Ceuta responde
Cada verano se repite la misma escena. Miles de personas cruzan el Estrecho para reencontrarse con sus familias y, como un reloj, vuelven los pronósticos catastrofistas sobre el colapso de Ceuta. Sin embargo, los datos de esta Operación Paso del Estrecho vuelven a demostrar que la realidad suele ir por delante de los prejuicios. La ciudad ha superado el millar de vehículos diarios en Loma Colmenar sin que eso haya desembocado en el caos que muchos auguraban. No es fruto de la casualidad, sino del trabajo silencioso de quienes llevan meses preparando un dispositivo de enorme complejidad.
Es cierto que el puerto ceutí registra menos pasajeros y vehículos que hace un año. Pero quedarse únicamente con ese dato sería mirar el árbol y no el bosque. La competencia entre los puertos españoles nunca había sido tan intensa. Valencia, Motril, Málaga, Alicante o Tarifa han reforzado sus conexiones y compiten por atraer a los millones de viajeros que participan en la OPE. En ese escenario, mantener el segundo puesto nacional y concentrar casi una quinta parte de los movimientos entre Europa y África no es un síntoma de debilidad, sino de fortaleza.
Hay otro aspecto que merece reconocimiento. La colaboración entre España y Marruecos está funcionando. Durante demasiado tiempo la frontera fue sinónimo de tensión, esperas interminables y descoordinación. Hoy existe una comunicación constante entre ambos países, Marruecos ha modernizado sus instalaciones de recepción y Ceuta ha apostado por una frontera inteligente que sitúa al Tarajal entre los pasos fronterizos tecnológicamente más avanzados de Europa. Cuando dos administraciones reman en la misma dirección, los resultados terminan llegando.
También conviene detenerse en una reflexión apuntada por Gonzalo Sanz. Mientras otros puertos buscan atraer viajeros mediante grandes descuentos puntuales, Ceuta ha seguido apostando por un modelo estable, basado en la calidad del servicio, la elevada frecuencia de rotaciones y una gestión consolidada. Quizá esa estrategia no produzca titulares espectaculares, pero sí ofrece algo mucho más valioso: una Operación Paso del Estrecho compatible con la vida diaria de los ceutíes. Y eso, para una ciudad que convive cada verano con uno de los mayores movimientos migratorios del continente, no es un detalle menor.
La OPE todavía no ha alcanzado su punto álgido y las semanas más exigentes están por llegar. Será entonces cuando el dispositivo tenga que demostrar toda su capacidad de respuesta. Pero, visto lo ocurrido hasta ahora, Ceuta tiene motivos para afrontar ese desafío con confianza. Porque cuando la planificación, la inversión y la cooperación sustituyen a la improvisación, las cifras dejan de ser una amenaza para convertirse en la mejor prueba de que las cosas se están haciendo bien.