A Concha Díaz, contra la humillación y por la libertad de prensa

Salón de actos del Campus Universitario de la UGR.
Salón de actos del Campus Universitario de la UGR. | EL PUEBLO
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20 mar 2026 - 02:04

La directora de Enfermería de Atención Especializada en Ceuta, Concha Díaz, hizo gala de un despotismo extremo ayer en mitad del salón de actos del Campus Universitario de la UGR. Quedaban minutos para que dieran comienzo unas jornadas sobre las especialidades de Enfermería, las primeras que acoge la Facultad de Ciencias de la Salud. Ella acudió como representante del INGESA, para desgracia de la institución, cuya seriedad no merece la actitud chulesca e irrespetuosa que mostró la directiva del hospital hacia una periodista de El Pueblo de Ceuta. Una a la que, sin titubeos y con descaro, señaló frente a decenas de personas con la evidente intención de ridiculizarla y humillarla.

La prensa allí presente acudió en su busca en cuanto supo de su presencia. No es de extrañar que los periodistas traten de arrancar unas declaraciones a altos cargos del INGESA cuando tienen la oportunidad. Como sucede con el resto de instituciones. Cuál fue la sorpresa de los profesionales cuando las primeras palabras de la directora de Enfermería fueron dirigidas directamente a una periodista en particular. Haciendo alarde de un sarcasmo chulesco, Concha Díaz ironizó con que llevaba tiempo deseando conocer en persona a aquella trabajadora. Una de la que, según dijo, había oído hablar a menudo, aunque siempre en negativo.

“¿Tienes algo en contra del INGESA?”, “¿te hemos hecho algo personal?”, siguió burlándose mientras miraba de frente a la reportera. La aludida se limitó a afirmar que solo hace su trabajo. “Pero podrías preguntarnos al menos, ¿no?”, respondió la directiva, acusándola injusta y equivocadamente de eludir su deber de contrastar la información que publica con relación al INGESA. Aquel reproche fue dirigido hacia una periodista que, como otros muchos en esta ciudad, está en constante contacto con los gabinetes de comunicación de la institución en Ceuta y en Madrid. Los comentarios proferidos ayer por Concha Díaz no son despreciables solo por su falsedad; si tuvieran algún atisbo de verdad seguirían siendo indignos. Por el tono y por el momento.

Díaz insistió en confesar las ganas que tenía de tener frente a ella a alguien cuyo nombre había oído tanto, aunque siempre para mal. Aquello lo dijo la directiva en mitad de un salón de actos lleno de estudiantes y profesionales de un colectivo tan respetable como el de la Enfermería. Le dio igual montar la escena frente a la consejera de Sanidad o al decano de la Facultad de Ciencias de la Salud, que la invitó al acto. Seguramente se marchó con aires de orgullo por haber hecho lo que para ella fue dar su merecido a una periodista incómoda. Quizás no alcanzó a entender que aquel ataque supone un atentado contra la libertad de prensa; el señalamiento de una periodista que en ese momento solo hacía su trabajo; y un intento de humillación en público sin otra motivación que una torpe e injustificada venganza contra una trabajadora que tiene el deber de fiscalizar la gestión de la institución a la que pertenece.

Institución a cuya plantilla no le sorprenderá leer estas líneas. Una parte de ella se ve obligada a callar y soportar lo que muchos de sus compañeros tildan de tiranía por miedo a represalias (Concha no es cualquiera en la sanidad ceutí). Y la otra ha salido a denunciar sus abusos, como hicieran los cirujanos en 2021 después de que la directora forzara a dimitir al exjefe del servicio; o una médica internista y sindicalista, que pidió su cabeza acusándola de comportamientos “dictatoriales” y de ostentar el cargo por “nepotismo” sin tener “méritos propios”.

Señora Díaz, acaso esté acostumbrada a pasear su despotismo por los pasillos del hospital sin que nadie le rechiste. Pero ayer apuntó en la dirección equivocada. Los periodistas, por desgracia, soportamos constantemente que se cuestione nuestro trabajo y nuestra ética. Pero hacía tiempo que no presenciábamos una humillación (o intento de) tan descarada y poco elegante como la de ayer. Por su actitud arrogante suponemos que pensaba que sus burlas se quedarían en aquel salón de actos. Que no trascendería, como muy seguramente le sucede a menudo. Pero esta vez, atacando a nuestra compañera, ha atentado contra nuestra libertad informativa y herido la dignidad de la prensa.

Su comportamiento se agrava al ser Concha Díaz esposa del director territorial del INGESA, algo que le obliga a extremar la ejemplaridad. A no ser que crea gozar de una impunidad difícil de justificar en un cargo público. Lo verdaderamente dañino no es solo el gesto en sí, sino el mensaje que transmite: que Díaz puede permitirse privilegios que otros no. Y en una institución pública, esa impunidad es incompatible con el respeto que se le debe a todos los ciudadanos.

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