Las ayudas económicas son imprescindible, pero no sustituyen a una política migratoria eficaz
La visita de los ministros Carlos Cuerpo y Elma Saiz a Ceuta este miércoles deja una conclusión que conviene expresar sin complejos: no todos los miembros del Gobierno están afrontando esta crisis con la misma actitud, ni merecen ser juzgados bajo el mismo criterio. Como ya destacamos de la ministra Margarita Robles, la crítica política no debe impedir reconocer los gestos positivos, del mismo modo que una fotografía institucional no puede servir para disimular los incumplimientos.
Desde la entrada masiva de migrantes de los días 30 y 31 de julio, hemos mantenido una posición muy crítica con la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez. No por capricho ni por prejuicio, sino porque Ceuta tiene derecho a exigir respuestas proporcionales a la gravedad de lo ocurrido. Y precisamente por eso debemos reconocer cuando alguien muestra una disposición diferente. En este sentido, el ministro Carlos Cuerpo y la secretaria de Estado de Comercio, Amparo López, han demostrado una actitud que merece ser puesta en valor. Su disposición al diálogo, su compromiso con la recuperación económica de Ceuta y su implicación en la búsqueda de soluciones transmiten una voluntad de trabajo que es justo reconocer. No significa que todo esté hecho, ni mucho menos. Significa que, al menos en este ámbito, se aprecia una actitud con la que es posible trabajar y a la que cabe exigir resultados.
En esa tarea merece un reconocimiento especial la Cámara de Comercio, con su presidente, Karim Bulaix, al frente. La institución ha asumido un papel fundamental en la defensa del tejido empresarial y en la articulación de medidas para recuperar la actividad comercial, hostelera y turística. Su conocimiento de la realidad local y su interlocución con las empresas son activos que deben aprovecharse. Ceuta necesita instituciones que trabajen, representantes que insistan y responsables públicos que escuchen.
Ahora bien, reconocer la actitud de Cuerpo no significa extender un cheque en blanco. Las ayudas económicas siguen teniendo un problema esencial: la urgencia que se proclama desde los despachos no siempre se corresponde con la velocidad con la que el dinero llega a las empresas. Los negocios afectados no pueden sostenerse indefinidamente a base de anuncios, reuniones y compromisos. Tienen nóminas que pagar, gastos que afrontar y actividad que recuperar.
Las ayudas anunciadas pueden resultar insuficientes y, sobre todo, deben ejecutarse con mucha mayor agilidad. Cada semana de demora tiene consecuencias para empresas que no provocaron esta crisis y que tampoco pueden permitirse esperar indefinidamente a que la maquinaria administrativa complete sus trámites. El Gobierno debe explicar qué fondos han llegado efectivamente a sus destinatarios, qué expedientes siguen pendientes y cuándo recibirán el dinero las empresas que todavía esperan. El reconocimiento a Cuerpo es, por tanto, compatible con una exigencia inequívoca: menos burocracia, más rapidez y resultados verificables. La buena disposición es un punto de partida, no puede convertirse en la excusa para conformarse con lo conseguido.
Muy diferente es la valoración que merece la respuesta política de Elma Saiz. Su enésima visita a Ceuta no puede despacharse con la repetición de cifras oficiales y un relato institucional que presenta la actuación gubernamental bajo la luz más favorable, mientras persisten interrogantes esenciales para los ceutíes. Una comparecencia ministerial no debería consistir en enumerar estadísticas, sino en responder con claridad a las preguntas incómodas. ¿Cuántos inmigrantes han sido expulsadas mediante un procedimiento administrativo? ¿Qué expedientes siguen abiertos? ¿Cuáles son los obstáculos jurídicos u operativos y qué calendario maneja el Gobierno para resolverlos? Esas son las cuestiones que importan.
Ceuta no necesita que se le repita que el Gobierno está actuando. Necesita poder comprobarlo. Cuando una crisis altera la vida cotidiana de una ciudad, la credibilidad se construye con respuestas precisas, plazos concretos y compromisos que puedan verificarse.
Porque el problema de fondo va mucho más allá de las ayudas empresariales. Ceuta no saldrá de esta crisis únicamente con subvenciones, por necesarias que sean. La recuperación económica es imprescindible, pero no sustituye a una política migratoria eficaz, a una gestión fronteriza que funcione ni a una respuesta coordinada de todos los ministerios competentes. Ahí entran en juego Fernando Grande-Marlaska, Ángel Víctor Torres, José Manuel Albares, Elma Saiz y el resto de responsables con competencias en seguridad, migración, menores y relaciones con Marruecos. Cada uno debe responder por su ámbito de actuación. No es aceptable que el Ministerio de Economía avance en medidas de apoyo mientras otras áreas del Ejecutivo dejan sin resolver cuestiones fundamentales para la ciudad. Y eso está pasando.
El objetivo debe ser claro: la expulsión de todos los marroquíes que siguen en Ceuta. Exigir eficacia no exige ignorar la ley; exige que la Administración la aplique con diligencia y sin demoras injustificadas. Porque el Gobierno de Sánchez debe entender que Ceuta no puede vivir de promesas sucesivas. Los anuncios económicos son necesarios, pero deben traducirse en dinero efectivo. Los compromisos ministeriales son importantes, pero deben convertirse en resultados. Las estadísticas pueden ayudar a explicar una gestión, pero no pueden reemplazarla.
Por eso, esta visita deja dos mensajes distintos. A Carlos Cuerpo, el reconocimiento por una actitud de diálogo y compromiso que debe traducirse en ayudas más rápidas y suficientes. A Elma Saiz y al conjunto del Gobierno, la exigencia de abandonar la autocomplacencia, responder a las preguntas pendientes y demostrar con hechos que la crisis de Ceuta es una prioridad real.
La Cámara de Comercio, con Karim Bulaix al frente, merece seguir contando con interlocutores dispuestos a trabajar. Las empresas necesitan respuestas urgentes. Y los ciudadanos merecen algo todavía más elemental: que su Gobierno les hable con claridad y cumpla sus compromisos. Ceuta no pide favores. Exige soluciones. Y las soluciones no se miden por los ministros que visitan la ciudad, sino por los problemas que dejan de estar pendientes cuando se marchan.