Democracia en pausa
Lo que está pasando con Ceuta y Melilla no es un retraso administrativo: es un bloqueo político en toda regla. Proposiciones de ley aprobadas legítimamente en el Senado, con mayoría absoluta del Partido Popular, llevan meses —algunas, casi dos años— durmiendo en un cajón del Congreso de los Diputados. Ni debate, ni votación, ni explicaciones convincentes. Solo prórrogas encadenadas como si gobernar consistiera en dejar que el tiempo lo tape todo.
El Gobierno de Pedro Sánchez y la Mesa del Congreso se escudan en que la Constitución no fija plazos. Legal, puede que sí; democrático, ni de lejos. Cuando se usan las normas para vaciar de contenido la labor legislativa del Senado, no estamos ante un tecnicismo, sino ante una trampa. Una que perjudica directamente a ciudadanos que esperan soluciones reales: empleo, seguridad, fiscalidad justa y apoyo social.
El caso de las bonificaciones del 50% a la Seguridad Social en Ceuta y Melilla es especialmente sangrante. Aprobada en marzo de 2024, con abstención del PSOE incluida, sigue paralizada pese a que todo apunta a que saldría adelante también en el Congreso. Lo ha explicado con claridad la senadora ceutí Cristina Díaz: no se tramita porque no conviene políticamente. Así de simple. Así de triste.
Desde el PP, su líder Alberto Núñez Feijóo lo dice sin rodeos: el Gobierno tiene miedo a perder votaciones. Y cuando un Ejecutivo bloquea leyes no por su contenido, sino por quién las propone, la democracia se convierte en rehén del cálculo partidista. De ahí el conflicto de atribuciones planteado ante el Tribunal Constitucional, que sigue, cómo no, sin pronunciarse.
Mientras tanto, el Gobierno mira hacia otro lado y el Congreso se convierte en un muro. Ceuta y Melilla pagan la factura de un pulso político que no han elegido. Gobernar no es esconder iniciativas en un cajón, es dar la cara, debatir y votar. Todo lo demás es miedo al Parlamento. Y eso, en democracia, es imperdonable.