Cuando Ceuta necesita Estado, Oscar Puente ofrece política
Hay días en los que la política demuestra quién está a la altura de las circunstancias y quién prefiere el ruido. Este lunes ha sido uno de ellos. Mientras Juan Vivas comparecía en Madrid, en el desayuno informativo de Nueva Economía Fórum celebrado en el Hotel Four Seasons, en el marco de Fórum Europa, para explicar ante España la dimensión de la crisis que atraviesa Ceuta, el ministro Óscar Puente elegía otro escenario y otro tono bastante más ruin: el de la descalificación personal, la imputación de intenciones y el ataque partidista.
La diferencia no es menor. Es exactamente la diferencia entre quien está intentando gobernar una crisis y quien parece empeñado en convertirla en munición política. La intervención de Vivas fue magnífica una vez más, y ante todo, fue una intervención de Estado. El presidente de Ceuta situó lo ocurrido en su verdadera dimensión, no como un episodio migratorio más, sino como una crisis que afecta a la seguridad, a la convivencia, a los servicios públicos y, en definitiva, a la propia supervivencia del modelo de ciudad.
Reclamó recuperar cuanto antes la normalidad, defendió el retorno a Marruecos de quienes entraron masivamente los días 30 y 31 de julio dentro del marco legal y exigió que el control de la frontera corresponda a España y a Europa, no a terceros países. No fue un discurso de confrontación gratuita. Fue un discurso de reivindicación de Ceuta. De reivindicación de España. De reivindicación de Europa. De reivindicación de la responsabilidad que corresponde al Estado ante una situación que la ciudad no puede resolver por sí sola.
Vivas habló también de más presencia del Estado, de Defensa, Seguridad, Justicia, Sanidad y Educación; de infraestructuras y vivienda; de un nuevo impulso económico; de una mejor respuesta europea. Y terminó recordando algo que debería ser patrimonio común de cualquier demócrata español: “Ceuta es España hasta la médula”. Ese es el Vivas que hoy necesitaba Ceuta y que los ceutíes adoran: un presidente que acude a Madrid, o donde sea necesario, a explicar que la ciudad no puede seguir soportando indefinidamente una situación excepcional y que reclama al Gobierno de España que asuma sus responsabilidades.
Y precisamente por eso resultan especialmente lamentables las palabras pronunciadas horas después por el ministro Óscar Puente. Porque el ministro no se ha limitado a defender la decisión del Gobierno de utilizar instalaciones portuarias para alojar temporalmente a inmigrantes. Esa habría sido una discusión legítima, incluso dura. Un ministro tiene derecho a defender sus decisiones y un presidente autonómico tiene derecho a cuestionarlas. Lo que no parece propio de la responsabilidad que exige un miembro del Gobierno de España es acusar al Gobierno de Ceuta de querer que la crisis “no se solucione nunca”. Mucho menos afirmar que Vivas está más preocupado por “salvar al soldado Feijóo” o atribuirle una estrategia partidista para prolongar y enquistar la crisis. Ahí es donde Puente cruza una línea y muestra su lado mezquino.
Porque una cosa es discrepar de Vivas y otra, muy distinta, es atribuirle deliberadamente una conducta desleal con Ceuta. El ministro ha llegado a decir que el Gobierno de Ceuta “hace todo lo posible” para impedir que se expulse a los inmigrantes, pese a que precisamente Vivas acaba de reclamar públicamente el retorno a Marruecos de quienes entraron masivamente en la ciudad. Lo dicho, ruin y mezquino.
Y hay algo todavía más preocupante, y es el desprecio con el que el ministro se refiere a Ceuta. Decir que la ciudad “no es California” porque es “muy pequeñita” puede pretender ser una explicación logística, pero en boca de un ministro que decide sobre el territorio y las infraestructuras de una ciudad frontera de España y de Europa resulta, como mínimo, desafortunado.
Ceuta no necesita que Oscar Puente le recuerde que es pequeña. Necesita que el Gobierno de Sánchez comprenda que precisamente por ser una ciudad pequeña, española, europea y situada en una frontera extraordinariamente sensible, cualquier presión extraordinaria tiene unas consecuencias que no pueden medirse con los parámetros de una comunidad autónoma en la península.
Vivas ha pedido un horizonte. Ha pedido normalidad. Ha pedido que el Estado esté presente. Ha pedido que la frontera sea controlada por España y Europa. Ha pedido soluciones. Puente, en cambio, ha preferido hablar de Vivas y Feijóo. Ese contraste debería hacer reflexionar a cualquiera que observe esta crisis con un mínimo de honestidad. En lugar de responder a las demandas de Ceuta, el ministro ha decidido introducir en el debate la situación electoral del líder de la oposición, sus encuestas y su “trayectoria”. Ha convertido una crisis que afecta directamente a decenas de miles de ceutíes en una discusión sobre las perspectivas electorales del Partido Popular. Es difícil imaginar una peor elección del momento y del adversario.
Vivas podrá equivocarse. Podrá ser criticado —y debe serlo cuando corresponda— como cualquier responsable público. Pero resulta mezquino convertir cada reivindicación del presidente de Ceuta en una maniobra de Feijóo. Porque, incluso aceptando la legítima discrepancia política, hay una pregunta que Puente debería responder: ¿De verdad cree que las preocupaciones de los ceutíes son un invento del Partido Popular? ¿De verdad considera que los problemas de seguridad, convivencia, vivienda, servicios públicos, frontera y puerto no desaparecen porque quien los plantea es Vivas? Ceuta merece bastante más de un ministro de España.
Merece que sus problemas se discutan sin consignas. Merece que el Gobierno de España escuche a su presidente cuando reclama más Estado. Merece que las diferencias políticas no se conviertan en ataques personales. Y merece, sobre todo, que nadie desde Madrid confunda la defensa de los intereses de la ciudad con una conspiración partidista. Hay momentos en los que la política exige altura. Este es uno de ellos.
En definitiva, el presidente Vivas salió hoy a Madrid para decir que Ceuta no puede seguir aguantando, que la situación debe tener una solución y que España y Europa tienen que asumir el control de su frontera. Óscar Puente salió a responderle hablando de Feijóo. La comparación se explica por sí sola. En la hora más delicada de Ceuta en décadas, la ciudad necesita menos partidismo y más Estado. Menos descalificación y más responsabilidad. Menos cálculo electoral y más soluciones. Y, desde luego, merece que quien ocupa un ministerio de España esté a la altura de una ciudad que está sosteniendo en primera línea una crisis que no ha provocado y que tampoco puede resolver sola.