Ceuta no se silencia
Ceuta no puede someterse ni aceptar un servil seguidismo de las decisiones que emanan de Moncloa. Nuestra ciudad no puede ser relegada, una vez más, a los márgenes de la agenda política nacional mientras se pretende convertir su realidad en un asunto incómodo que conviene silenciar.
Resulta indignante constatar cómo desde el Ejecutivo se busca desesperadamente desplazar el foco mediático para tapar este episodio desgarrador. La invasión migratoria de Ceuta constituye uno de los episodios más graves y trascendentales de la historia reciente de España. Lo vivido en esta ciudad es, sin lugar a dudas, el hecho de mayor relevancia acaecido en nuestro país desde la Transición. Sus consecuencias han desbordado el ámbito local y han puesto a prueba la capacidad del Estado para proteger sus fronteras, garantizar la seguridad de sus ciudadanos y responder con determinación ante una situación extraordinaria. Lo ocurrido ha dejado, además, una profunda herida en la confianza de los ceutíes en las instituciones.
Se trata de una quiebra institucional y territorial que golpea de lleno la línea de flotación de este Gobierno, haciéndole un daño político de magnitudes insólitas. Este acontecimiento histórico resulta infinitamente más devastador para la credibilidad del Ejecutivo que los graves casos de corrupción que lo acorralan, o que el presunto amaño del procedimiento electoral perpetrado a través de la mal llamada Ley de Nietos. Representa la constatación palmaria de una preocupante e innegable falta de gestión pública, una incapacidad de gobernar que queda al desnudo cuando este Gobierno ha sido completamente incapaz de aprobar ni un solo Presupuesto General.
Por ello, en su intento por enterrar la alarma nacional desatada en Ceuta, Moncloa no ha dudado en instrumentalizar la agenda pública. Se pretende eclipsar la frontera sur utilizando de forma mediática casos como el de Maricarmen y el problema de la vivienda, acelerando a toda prisa nuevos decretos de oportunidad y magnificando mediáticamente las campañas y acampadas en la Puerta del Sol de Madrid para que ocupen todas las portadas.
Tratan de imponer la narrativa de que la única urgencia del país está en las calles del centro madrileño, pretendiendo que la opinión pública olvide lo que se está viviendo en este lado del Estrecho. Pero no nos engañemos, la maniobra de tapar una crisis con propaganda social o parches legislativos en Sol no oculta la realidad de Ceuta.
No vamos a silenciar la voz de los ceutíes para facilitar la comodidad política de Madrid. Ceuta no es un territorio periférico que pueda aparecer o desaparecer de la agenda nacional según las conveniencias del momento. Es una ciudad española cuya realidad exige atención, recursos y una respuesta política a la altura de los desafíos que afronta.
Por eso exigimos dignidad, rigor y responsabilidad. Exigimos que Ceuta ocupe el lugar que le corresponde en la política de Estado y que sus problemas no vuelvan a ser tratados como una cuestión secundaria. Porque mirar hacia otro lado no resuelve la realidad, simplemente la hace más difícil de afrontar.