Ceuta, vendida al abandono sanitario
Han transcurrido más de dos meses y medio desde la invasión migratoria y la realidad que soporta Ceuta no solo es insostenible; se ha vuelto gravemente peligrosa. Quienes desde los despachos de Madrid vendieron discursos de calma y falso control ven hoy cómo los hechos pulverizan sus falacias. La confirmación de dos casos de difteria —una patología grave erradicada en España desde hace décadas— junto al trágico fallecimiento de un migrante por meningitis bacteriana y la aparición de otras enfermedades de riesgo como la viruela del mono, tuberculosis o varicela, han convertido lo que ya era un drama migratorio en una auténtica alerta de salud pública.
La gestión del Ministerio de Sanidad, encabezado por una Mónica García completamente sobrepasada e indolente, roza la negligencia institucional. Mientras la ministra prefirió en su momento desviar la atención acusando de “alarmismo” o “xenofobia” a quienes advertían del riesgo epidemiológico, la terca e incontestable realidad le enmienda hoy la plana a su relato. No se trata de discursos políticos ni de sesgos ideológicos, se trata de patologías altamente contagiosas que han reaparecido en suelo ceutí por la absoluta falta de un control sanitario riguroso en origen y en frontera.
En mitad de este caos, el peso de la crisis vuelve a recaer de forma inhumana sobre los hombros de nuestros profesionales sanitarios. En el Hospital Universitario de Ceuta y en los servicios de urgencias, médicos y enfermeros trabajan al límite de sus fuerzas y al borde del colapso funcional. Se ven obligados a tomar medidas de emergencia, administrándose profilaxis a toda prisa y supliendo con puro profesionalismo la alarmante falta de personal y la imposibilidad material de filiar correctamente a decenas de pacientes que ingresan sin historial ni identificación alguna.
A esta presión asistencial sofocante se le suma el creciente e innegable temor de la ciudadanía. La población ceutí asiste con indignación e impotencia al deterioro galopante de sus servicios esenciales, viendo cómo una red sanitaria pensada para una ciudad de 85.000 habitantes es forzada a asumir contingencias extraordinarias sin recibir los refuerzos ni las infraestructuras prometidas. La paciencia de Ceuta se ha agotado; no se puede exigir a una ciudad frontera que resista indefinidamente la dejadez de un Gobierno de España que mira hacia otro lado.
Ceuta no es un laboratorio epidemiológico a la deriva ni una trinchera olvidada al sur de Europa. La salud de los ceutíes y el trato digno que merecen los propios migrantes no se defienden con parches de última hora ni con ruedas de prensa vacías. Exigen contundencia, blindaje efectivo de nuestras fronteras, el retorno de marroquíes a su país y el despliegue sanitario extraordinario de carácter estatal que la gravedad del momento requiere.
El Ministerio de Sanidad y el Ejecutivo de Sánchez no pueden seguir utilizando a nuestra ciudad como un parapeto geográfico para esquivar sus responsabilidades. Exigimos medidas drásticas, el amparo urgente a nuestro personal sanitario y soluciones definitivas de una vez por todas. Negar la evidencia ante brotes epidemiológicos ya no es solo incompetencia administrativa; es una temeridad inaceptable que Ceuta no debe tolerar ni un solo día más.