Defender la Ceuta real
Las respuestas tanto del presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Vivas, como del delegado del Gobierno, Miguel Angel Pérez Triano, a las declaraciones realizadas por Ainhoa Garcia, portavoz nacional de Familia de Vox, durante su visita a la ciudad merecen ser reconocidas y respaldadas por lo que representan: una defensa serena, firme y responsable de los intereses de Ceuta y de su modelo de convivencia.
No se trata únicamente de una réplica a unas afirmaciones concretas. Se trata de la defensa de una idea de ciudad que forma parte de la identidad colectiva de los ceutíes y que ha sido uno de los pilares fundamentales de la acción política de Vivas durante más de dos décadas al frente del Gobierno autonómico.
La respuesta del presidente adquiere una especial relevancia cuando se analiza a la luz de su trayectoria. Durante más de veinticinco años, Vivas ha convertido la convivencia, el respeto a la diversidad y la cohesión social en algunos de los ejes centrales de su proyecto político. No es una posición coyuntural ni una reacción circunstancial ante una polémica pasajera, sino una convicción sostenida en el tiempo.
Desde sus primeros mandatos ha reivindicado a Ceuta como un espacio de encuentro entre culturas y como un ejemplo de entendimiento dentro de la pluralidad que caracteriza a España.
A lo largo de estos años ha defendido reiteradamente que la diversidad forma parte de la esencia misma de la ciudad y que la convivencia constituye uno de sus mayores patrimonios colectivos. Incluso ha advertido en numerosas ocasiones sobre los riesgos que entrañan los discursos que alimentan la división o cuestionan los fundamentos de la convivencia entre ceutíes.
Esta visión ha sido, además, compartida estos días por otras formaciones políticas de la ciudad como PSOE y MDyC, que también han defendido públicamente la necesidad de preservar el modelo de convivencia ceutí frente a los intentos de polarización.
Por eso, cuando Vivas califica determinadas afirmaciones como una “barbaridad”, no está respondiendo únicamente como presidente ante una controversia política. Está defendiendo una realidad que conoce de primera mano y que ha promovido de forma constante durante años: una Ceuta unida, plural, abierta y orgullosa de su diversidad como elemento de fortaleza y no de confrontación.
Sus palabras recuerdan una verdad fundamental que algunos parecen empeñados en ignorar: las familias ceutíes se sienten españolas “recen como recen y se llamen como se llamen”. Una frase que resume con claridad una realidad que cualquier observador honesto de la ciudad puede comprobar.
La identidad española de Ceuta no se mide por el nombre, la religión o el origen familiar de sus ciudadanos, sino por la pertenencia a una comunidad que comparte un proyecto común y una lealtad compartida a los valores democráticos y constitucionales.
Como señalábamos este miércoles en estas mismas páginas, las declaraciones que motivaron esta respuesta trasladan a Ceuta un relato de confrontación que no se corresponde con la realidad cotidiana de miles de vecinos que comparten escuelas, centros de trabajo, barrios e instituciones. Es un discurso que pretende levantar fronteras entre ciudadanos allí donde la inmensa mayoría de los ceutíes construye puentes cada día.
Puede y debe debatirse sobre propuestas políticas, modelos económicos o estrategias de gestión pública. Lo que no debería tener cabida en una democracia es la deslegitimación de una parte de la ciudadanía por sus creencias religiosas o por su identidad cultural.
La convivencia no es en Ceuta una consigna vacía ni un recurso retórico. Constituye un patrimonio inmaterial y una auténtica clave existencial de la ciudad. Es precisamente esa capacidad para convivir en paz, respetando la diversidad y compartiendo una identidad común, lo que distingue a Ceuta y lo que la convierte en un ejemplo singular dentro de España.
Resulta especialmente significativo que estas palabras fueran pronunciadas durante la presentación de proyectos vinculados al desarrollo económico, la innovación y la sostenibilidad. Porque el presidente situó el foco donde realmente debe estar: en el empleo, las oportunidades, las infraestructuras y el futuro de la ciudad. Ningún proyecto de prosperidad puede consolidarse en una sociedad fracturada por el enfrentamiento identitario. La cohesión social no es un elemento accesorio; es una condición indispensable para cualquier avance colectivo.
La respuesta institucional de Vivas también marca una línea roja necesaria. Defender la convivencia no es una posición ideológica ni partidista; es una obligación de quien representa al conjunto de los ciudadanos. Cuando se cuestiona a una parte de la sociedad ceutí por su fe o por su cultura, se cuestiona a Ceuta en su conjunto.
La inmensa mayoría de los ceutíes sabe que su ciudad es más fuerte cuando permanece unida. Sabe que médicos, profesores, policías, comerciantes, empresarios y trabajadores contribuyen cada día al bienestar común con independencia de sus creencias religiosas. Y sabe también que quienes intentan sembrar la división suelen desconocer la realidad de una ciudad que ha aprendido, a lo largo de generaciones, que la convivencia es mucho más poderosa que el enfrentamiento.
Defender esa realidad es defender Ceuta. Y hacerlo desde la responsabilidad institucional, como ha vuelto a demostrar Juan Vivas, constituye hoy más que nunca una obligación de quienes tienen el honor de representarla. Porque la Ceuta real no es la de los discursos que separan, sino la de los ciudadanos que conviven, comparten y construyen juntos su futuro.