Ceuta se desangra

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10 oct 2026 - 02:37

La Cámara de Comercio ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad que algunos parecen empeñados en no querer ver. Ceuta se está desangrando económicamente y las cifras ya no permiten mirar hacia otro lado. Entre 65 y 74 millones de euros en pérdidas desde finales de julio no son ninguna broma. Y conviene recordar de dónde viene todo esto, porque parece que algunos tienen demasiada facilidad para pasar página. La situación que hoy padecen nuestros empresarios, autónomos y trabajadores tiene su origen en la entrada masiva de migrantes de los días 30 y 31 de julio, una crisis de dimensiones extraordinarias que, más de dos meses después, continúa sin resolverse.

A aquella invasión le ha seguido una respuesta del Gobierno de Pedro Sánchez que, a la vista de los resultados, ha sido claramente insuficiente para devolver la normalidad a nuestra ciudad. Mientras tanto, los negocios siguen perdiendo dinero, las familias viven con incertidumbre y el futuro económico de Ceuta se vuelve cada día más preocupante.

Hay que reconocerle a la Cámara de Comercio, con Karim Bulaix y Joaquín Mollinedo al frente, que está haciendo lo que corresponde a una institución que defiende los intereses de quienes generan riqueza y empleo. Está dando la cara, poniendo cifras al desastre y reclamando soluciones sin esconder la gravedad de lo que sucede. Y lo está haciendo con datos, informes y argumentos, no con ocurrencias ni discursos interesados.

Porque cuando el comercio pierde más de la mitad de su facturación, la hostelería atraviesa una situación semejante y las actividades vinculadas al turismo sufren desplomes todavía mayores, no estamos ante una simple mala racha económica. Estamos ante las consecuencias de una crisis que ha alterado profundamente la vida cotidiana de Ceuta y que el Ejecutivo central no ha conseguido reconducir. La Cámara no está exagerando ni creando alarmismo. Está poniendo voz a cientos de empresarios que llevan semanas haciendo auténticos milagros para pagar nóminas, alquileres, suministros e impuestos. Y alguien tenía que decirlo con la contundencia que merece una situación de semejante gravedad.

Lo verdaderamente indignante es que, después de todo lo ocurrido desde aquel 30 de julio, Ceuta siga esperando soluciones eficaces. El Gobierno de Sánchez ha tenido tiempo para anunciar medidas, desplegar recursos y multiplicar las comparecencias públicas, pero la realidad es que la normalidad sigue sin regresar y la economía continúa pagando las consecuencias. Nadie discute la necesidad de garantizar la seguridad, pero tampoco puede aceptarse que determinadas decisiones terminen agravando los problemas de una ciudad que ya soporta suficientes dificultades estructurales. Ahí está el puerto, una infraestructura fundamental para nuestra supervivencia económica, sufriendo las consecuencias de unas restricciones que, según advierte la Cámara, están favoreciendo que determinadas operaciones busquen alternativas en otros enclaves.

Y mientras eso sucede, las ayudas directas siguen sin llegar con la rapidez que necesitan los afectados. Porque de poco sirve anunciar millones de euros si el dinero no termina llegando a quienes tienen que levantar la persiana cada mañana. La paciencia de los empresarios no puede convertirse en la excusa perfecta para que el Gobierno central siga administrando una crisis que debería estar resuelta o, cuando menos, mucho más encauzada.

Y mucho cuidado con lo que puede venir, porque lo peor de esta situación es que sus consecuencias no terminan cuando se cierra un balance mensual. La Cámara advierte de que cerca del 60% de las empresas consultadas considera que octubre será igual o peor que septiembre. Eso significa que la incertidumbre continúa instalada en el tejido productivo y que cada semana que pasa aumenta el riesgo de nuevos cierres y despidos. Ya se están perdiendo afiliados en sectores tradicionales como el comercio, la hostelería y el transporte, mientras algunos indicadores generales de empleo mejoran artificialmente por las contrataciones extraordinarias vinculadas a la emergencia. No nos engañemos: esos puestos de trabajo no representan una recuperación económica real.

Cuando desaparezcan las necesidades excepcionales de seguridad, limpieza o atención social, Ceuta tendrá que seguir viviendo de sus empresas, de sus comercios y de sus autónomos. Y si para entonces muchos han tenido que cerrar, el daño será difícilmente reparable. Por eso resulta tan importante el mensaje que está trasladando la Cámara de Comercio. No se trata únicamente de reclamar subvenciones, sino de exigir que se ponga fin a las circunstancias que están provocando semejante sangría económica. No hay ayuda que pueda compensar indefinidamente la ausencia de normalidad, ni presupuesto público capaz de sustituir a una economía que necesita trabajar, vender y crecer.

Ceuta necesita instituciones valientes, capaces de llamar a las cosas por su nombre y de defender los intereses de esta ciudad sin complejos ni cálculos políticos. Y en este sentido, la Cámara de Comercio está demostrando estar a la altura de unas circunstancias especialmente difíciles. Su presidente y su secretario general han entendido que ahora no toca guardar silencio ni suavizar los problemas para evitar incomodidades. Toca exigir, reclamar y defender a quienes sostienen buena parte de nuestra economía. El Gobierno de Pedro Sánchez debe comprender de una vez que Ceuta no puede seguir soportando las consecuencias de aquella entrada masiva de finales de julio como si se tratara de una situación que el tiempo terminará arreglando por sí solo. Han pasado más de dos meses y cada jornada sin una solución efectiva tiene un coste económico y social que pagamos todos los ceutíes. No bastan las visitas ministeriales, las declaraciones de solidaridad ni las promesas de futuras inversiones. Hacen falta seguridad, normalidad, ayudas inmediatas y decisiones que permitan recuperar la confianza. Porque una ciudad no se mantiene viva únicamente con discursos institucionales, sino con empresas abiertas, trabajadores cobrando sus nóminas y familias que pueden vivir dignamente de su esfuerzo. La Cámara de Comercio ha cumplido con su obligación de dar la voz de alarma. Ahora le corresponde al Gobierno de Sánchez demostrar que también está dispuesto a cumplir con la suya. Ceuta no puede seguir pagando, con su presente y con su futuro, el precio de una crisis que no provocó y que todavía espera que alguien sea capaz de resolver.

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