Ceuta no puede más
Los datos que acaba de poner sobre la mesa la Cámara de Comercio no dejan margen para la complacencia ni para los discursos triunfalistas: Ceuta ha perdido 33 millones de euros en apenas unas semanas. Y lo verdaderamente preocupante es que esa cifra no representa el final del agujero, sino únicamente aquello que ha podido cuantificarse. El comercio ha visto desplomarse su facturación cerca de un 53 %, la hostelería un 50,7 %, el turismo ordinario ha caído alrededor de un 90 % y más del 80 % de las empresas teme seguir perdiendo dinero durante septiembre.
Pero hay algo todavía más grave: la crisis está dejando de ser únicamente económica para convertirse en una amenaza para el futuro de Ceuta. El 74 % de las empresas ya ha tenido que modificar sus plantillas y en hostelería ese porcentaje supera el 90 %. Detrás de cada jornada reducida, de cada contratación aplazada y de cada vacante que no se cubre hay trabajadores y familias que viven con incertidumbre. Y mientras tanto, inversiones y proyectos empresariales permanecen paralizados, con el riesgo evidente de que algunos terminen marchándose a otros territorios.
La Cámara pone además una cifra estremecedora al daño menos visible: 170,1 millones de euros asociados al deterioro de la imagen y la confianza en Ceuta. No es una cantidad que pueda sumarse mecánicamente a los 33 millones de pérdidas directas, pero sí una advertencia de enorme calado. Una ciudad que deja de ser percibida como segura pierde turistas, inversiones, oportunidades y futuro. Y reconstruir una reputación puede costar mucho más tiempo y dinero que el necesario para destruirla.
Por eso resulta especialmente significativo que el 80 % de las empresas señale la seguridad como su principal prioridad, por delante incluso de las ayudas económicas. Las subvenciones, bonificaciones y medidas de liquidez son imprescindibles —el 78 % reclama ayudas directas—, pero no pueden convertirse en un parche para una herida que continúa abierta. Si los negocios no pueden trabajar con normalidad, si los visitantes no regresan y si persiste la percepción de inseguridad, ninguna ayuda será suficiente.
Ceuta necesita una respuesta a la altura de la emergencia que está soportando. No bastan anuncios, reuniones ni declaraciones de solidaridad. Hace falta recuperar la seguridad, proteger a las empresas, salvar el empleo y reconstruir cuanto antes la confianza en nuestra ciudad. Los 33 millones de euros son solo la factura conocida; el verdadero coste será el que paguemos si permitimos que empresas cierren, trabajadores pierdan sus empleos y proyectos abandonen Ceuta. El tiempo corre y, como advierte la Cámara, la prioridad ya no puede ser únicamente compensar lo perdido: hay que impedir que esta crisis termine hipotecando durante años el futuro económico de los ceutíes.