El correo que Torres no recibió y las medidas que no evitaron nada
Durante su comparecencia de este jueves en Ceuta, Ángel Víctor Torres trató explicar lo inexplicable. Y su explicación, lejos de despejar las dudas que plantea el informe del 24 de julio publicado ayer por El Pueblo, abre todavía más interrogantes.
El ministro sostiene que aquel correo no le llegó a él. Que fue recibido por el secretario de Coordinación Territorial, Agustín Torres, también miembro de su propio Ministerio. Una precisión formal que no cambia lo esencial: la advertencia llegó al Ministerio de Política Territorial. Pretender convertir el apellido del destinatario en una suerte de cortafuegos de responsabilidad no parece una explicación suficiente. El documento estaba dentro de la estructura ministerial que dirigía Torres y advertía, seis días antes de la entrada masiva, de que una situación de esas características era “altamente probable” y podía provocar el “colapso” de las administraciones e instituciones.
Pero hay una segunda cuestión todavía más difícil de explicar. Torres asegura que las advertencias fueron atendidas y que antes del 30 de julio ya se habían puesto en marcha medidas. Hubo una reunión el día 29 y, según su relato, se plantearon actuaciones como infraestructura provisional, refuerzos y planes de contingencia. Si eso es así, cabe preguntarse qué entendía entonces el Gobierno por atender una advertencia que hablaba de una entrada masiva y de un posible colapso. Porque las medidas adoptadas antes del 30 de julio no estuvieron a la altura del escenario que la propia Delegación del Gobierno había puesto sobre la mesa.
No hacía falta prever con exactitud 80.000 entradas. Bastaba con tomarse en serio la posibilidad de una entrada masiva. Y si el Gobierno consideraba que el riesgo era real, resulta legítimo preguntar por qué la respuesta previa no estuvo dimensionada siquiera para un escenario de varios miles de personas. La cuestión no es, por tanto, quién abrió o recibió un correo. La cuestión es qué hizo el Estado después de recibirlo.
Ceuta había avisado. El Ministerio recibió el aviso. Tardó 5 días en reunirse el 29 de julio. Y al día siguiente se produjo una entrada masiva de dimensiones extraordinarias. Ahora se pretende presentar esa secuencia como prueba de que todo funcionó correctamente. Pero una reunión y unas medidas insuficientes no convierten una alerta atendida sobre el papel en una crisis correctamente gestionada.
La pregunta que sigue pendiente no es quién tenía el correo en su bandeja de entrada. La pregunta es por qué, cuando llegó la hora de responder a lo que Ceuta había advertido, el Estado no estaba preparado.