Centro, no excusas
Cuando hablamos de violencia contra las mujeres, hay algo que debería estar fuera de cualquier debate político: las víctimas no pueden esperar. No entienden de competencias, ni de plazos administrativos, ni de reproches cruzados. Entienden de urgencias, de miedo y de la necesidad de encontrar una puerta abierta cuando más lo necesitan. Por eso, cualquier proyecto destinado a protegerlas debería avanzar como una prioridad absoluta, sin distracciones ni batallas paralelas.
Resulta preocupante que, en torno a un recurso tan necesario como un centro de crisis 24 horas para víctimas de violencia sexual, el foco se desplace hacia quién hizo qué o quién dejó de hacerlo. Porque mientras se discute el relato, el tiempo sigue corriendo. Y el tiempo, en estos casos, no es neutro: cada día de retraso puede significar una mujer sin atención, sin acompañamiento y sin la respuesta que merece.
Las instituciones están para sumar, no para competir. No se trata de apuntarse méritos ni de repartir culpas, sino de asumir responsabilidades compartidas. La ciudadanía espera coordinación, eficacia y resultados. Y en un tema tan sensible como este, esa exigencia es aún mayor. Lo contrario no solo desgasta la confianza pública, sino que envía un mensaje peligroso: que lo urgente puede quedar atrapado en el ruido político.
Ceuta necesita ese centro funcionando cuanto antes, sin más demoras ni explicaciones que no se traduzcan en hechos. Las mujeres de la ciudad no merecen excusas, merecen recursos reales, operativos y accesibles. Merecen saber que, si dan el paso de pedir ayuda, habrá un sistema preparado para responder de inmediato.
Al final, la cuestión es sencilla: o se pone a las víctimas en el centro, o todo lo demás pierde sentido. Y ponerlas en el centro implica algo muy concreto: dejar a un lado las diferencias y trabajar juntos, con determinación, hasta que ese centro de crisis deje de ser una promesa y se convierta, por fin, en una realidad.