Ambulancias prometidas, realidad incumplida

Ambulancias Tenorio.
Ambulancias Tenorio. | EL PUEBLO
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07 abr 2026 - 02:41

El pasado 1 de marzo de 2026 entró en vigor uno de los contratos sanitarios más relevantes para Ceuta: el transporte sanitario adjudicado por el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria a Ambulancias Tenorio. Un contrato de cerca de 23 millones de euros que llegaba envuelto en promesas de modernidad, sostenibilidad y una flota puntera —con una fuerte apuesta por ambulancias eléctricas— que situaría a la ciudad en la vanguardia del sector.

Un mes después, la realidad parece ir por otro camino. Distintas voces, especialmente sindicales, han alertado de que el despliegue de los nuevos vehículos no se está produciendo “con la agilidad esperada”, generando una preocupante brecha entre lo que establecía el pliego técnico y lo que realmente está funcionando en Ceuta. No se trata de un matiz menor ni de un simple retraso logístico: hablamos de un posible incumplimiento de las condiciones que sirvieron para ‘ganar’ el contrato.

Porque conviene recordar algo básico: en contratación pública, lo ofertado no es propaganda, es obligación. Si una empresa gana un concurso comprometiéndose a renovar la flota —y esa mejora forma parte de la puntuación que le otorga la adjudicación—, no cumplirlo desde el inicio supone desvirtuar el propio proceso competitivo.

Más aún cuando estamos ante un servicio esencial. El transporte sanitario no admite improvisaciones. No es un contrato cualquiera, ni un servicio que pueda operar a medio gas mientras “llega lo prometido”. Cada ambulancia que no se incorpora, cada vehículo antiguo que sigue en circulación, es un eslabón débil en una cadena que afecta directamente a pacientes, profesionales y tiempos de respuesta. Y en sanidad, los tiempos no son un detalle: son, muchas veces, la diferencia entre llegar o no llegar.

Resulta especialmente llamativo que, mientras se anunciaba una de las mayores implantaciones de ambulancias eléctricas en estos territorios, la realidad operativa siga apoyándose en vehículos antiguos o en una transición que nadie parece haber calendarizado con claridad. La brecha entre el relato y los hechos empieza a ser demasiado evidente.

Pero en este punto la responsabilidad no es solo empresarial. El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria no puede limitarse a confiar en que el problema se resuelva solo. Tiene la obligación —legal y ética— de vigilar, inspeccionar y, si procede, sancionar. Los mecanismos existen: penalizaciones económicas, comisiones de seguimiento, incluso la resolución del contrato en caso de incumplimientos graves. La cuestión es si se están aplicando con la contundencia que exige la situación. Porque lo contrario abriría una peligrosa puerta: la de los contratos públicos que se ganan con grandes promesas que luego no se cumplen, sin consecuencias reales.

Ceuta no necesita anuncios ambiciosos. Necesita ambulancias en la calle, operativas, modernas y en número suficiente. Necesita que los contratos se cumplan, no que se interpreten. Y necesita, sobre todo, que la Administración actúe con firmeza cuando lo pactado deja de ser lo ejecutado. En servicios esenciales, la diferencia entre lo firmado y lo real no debería medirse en semanas. Se mide en responsabilidad

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