesta, ha insistido en pedir “justicia” para su padre. La familia de A. denuncia también que la otra “reventó” dos puertas y unos contadores de la vivienda del afectado, lo que implicaría además de varios delitos de daños.
Además, defienden que en la parcela colindante “no vivía nadie” porque es “inhabitable”. Ninguno de los declarantes ha reconocido haber construido el tabique que dio origen al conflicto, pero A. sí que ha manifestado que ‘la familia de la abuela’ “quiso hacer la justicia por su mano”; lo que constituye una contradicción por su parte al no parecer haber móvil para las lesiones que le imputa a los otros.
La cuestión de la legitimidad de las propiedades será una de las principales a efectos de sentencia y necesariamente tendrá que ser resuelta a través de pruebas documentales porque la mayoría de los declarantes han dicho que en la barriada “hay gente que tiene papeles de su casa y otra que están luchando por ellos”.
Testigos, policía y médico
Por su parte, los testigos, vecinos de la barriada propuestos por la defensa, no han aportado mucha más información relevante.
Se ha puesto en entredicho por ambas partes tanto que la abuela viviera en la parcela presuntamente usurpada como que A. habitara la colindante, y esta última duda la han alimentado varios de los testigos.
Otra de las dudas manifestadas por la defensa y por una de las vecinas es que la lesión en el hombro del señor mayor se debiese a una caída durante la trifulca, si bien parece que el tropiezo solo llegó a verlo esta mujer, para la que el abogado de A. ha pedido deducir como falso su testimonio al final de la vista.
Sobre la lesión del hombro también se pronunció uno de los policías nacionales que acudió al lugar a poner orden, quien ha recordado que “allí nadie pidió asistencia médica”, si bien la médico forense que ha examinado los informes ha zanjado esta cuestión afirmando que “muchas veces se diagnostican lesiones severas pasadas las horas porque en caliente las cosas no duelen”.
El éxito de la defensa pasa por demostrar la supuesta usurpación
Después de más de cinco horas de juicio y antes de las conclusiones de las partes el fiscal ha excluido de su escrito de acusación a un varón de ‘la familia de la abuela’ y dos mujeres y un hombre de la de A., así como ha reconocido que “no hay pruebas periféricas” que respalden las amenazas que se denunciaron.
Los abogados por ambas partes han tenido que, tanto defender a sus clientes enarbolando sus presunción de inocencia, como acusar a los contrarios exponiendo supuestas contradicciones entre las testificales de todos los implicados. La principal estrategia de la defensa de ‘la familia de la abuela’ reside en probar documentalmente la supuesta usurpación de la casa, un extremo que haría decantar hacia su favor la futura sentencia.