El primero del año

Traslado del fallecido.
Traslado del fallecido. | EL PUEBLO
EL PUEBLO
04 ene 2026 - 04:58

Fueron 46 los jóvenes cuyos cuerpos, arrugados y sin vida, tuvieron que sacar del mar los agentes de la Guardia Civil de Ceuta en 2025. Y muchos más los futuros destrozados por la fuerza del oleaje, la represión del régimen marroquí y las falsas esperanzas de que España les ofrecerá un futuro mejor. Decimos “muchos” a sabiendas de que hay más que nunca aparecen. La corriente los arrastra hacia nadie sabe dónde. Mientras, sus familias se quedan velándolos en pequeños rincones de Marruecos, Argelia, Sudán o cualquiera de los países de los que escapan a diario multitud de personas que ven en Europa la única oportunidad de prosperar. Se arriesgan a convenirse en un número más de una larga lista de la muerte con la fe de ser alguien.

Este viernes, apareció en costas marroquíes el cadáver de Yassin, cuya familia había denunciado su desaparición desde el lunes a través de medios de comunicación ceutíes, incluido El Pueblo de Ceuta. En cuanto extrañan la presencia de sus hijos y hermanos, las familias temen que hayan podido hacer el intento. La desesperación de las madres marroquíes también duele a este lado.

La confirmación de su muerte convierte el miedo en certeza y el silencio en luto. Yassin es, tristemente, el primero del año, pero no será el último si nada cambia. Su historia resume un drama que se repite con una crudeza insoportable en la frontera sur: jóvenes que se lanzan al mar como último recurso, empujados por la falta de oportunidades, la violencia institucional y la promesa rota de una vida digna al otro lado del agua.

Ceuta vive este dolor en primera línea. Lo ve cada vez que un cuerpo aparece atrapado entre rocas, cada vez que un agente se juega la vida en un rescate imposible, cada vez que una familia pregunta si alguien ha visto a su hijo. La frontera no solo separa territorios; también evidencia el fracaso colectivo para ofrecer alternativas reales a quienes no tienen nada que perder.

No basta con contar muertos ni con reforzar vallas. Mientras Europa siga mirando a otro lado y Marruecos responda con represión, el mar seguirá siendo una tumba abierta. La migración no se detiene con miedo, sino con políticas que generen futuro en origen y vías legales que eviten estas travesías suicidas.

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