Mientras Ceuta sufría, Sánchez descansaba
No se cuestiona la decisión de Pedro Sánchez de convocar el Consejo de Seguridad Nacional y establecer un mando único para afrontar la crisis de Ceuta. Se cuestiona algo mucho más importante… que haya tardado 26 días en hacerlo.
Han pasado casi cuatro semanas desde la invasión de Ceuta y desde aquel ataque a la integridad territorial de España. Casi un mes en el que los ceutíes han sufrido las consecuencias de una situación excepcional mientras el Gobierno de España parecía contemplarla desde la distancia. Y ahora, cuando la crisis ya ha dejado una profunda huella en la ciudad, llega la reacción que debió producirse desde el primer momento.
No deja de resultar especialmente doloroso para todos los ceutíes que el presidente del Gobierno haya esperado a terminar sus vacaciones para adoptar una decisión que afecta directamente a la seguridad nacional. Mientras Ceuta sufría, el presidente descansaba. Mientras nuestra ciudad afrontaba una situación sin precedentes, el Gobierno parecía poder esperar.
No es necesario un mando único después de 26 días. Era necesario desde el principio. No hacía falta que transcurriera casi un mes para entender que esto no es un problema local ni una crisis administrativa, sino un desafío directo a la seguridad y a la integridad territorial de España.
Y hay algo que no debería pasar inadvertido: la tardanza es una falta de respeto a Ceuta. A una ciudad que, una vez más, ha tenido que afrontar en primera línea una situación que afecta al conjunto de España.
Los ceutíes merecían la misma atención, la misma urgencia y la misma determinación que habría recibido cualquier otro territorio nacional ante una amenaza de esta magnitud. Porque la sensación que queda es que, para algunos, Ceuta puede esperar. Que nuestra condición de frontera, nuestra posición estratégica y nuestra permanente exposición a las crisis permiten al Estado reaccionar con otros tiempos. No. Ceuta no es una nota al pie de la política nacional. Ceuta es España, y la defensa de España no puede tener territorios de primera y de segunda.
Ahora el Consejo de Seguridad Nacional tiene por delante, además, dos asuntos esenciales que no pueden quedar fuera de la mesa. El primero, como resolver con la máxima celeridad la situación de todas aquellas personas que entraron irregularmente en Ceuta y que no tengan derecho a permanecer en territorio español, procediendo a su devolución o expulsión cuando legalmente corresponda. El segundo, establecer mientras se tramitan esos procedimientos las medidas de identificación, control y restricción de movimientos que sean necesarias para garantizar la seguridad y evitar nuevas situaciones de riesgo. No puede pedirse a Ceuta que vuelva a la normalidad mientras miles de personas cuya situación administrativa debe resolverse deambulan por sus calles y permanecen sin una respuesta clara del Estado.
Bienvenida sea, por tanto, la decisión del Gobierno. Esperamos, confiamos y deseamos que esta vez sirva para algo. Que el mando único no sea solamente una estructura sobre el papel, que el Consejo de Seguridad Nacional no se quede en una reunión más y que, por fin, se adopten las medidas necesarias para garantizar la seguridad de Ceuta, proteger a sus ciudadanos y evitar que vuelva a repetirse una situación semejante.
Porque si algo debería haber aprendido el Gobierno después de estos 26 días es que Ceuta no necesita promesas cuando la crisis ya está encima. Necesita un Estado presente, preparado y dispuesto a actuar desde el primer minuto.