La calma y la responsabilidad como mejor respuesta
La confirmación de un caso de rabia en un perro en Ceuta y la consiguiente activación del Nivel de Alerta 1 han generado, como es comprensible, preocupación entre la ciudadanía. Sin embargo, en momentos como este es imprescindible que la respuesta colectiva esté guiada por dos principios básicos, que no son otros que la calma y la responsabilidad.
La rabia es una enfermedad grave, sí, pero también es una enfermedad conocida, controlable y prevenible. Las autoridades sanitarias han actuado con rapidez al activar los protocolos establecidos, delimitando el área de riesgo y poniendo en marcha un conjunto de medidas destinadas precisamente a evitar cualquier propagación. Este es el funcionamiento esperado de un sistema de salud pública preparado: detectar, contener y prevenir.
En este sentido, conviene evitar cualquier reacción alarmista o desproporcionada que pueda generar confusión o miedo innecesario. La difusión de rumores, informaciones no contrastadas o interpretaciones exageradas no solo no ayuda, sino que puede dificultar la gestión eficaz de la situación. La información oficial, clara y actualizada, debe ser la única referencia válida.
Al mismo tiempo, este episodio debe servir como recordatorio de la importancia de la responsabilidad individual y colectiva. La vacunación de los animales domésticos no es una formalidad administrativa, sino una medida esencial de protección sanitaria para toda la comunidad. Cumplir con esta obligación, mantener la documentación en regla y seguir las indicaciones de las autoridades no es opcional: es parte del compromiso cívico que esta situación exige.
También es fundamental la colaboración ciudadana en la vigilancia del entorno. Comunicar adecuadamente cualquier hallazgo de animales muertos o comportamientos sospechosos, respetar las normas sobre control de mascotas en espacios públicos y atender a las recomendaciones de los servicios veterinarios contribuye de manera decisiva a contener el foco.
Ceuta ha demostrado en numerosas ocasiones su capacidad de respuesta ante situaciones complejas, y esta no será la excepción. La coordinación institucional ya está en marcha y los recursos técnicos y humanos están desplegados. Pero su eficacia dependerá, en gran medida, de la actitud de la ciudadanía.
Por ello, desde la Ciudad se hace un llamamiento a la serenidad frente a la alarma, y responsabilidad frente al riesgo. Solo desde la cooperación entre instituciones y ciudadanos será posible superar esta situación con eficacia y con el menor impacto posible.
La salud pública es una tarea compartida. Y en momentos como este, lo que más protege a una sociedad no es el miedo, sino la responsabilidad.