25 años de gestión, compromiso y liderazgo
El acto conmemorativo de los 25 años de gestión de Juan Vivas no fue un acto institucional, fue una reafirmación colectiva de lo que Ceuta ha sido capaz de construir cuando ha sabido anteponer el interés general a cualquier otra consideración. Que esta efeméride contara con la implicación de medios de comunicación locales como El Pueblo de Ceuta, El Faro de Ceuta y la UTE formada por Ceuta TV, Ceuta Actualidad y Ceuta al Día subraya, además, el valor de una sociedad civil comprometida con el debate público y con la memoria colectiva de la ciudad.
Un cuarto de siglo al frente de la Ciudad Autónoma no es un dato menor. Es el resultado de una continuidad política que solo se sostiene cuando existe un proyecto reconocible y una gestión respaldada por la ciudadanía. En estos años, Ceuta ha experimentado transformaciones profundas: modernización de infraestructuras, fortalecimiento de los servicios básicos, mejora de equipamientos esenciales, impulso a un nuevo modelo económico y consolidación de su Hacienda pública. No ha sido un proceso sencillo ni exento de dificultades, pero sí constante.
La crisis financiera de 2011-2012, la pandemia y el episodio fronterizo de mayo de 2021 pusieron a prueba la resistencia institucional y social de Ceuta. En esos momentos críticos, la respuesta fue clara: unidad, serenidad y colaboración leal con el Estado. Porque si algo ha caracterizado estos 25 años de Vivas en el Gobierno, ha sido precisamente la defensa del sentido de Estado y la convicción de que Ceuta está por encima de las siglas.
Esa lealtad institucional -ejercida con gobiernos de distinto signo político- no ha sido una estrategia coyuntural, sino una forma de entender la responsabilidad pública. En una ciudad con condicionantes tan singulares como la extrapeninsularidad, la presión migratoria o su condición de frontera sur de Europa, la cooperación entre administraciones no es opcional: es imprescindible. Sin ella, los avances logrados en financiación, seguridad, infraestructuras o desarrollo económico habrían sido inviables.
Pero junto a los logros materiales, hay un patrimonio intangible que merece ser destacado: la convivencia. Ceuta es plural, diversa y culturalmente rica. Preservar esa armonía, reforzar la igualdad y promover el respeto mutuo ha sido -y debe seguir siendo- una prioridad irrenunciable. Defender que todos los ceutíes son iguales en derechos y dignidad, “recen como recen y se llamen como se llamen”, no es una consigna retórica, es la base de la cohesión social y del futuro compartido.
Veinticinco años después, el balance no puede limitarse a una enumeración de obras o cifras. Se trata, sobre todo, de una forma de hacer política. Y es que poner a Ceuta por delante de cualquier cálculo partidista, entender que hay cuestiones -la integridad, el bienestar, la convivencia…- que exigen altura de miras y asumir que la estabilidad y la unidad son activos estratégicos, son cimientos fundamentales para el presente y futuro de nuestra ciudad.
El camino por recorrer sigue siendo exigente. Persisten retos estructurales, como el desempleo o la necesidad de consolidar el nuevo modelo económico. Pero la experiencia acumulada demuestra que cuando Ceuta actúa unida, cuando sus instituciones cooperan lealmente y cuando la sociedad civil -incluidos sus medios de comunicación- contribuye con responsabilidad, la ciudad avanza. Esa es la enseñanza de estos 25 años: que la fortaleza de Ceuta no reside en las siglas, sino en su capacidad para reconocerse como proyecto común. Y que el bienestar, la convivencia y la defensa de sus intereses solo se garantizan cuando el compromiso con la ciudad está por encima de cualquier otra consideración.