Una deuda pendiente
Hay reivindicaciones que admiten debate y otras que, sencillamente, deberían formar parte de la normalidad. La petición de que todos los centros educativos de Ceuta dispongan de un Aula TEA pertenece a este segundo grupo. No estamos hablando de un capricho sindical ni de una demanda desproporcionada, sino de garantizar que ningún niño tenga menos oportunidades que otro por el simple hecho de estudiar en un colegio distinto.
Resulta difícil entender que, año tras año, la respuesta siga siendo la misma: crear recursos a cuentagotas y actuar cuando la situación ya es insostenible. La educación especial no puede depender de improvisaciones ni de soluciones temporales. Las familias necesitan certezas, el profesorado necesita herramientas y, sobre todo, los alumnos necesitan una atención estable que les permita desarrollar todo su potencial.
Si, como denuncia Comisiones Obreras, el Ministerio continúa rechazando la implantación de un Aula TEA en cada centro sin ofrecer una explicación convincente, la sensación que queda es que la inclusión sigue siendo un bonito discurso sobre el papel, pero una asignatura pendiente en la práctica. Y cuando hablamos de educación inclusiva, las medias tintas rara vez funcionan.
La igualdad de oportunidades empieza dentro de las aulas. No puede haber alumnos de primera y de segunda según el colegio en el que hayan obtenido plaza. Si existe una necesidad educativa acreditada, la Administración tiene la obligación de responder con planificación, recursos y voluntad política. Esperar otro curso más significa prolongar una desigualdad que ya dura demasiado.
Por eso, la existencia de un Aula TEA en cada centro educativo no debería presentarse como una exigencia extraordinaria. Debería ser una realidad consolidada, asumida por cualquier administración que aspire a ofrecer una educación pública de calidad. Porque la inclusión no se demuestra con declaraciones institucionales, sino con recursos suficientes allí donde hacen falta.