La deslealtad de Marruecos
Marruecos podrá cambiar el discurso, multiplicar los gestos y desplegar todos los efectivos que quiera ante la frontera. Pero a los ceutíes ya no nos engaña más. Aquí tenemos memoria. Y lo ocurrido en los últimos años ha dejado una conclusión que ya no admite maquillajes: Marruecos no es un socio fiable para Ceuta. Aún peor… Es sin duda un enemigo para nuestra ciudad, quizá el mayor y más peligroso al que nos enfrentamos.
Lo hemos intentado, Ceuta siempre ha querido una relación especial y de buena vecindad con Marruecos, pero ya ha llegado el momento de hablar claro. Los ceutíes conocemos demasiado bien el valor de las promesas de Rabat. Ninguno. Cero. Sabemos que la frontera puede convertirse en una barrera infranqueable cuando Marruecos así lo decide y que, cuando sus intereses cambian, esa misma frontera puede transformarse en un foco de presión sobre nuestra ciudad. Lo ocurrido los pasados 30 y 31 de julio vuelve a demostrarlo.
Por eso resulta difícil escuchar ahora discursos sobre una cooperación ejemplar como si nada hubiera ocurrido. La colaboración puntual no borra la deslealtad acumulada. Y ningún despliegue policial de hoy puede exigir a Ceuta que olvide lo sucedido ayer. Marruecos es nuestro enemigo y tenemos que concienciarnos de ello. Claro que tienen derecho a defender sus intereses. Pero Ceuta también tiene derecho a defender los suyos. Y España, antes que nadie, tiene la obligación de entender que la seguridad de Ceuta no puede depender de la buena voluntad variable de Rabat.
En Ceuta la confianza está rota. Y no vamos a olvidar. Y cualquier Gobierno de España haría bien en asumirlo: Marruecos puede ser un interlocutor necesario, pero nunca debe confundirse con un aliado fiable. La defensa de Ceuta exige realismo, firmeza y una política que no dependa del mayor enemigo que tienen los ceutíes, Marruecos.
MARRUECOS TAMPOCO QUIERE TESTIGOS
Lo ocurrido este sábado en Castillejos merece algo más que una nota informativa. Marruecos ordenó abandonar el país a los periodistas de EFE y TVE que estaban cubriendo desde el otro lado de la frontera la situación provocada por los intentos de entrada hacia Ceuta. Las autoridades marroquíes no han ofrecido una explicación convincente y, según los propios periodistas, incluso se les advirtió de que podían perder sus acreditaciones si no obedecían.
Desde Ceuta queremos expresar nuestra solidaridad y nuestro reconocimiento a esos compañeros. Estaban haciendo exactamente lo que debe hacer un periodista: informar y contar lo que estaba ocurriendo. Y precisamente ahí parece estar el problema. Marruecos quiere controlar la frontera, controlar el relato y, cuando le resulta incómodo, controlar también a quienes pretenden contar lo que sucede. Ayer expulsó a los periodistas españoles mientras desplegaba un enorme dispositivo policial ante Ceuta. La imagen que pretende ofrecer es la de un Estado que controla perfectamente la situación. Pero no parece dispuesto a permitir demasiados testigos de cómo ejerce ese control.
No nos engañemos… una frontera no se puede convertir en una zona de silencio. La cooperación entre países democráticos exige también respeto por la libertad de información y por quienes ejercen el periodismo.
A nuestros compañeros de EFE y TVE les decimos desde Ceuta: gracias por estar allí. Si a alguien le incomoda que los periodistas miren, pregunten y cuenten, el problema no está en los periodistas.
Está en aquello que alguien no quiere que veamos. Y hoy Marruecos ha vuelto a dejar claro que, cuando la realidad amenaza su relato, prefiere expulsar al mensajero antes que responder por el mensaje. Otra muestra más de que Marruecos no es un socio fiable. Es enemigo de Ceuta. Enemigo de España. Enemigo de la democracia… y enemigo de los derechos humanos. No lo vamos a olvidar.