Cátedras pendientes

EL PUEBLO
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18 abr 2026 - 01:23

Conviene no perder la perspectiva: que Ceuta y Melilla vuelvan a tener convocatoria de cátedras no es un regalo, es una normalización largamente aplazada. Han pasado más de tres décadas desde el último proceso, y eso, en cualquier sistema educativo que aspire a ser serio, resulta difícil de justificar. Por eso, más allá de quién haya empujado en cada momento, lo relevante es que, por fin, se abre una puerta que nunca debió cerrarse.

La decisión de reservar las plazas a docentes de ambas ciudades tiene lógica si se mira desde la realidad local. No se trata de levantar fronteras administrativas, sino de reconocer trayectorias profesionales que se han desarrollado en contextos muy concretos, con retos propios. Premiar esa experiencia acumulada no solo es justo; también contribuye a consolidar plantillas más estables, algo esencial en territorios donde la continuidad del profesorado ha sido históricamente frágil.

Otra cosa es el ruido. La disputa política de las últimas semanas —con acusaciones cruzadas y cierto afán de protagonismo— ilustra una vieja inercia: convertir cualquier avance en un campo de batalla partidista. Es una tentación comprensible, pero poco útil. La educación rara vez mejora a golpe de titular. Suele hacerlo, más bien, a través de procesos lentos, técnicos y, a menudo, poco vistosos.

Queda, además, lo más delicado: cómo se articule el acceso. El diseño de los méritos, el encaje normativo y el alcance real de la convocatoria serán determinantes. No basta con anunciar plazas; hay que garantizar que el procedimiento sea claro, equilibrado y acorde con el objetivo de reconocer la excelencia docente sin generar nuevas desigualdades. Ahí es donde se medirá la seriedad del compromiso.

En todo caso, el paso dado tiene valor en sí mismo. No resuelve todos los déficits acumulados, pero rompe una inercia de inacción que ya era insostenible. La cuestión, a partir de ahora, no es quién llega primero a la foto, sino si este movimiento marca el inicio de una política más consistente o se queda en un gesto aislado. En educación, la diferencia entre ambas cosas suele notarse con el tiempo.

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