Ceuta no puede dejar solos a sus pescaderos
Ylo que están padeciendo las pescaderías de Ceuta no es admisible. Los profesionales del sector llevan demasiado tiempo soportando las consecuencias de una cadena de dificultades administrativas, aduaneras y logísticas que está poniendo en jaque su actividad, comprometiendo sus negocios y perjudicando directamente a los consumidores. Una realidad que ha llegado a un punto en el que no caben más explicaciones, excusas ni promesas: hacen falta soluciones.
Lo que está ocurriendo no es un problema menor ni una simple incidencia en el transporte de mercancías. Estamos hablando de un sector que trabaja con productos perecederos, que depende de la puntualidad de los suministros y que no puede permitirse que el pescado llegue tarde, que las entregas se retrasen durante horas o que las dificultades burocráticas terminen convirtiéndose en pérdidas económicas para quienes viven de este negocio.
Las consecuencias ya están ahí. Pérdidas que algunos profesionales sitúan en torno al 30 por ciento, mostradores que se quedan vacíos, clientes que no encuentran los productos que buscan y comerciantes que ven cómo se deteriora una actividad que exige inversión, esfuerzo y una enorme capacidad de sacrificio. Y todo ello en unas fechas especialmente importantes para el sector, cuando las celebraciones y el incremento de la demanda deberían representar una oportunidad para recuperar actividad y no una nueva fuente de incertidumbre.
Los testimonios de los propios afectados son suficientemente elocuentes. Los problemas relacionados con los procedimientos aduaneros, las modificaciones operativas, los horarios de transporte y las dificultades para garantizar la llegada de las mercancías están generando una situación insostenible. A ello se suman los sobrecostes, las horas de espera, las dificultades para disponer de vehículos y conductores y una incertidumbre que termina trasladándose al precio final que pagan los ciudadanos.
¿Quién responde por todo esto? ¿Quién asume las pérdidas de los comerciantes? ¿Quién compensa los productos que no llegan a tiempo, las ventas que se pierden y los clientes que terminan marchándose a otro establecimiento porque no encuentran lo que necesitan? No es razonable que sean siempre los mismos quienes tengan que soportar las consecuencias de problemas que exceden su capacidad de actuación.
Los pescaderos de Ceuta no están pidiendo privilegios. Están reclamando algo tan elemental como poder desarrollar su trabajo en condiciones normales, recibir sus mercancías a tiempo y competir en igualdad de condiciones con cualquier otro comerciante. No se les puede exigir que mantengan sus negocios abiertos, que sostengan el empleo, que ofrezcan calidad y que atiendan las necesidades de los consumidores mientras se les obliga a convivir con obstáculos que hacen cada vez más difícil su actividad.
Y conviene recordar algo fundamental. Cuando una pescadería pierde mercancía, clientes o capacidad de venta, no pierde únicamente su propietario. Pierde Ceuta. Pierde el comercio tradicional, pierde el empleo, pierde la economía de nuestros barrios y pierde también el consumidor, que acaba encontrándose con menos variedad, menos disponibilidad y, posiblemente, precios más elevados.
Por eso, las administraciones competentes no pueden seguir contemplando esta situación como si fuera un asunto exclusivamente empresarial. No lo es. Es un problema que afecta al abastecimiento de la ciudad y que exige una respuesta coordinada, inmediata y eficaz. Hay que sentar en la misma mesa a los responsables de los procedimientos aduaneros, las autoridades portuarias, los operadores de transporte y los representantes del sector para identificar los obstáculos y eliminarlos allí donde sea posible.
La proximidad de la Navidad añade todavía más urgencia. No se puede permitir que los pescaderos afronten una de las campañas comerciales más importantes del año con la incertidumbre de no saber si podrán disponer de género suficiente para atender a sus clientes. Sería inadmisible que, después de todo el esfuerzo realizado durante meses, llegasen a las fechas de mayor demanda con sus negocios condicionados por problemas que necesitan una solución institucional.
Desde estas páginas queremos trasladar nuestro respaldo a los pescaderos de Ceuta. A quienes cada día levantan la persiana, invierten sus recursos, mantienen sus establecimientos y ofrecen un servicio imprescindible para la ciudad. Merecen respeto, consideración y, sobre todo, respuestas. No pueden seguir siendo los grandes perjudicados de una situación que amenaza su futuro. Porque defender a nuestros pescaderos es también defender a Ceuta. Y en esta batalla no pueden estar solos.