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Cocaína sin freno

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27 jun 2026 - 05:40

Hay datos que deberían encender todas las alarmas, y el último informe de la Unidad de Conductas Adictivas de Ceuta es uno de ellos. Que casi la mitad de las personas que buscan tratamiento lo hagan por un problema con la cocaína no es una estadística más. Es el reflejo de una realidad que lleva demasiado tiempo creciendo mientras muchos prefieren mirar hacia otro lado. La droga ha dejado de ser un problema marginal para instalarse en todos los ámbitos de la sociedad, sin distinguir edades, profesiones ni niveles económicos.

Las palabras de la doctora Cleopatra R’kaina son tan sinceras como preocupantes cuando afirma que un mundo sin drogas es una utopía. Probablemente tenga razón. Pero asumir esa realidad no puede convertirse en una excusa para resignarse. Si el consumo de cocaína se ha duplicado y cada año pasan por la UCA más de 350 personas, la pregunta ya no es qué está pasando, sino por qué seguimos llegando siempre tarde. Porque el verdadero drama es que la mayoría pide ayuda después de muchos años de consumo, cuando la adicción ya ha destrozado relaciones familiares, empleo, salud mental y proyectos de vida.

A este escenario se suman nuevas amenazas que avanzan casi sin hacer ruido. El vapeo se ha vendido durante años como una alternativa moderna e inofensiva, cuando cada vez existen más evidencias de que también genera dependencia y graves problemas de salud. Y ocurre algo parecido con las adicciones digitales y el juego online. Ceuta ha apostado con fuerza por una industria que genera empleo y riqueza, una decisión legítima desde el punto de vista económico, pero sería un error enorme ignorar que toda actividad tiene efectos secundarios. Que hoy los casos de ludopatía sean pocos no significa que mañana no puedan convertirse en un problema mucho mayor. La prevención siempre resulta más barata —y mucho más humana— que intentar reparar el daño cuando ya está hecho.

También merece una reflexión la enorme diferencia entre hombres y mujeres que acuden a tratamiento. No porque ellas consuman menos, sino porque siguen soportando un estigma que las obliga a esconderse durante más tiempo. Mientras pedir ayuda continúe siendo motivo de vergüenza, muchas personas seguirán sufriendo en silencio. Normalizar acudir a la UCA debe ser una prioridad social, del mismo modo que nadie cuestiona acudir al médico por una enfermedad física.

Ceuta necesita seguir invirtiendo en prevención, educación y tratamiento, pero también necesita dejar de banalizar las adicciones. No basta con organizar campañas un día al año ni con escandalizarse cuando aparecen las cifras. La cocaína está ganando terreno, el cannabis mantiene una presencia preocupante y las nuevas formas de dependencia ya llaman a la puerta. La pregunta no es si el problema existe, porque los datos hablan por sí solos. La verdadera cuestión es si estamos dispuestos a afrontarlo antes de que la próxima estadística vuelva a ser todavía peor.

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