Ceuta espera a su Rey
Hay momentos en los que las palabras adquieren un valor que trasciende cualquier protocolo. La audiencia mantenida este jueves entre Su Majestad el Rey Felipe VI y el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Vivas, en el Palacio de Marivent llega precisamente en uno de esos momentos. Quizá el más difícil que ha vivido Ceuta en décadas.
Nuestra ciudad está soportando una presión migratoria sin precedentes. En apenas dos días, decenas de miles de personas cruzaron la frontera, poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones y alterando profundamente la vida cotidiana de una ciudad de apenas 85.000 habitantes. Miles de inmigrantes permanecen todavía en sus calles mientras continúan los esfuerzos por recuperar la normalidad. Lo ocurrido no ha sido solo una crisis migratoria de enormes dimensiones; ha supuesto un desafío directo a la capacidad del Estado para garantizar el control de sus fronteras y la integridad de su territorio.
En este escenario, las palabras del Rey cobran una dimensión extraordinaria. Que Felipe VI haya querido trasladar a todos los ceutíes su cariño, su apoyo y su ánimo significa mucho más que un gesto institucional. Es el respaldo del Jefe del Estado a una ciudad que, una vez más, se ha encontrado en primera línea defendiendo una de las fronteras de España y de Europa.
Ceuta lleva demasiado tiempo soportando una presión constante. Vive bajo el permanente cuestionamiento de quienes niegan su españolidad, afronta enormes dificultades económicas y sociales y, demasiadas veces, siente que su realidad solo ocupa espacio en el debate nacional cuando estalla una crisis. Sin embargo, sus ciudadanos nunca han dejado de responder con serenidad, con responsabilidad y con una lealtad incuestionable a España.
Por eso, las palabras pronunciadas este jueves tienen un profundo valor moral. Y por eso también resulta especialmente esperanzador que, según trasladó el presidente Vivas, el Rey se mostrara convencido de que visitará Ceuta cuando las circunstancias lo permitan. Esa visita ya no sería únicamente un acontecimiento institucional. Sería un acto de enorme trascendencia política y emocional. Un mensaje inequívoco de presencia del Estado allí donde hoy más se necesita. Un abrazo a una sociedad que atraviesa momentos de incertidumbre, cansancio y preocupación, pero que continúa defendiendo con firmeza su condición de ciudad española.
Los ceutíes necesitan sentir que España está con ellos. Que las instituciones del Estado conocen el enorme esfuerzo que realiza esta tierra fronteriza. Y nadie simboliza mejor esa cercanía que el Rey.
Hoy, más que nunca, Ceuta quiere recibir a Felipe VI. No por una cuestión protocolaria ni por la relevancia de una visita oficial. Lo quiere porque su presencia sería un reconocimiento a una ciudad que ha demostrado una vez más su fortaleza, su compromiso y su lealtad. Porque serviría para levantar el ánimo de una sociedad golpeada por unos acontecimientos de enorme gravedad. Porque supondría recordar al mundo que Ceuta no es una periferia olvidada, sino una parte inseparable de España.
Las palabras del Rey han sido un aliento en tiempos difíciles. Ahora todos compartimos el mismo deseo: que ese afecto pueda materializarse muy pronto con la presencia de Felipe VI en las calles de Ceuta. Nunca una visita del Rey había sido tan esperada. Nunca había significado tanto.