Tensión, falta de ‘agua para las gomas’, solo 66 fardos y una guardería que no cede

NARCOTÚNEL / UDYCO

Así organizó la red del narcotúnel un gran pase por mar que terminó torcido y que expuso el engranaje y la forma de coordinación de la organización desde Marruecos a La Línea

Imagen de archivo de narcolanchas en las costas de Almería.
Imagen de archivo de narcolanchas en las costas de Almería. | E.P.

“Los soldados de Marruecos están pagados”. A comienzos de septiembre de 2025 se elaboró un pase de droga por parte de la red del narcotúnel desde Marruecos a La Línea de la Concepción (Cádiz) que estuvo cargado de contratiempos. Falta de gasolina para las ‘gomas’, pocos fardos de hachís y el dueño de una ‘guardería’ que no permitía que nadie se llevara la sustancia de origen ilícito sin pago previo. Esta parte de la investigación de la UDYCO refleja el papel de líder que mantenía M.C.B. y el rol de ‘lugarteniente’ o coordinador que desempeñaba Y.S.H., que se encuentra durante la operación en contacto directo tanto con los implicados en el país vecino como con J.M.R.M., alias ‘Potito’ y jefe de la microcélula que transporta el estupefaciente por mar y luego lo custodia en tierra.

A comienzos de septiembre de 2025, según la investigación de la UDYCO, M.C.B. activa desde Marruecos un gran pase por mar con destino a España y lo hace como quien mueve piezas sobre un tablero de ajedrez: “Si tienes unas 15 cajas mándalas y ya está. Tráemelos. Te lo juro. Por la montaña. Hay ruta. Por mar y ya está”, afirma en una de las escuchas por estas fechas.

La presión empieza pronto. ‘Potito’, jefe de la microcélula que pone la embarcación y asume luego la guarda y custodia del hachís en España, aprieta para que la carga salga cuanto antes. “Hermano tenemos que comer hoy, va a comer todo el mundo hoy”, insiste en uno de los mensajes.

En ese momento, según J.M.R.M, otros transportistas están recibiendo mercancía, por lo que la red investigada parece temer quedarse atrás. El cabecilla del narcotúnel trata de calmarlo, aunque admite el ‘atasco’. “Voy a hacer lo máximo posible para hoy, porque carga otra gente. Nuestra gente me ha dado mañana”.

Dentro de ese mecanismo aparece Y.S.H. como hombre ‘todoterreno’, al igual que en gran parte de la investigación. No lleva la ‘batuta’ como M.C.B, pero enlaza a todos los involucrados. Habla con Marruecos, traslada órdenes a J.M.R.M, recibe quejas, pasa coordenadas y lidia con la parte más estresante del trabajo: que a un lado y a otro queden contentos.

Según la investigación, Y.S.H. sostiene la cadena mientras el proveedor aprieta desde arriba y los transportistas exigen certezas desde el mar.

20 de septiembre y una célica ‘que no da la talla’

La madrugada clave, la del 19 al 20 de septiembre, se convierte en una escena de nervios, llamadas simultáneas y maniobras al límite. Las conversaciones recogen cómo la goma rápida se acerca al punto fijado mientras desde la costa marroquí sale una “célica”, la embarcación menor que debe hacer el trasvase. El plan empieza a torcerse.

“Van a hacer varios viajes porque en la célica no cabe todo”, le trasladan a M.C.B. Luego llega la constatación del fracaso parcial: “Han traído 33, el marinero les dijo que no va a sacar más; ahora hay 66”. Lo que en origen apuntaba a una operación mucho más ambiciosa se queda en una entrada muy inferior a la prevista. El ‘capo’ del narcotúnel llegó a decir en una de las conversaciones que tenía cuatro toneladas en Casablanca (Marruecos), pero el pase inicial, a la vista de las cantidades y los diálogos posteriores, fue un fiasco.

Entre una llamada y otra aparece el miedo a una intervención. Los tripulantes ven luces y movimientos. Temen que haya presencia policial o militar en la costa. En medio de la noche, tensos e impacientes, los miembros de la red temen, en este caso, a las autoridades marroquíes, pero M.C.B. les arrebata el pánico en un suspiro.

“Los soldados de Marruecos están pagados”. En el relato del sumario, la supuesta corrupción en origen no elimina el nervio; apenas sirve para contenerlo. Ni siquiera con eso el pase sale limpio.

La ‘chapuza’ del trasvase saca de quicio a la gran mayoría. La célica es demasiado pequeña, el motor falla, la gente se esconde al oír que hay gendarmes, la goma espera a media milla y el amanecer advierte.

Zona donde se reunía ‘Potito’ con los demás miembros de la trama en Cádiz.
Zona donde se reunía ‘Potito’ con los demás miembros de la trama en Cádiz. | E.P.

La carga, además, no coincide con lo esperado. En un momento se habla de 142 fardos; en otro, de 147; lo que de verdad termina subiendo a la embarcación rápida son solo 66. M.C.B. acaba asumiendo el desastre con una mezcla de resignación y enfado:

“Has trabajado poca merca. Hemos subido 66 solo, la gente suele cargar 140 y tú les has cargado 66”, lamenta.

A pesar de los momentos de tensión, la supuestamente poca droga que tratan de pasar desde Marruecos llega a la Línea. Allí aparece uno de los nombres clave: J.M.R.M., más conocido como ‘Potito’. Este individuo, que ya cuenta con antecedentes penales, gestiona a los transportistas, guarda, custodia y decide cuándo sale la mercancía de sus guarderías —punto donde el hachís queda almacenado hasta que los receptores pagan—.

Precisamente de una de sus guarderías es desde donde surge el conflicto. Parte de la red, siempre según la investigación de la UDYCO, pretende recoger la droga y posteriormente efectuar el pago, algo a lo que J.M.R.M. se niega, pero no por decisión suya, sino de su socio.

“Esa gente no puede recoger eso así allí. Tienes que llevarles estos papeles”, insiste Y.S.H. a M.C.B. “Si vienes a recoger la merca tienes que pagar”, resume después el propio cabecilla en otra llamada.

“La merca no es buena”

Por si fuera poco el desbarajuste, el hachís, según el supuesto líder de la trama, no presenta buenas condiciones, por lo que el cúmulo de contratiempos está agotando su paciencia.

“La merca que hay no es buena (...) Es que la merca es de baja calidad. Además, hemos trabajado poca merca, hemos subido solo 66 cuando como mínimo suelen ser 140”, expresa el ‘capo’. El malestar es evidente por varios motivos: poca carga, malas condiciones del hachís y, además, el grupo de J.M.R.M., que custodia la sustancia estupefaciente, exige dinero por delante para liberar cualquier gramo.

Aunque sin éxito, Y.S.H. trata de convencer, gracias a su papel, a unos y a otros. El considerado ‘lugarteniente’ propone salidas, discute con los hombres de J.M.R.M. y suplica a M.C.B. que ponga dinero para desbloquear la situación. “Estoy en medio, contigo y con ellos”, llega a comentar, dejando claro su rol a juicio de la UDYCO.

El cabecilla intenta que se entreguen primero 20 fardos y se deje el resto pendiente. “Mira, ahí hay 66, les daremos 20”, plantea. Pero enfrente se topa con una lógica inamovible: caja por dinero. “Nosotros no entregamos nada hasta que tú cojas los 78.000 euros”, se escucha en una de las conversaciones más claras sobre el método de funcionamiento de la guardería. Ni confianza, ni fiado. A la supuesta red no le estaban saliendo las cosas como esperaban.

En el último tramo de este episodio aparece otro problema calcado dentro de la supuesta red. Y.S.H. coordina desde la distancia una entrega en Sevilla al tiempo que mueve otra entre Cancelada (Estepona, Málaga) y Algeciras. “Caja, dinero, caja, dinero”, le vuelve a decir J.M.R.M., que también se relaciona en varios diálogos del sumario con el soborno a agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El cabecilla llega a expresar lo siguiente: “Por la mañana los guara han ido para pasarles sus papeles a los de las gorras —guardias civiles—… Ciento veinte mil, amigo”.

¿Quién es ‘El Potito’?

J.M.R.M., alias ‘Potito’, figura en la investigación con un historial policial previo vinculado a delitos relacionados con el narcotráfico y actividades conexas. Le constan antecedentes por tráfico de drogas y delitos contra la salud pública, además de blanqueo de capitales, falsificación de placas, sustracción o uso ilícito de vehículos, falsificación de moneda y asociación ilícita, según diligencias tramitadas por Policía Nacional y Guardia Civil entre 2012 y 2020 en La Línea, Algeciras, Tarifa y el entorno del Campo de Gibraltar.

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